Antes de que lean esto, una recomendación: hagan como yo mientras escribía este texto  y escuchen alguno de sus discos preferidos de metal a todo volumen (sonaba To Mega Therion de Celtic Frost en mi caso). Dicho esto, procedo a referirme a la idea central de esta nota de opinión: Franco Varise vaticinó, en una columna publicada el 31 de enero pasado en el diario argentino La Nación, que el metal está en vías de extinción. No sólo voy a hablar de por qué el metal está bien vivo (posiblemente más vivo que nunca), sino a explayarme en varios, brutalmente erróneos, puntos del ignorante comentario de Varise.

En primer lugar, Varise habla de los íconos del metal que dejaron de existir en los últimos tiempos (Ronnie James Dio, Jeff Hanneman, Lemmy Kilmister) y agrega que ‘El panorama es desértico. Los chicos que abrazan el heavy suelen escuchar sólo a los viejos grupos y, cuando entran en una sala para hacer música, emulan el mismo sonido sin agregarle notas de época.’ Suponemos, entonces, que no debe haber leído nuestra lista de los mejores discos del 2015 en Argentina, porque se habría encontrado con varios nombres que ya ni siquiera se aferran al sempiterno pasado glorioso. Uroboros, Senegal Grindcore Mafia, Los Antiguos, Asilo, Desidia, Avernal, entre otros tantísimos nombres, son bandas que definitivamente no tienen nada que ver con ese pasado metalero nacional.

Sí, seguimos escuchando las viejas glorias del metal, después de todo por qué no hacerlo; pero es totalmente mentira que sólo los actos que rememoran ese legado son aquellas que siguen vigentes. No hace falta que nos leas a nosotros, Varise, andá a ver las publicaciones internacionales especializadas en música y metal, muchas de las cuales encontraron al álbum Scar Sighted de Leviathan como el mejor disco del 2015. Y Leviathan no es precisamente un proyecto que beba directamente de Iron Maiden o Black Sabbath.

Más adelante, el periodista menciona, citando un artículo del periódico The Observer, que el momento financiero del metal no es el mejor, con grandes festivales que se esfuman y la progresiva desaparición del género en las listas de éxitos comerciales. ¿Es posible medir todo con la vara del dinero, de los flashes, de la fama, de la vida al estilo ‘sexo-drogas-rock ‘n roll (o metal)’? ¿No será que nos hemos acostumbrado por décadas a estrellas de rock bajando de limusinas y no podemos contemplar una buena pieza de arte sonoro si no vende millones de copias en todo el mundo? ¿Hay que ser una especie de Lady GaGa del metal para que se lo considere exitoso? ¿Acaso Sabbath eran multimillonarios cuando publicaron Paranoid, o Chuck Schuldiner tenía mansiones al momento de crear Leprosy, o Spiritual Healing? ¿Ricardo Iorio alguna vez pudo adquirir departamentos en Puerto Madero? Por favor Varise, estamos hablando de metal. Si buscás millonarios excéntricos, no los vas a encontrar aquí.

Además, el juego de la ‘industria’ musical que cita el redactor de La Nación no contempla un detalle fundamental: las ventas de TODOS los géneros están a la baja, en todo el mundo. No es sólo del metal. Si este ‘periodista’ supiera contextualizar los datos que expone, sabría que las grandes compañías buscan permanentemente métodos de parar la piratería virtual y de sacar rédito de cualquier reproducción musical, porque los discos que se ponen a la venta están cada vez más lejos del bolsillo del ciudadano común.

Para ponerlo simple, las discográficas multinacionales publican discos cada vez más caros, entonces la solución -ilegal pero solución al fin- es descargarlo gratis por internet, con lo cual bajan las ventas de álbumes -tampoco en cantidades bíblicas o siquiera preocupantes-, y en consecuencia los sellos grandes hacen que los precios suban aún más para poder seguir teniendo márgenes de ganancia abultadísimos. Eso sin mencionar que la ‘industria’ musical hace más de una década que se decantó por productos auditivos de pésima calidad compositiva, en lugar de apoyar bandas y artistas realmente apasionados por la música. Ahora sí, volvamos a las listas de lo mejor del metal del 2015 y díganme cuántos tienen videos de gran presupuesto como los que tienen Rihanna, One Direction y demás gente en la cima del mercado. O giras internacionales.

Para peor, Franco Varise toma como fundamentos los dichos de Brent Hinds de Mastodon (‘nunca me gustó el heavy metal’) o las apocalípticas palabras de Gene Simmons de KISS (‘el rock murió hace dos años’) para basar su tesis sobre la desaparición del metal. Dos nombres reconocidos en el género que reniegan de él, de cierta manera. Pero Hinds es parte de una banda que jamás se encasilló en ningún estereotipo del metal, por lo que si él cree que lo que hace no es metal, es su propia perspectiva, no algo para tomarlo como verdad absoluta. Matt Tuck de Bullet For My Valentine nunca dijo que su banda era metal, para él son ‘hard rock’. Y sabemos que Gene Simmons, por más importante que haya sido para la música, es un sujeto a quien le gusta polemizar (por no decir un idiota al que le gusta llamar la atención). Tomar a Hinds, Tuck o Simmons como palabra válida es un error.

Para redondear, lo único que está extinto es una manera de ver al género. En los últimos años se ha dado un crecimiento exponencial del metal en todas sus diversificaciones (death metal, black metal, atmospheric black metal, blackgaze, technical death, slam death, blackened death, extreme metal, sludge doom y otras millones de etiquetas más), con muchísimas bandas generando álbumes increíbles. La misma Consequence Of Sound se refirió al 2015 como el ‘Renacimiento del metal’ (en referencia al período del Renacimiento del 1400-1500). ¿Tenemos que dejarlo de lado sólo porque las bandas hoy no tienen un avión propio como Led Zeppelin o Iron Maiden? El metal desde hace tiempo no es un género que, al igual que el pop comercial, necesite llamar la atención. Siempre fue un estilo de vida, de resistencia a la cultura dominante, un espacio de arte honesto, que cada vez prescinde más de una o dos figuras que lo simbolicen. No es un individuo, el metal es cada vez más un movimiento colectivo.

Puede ya no ser la gallina de los huevos de oro que las grandes disqueras vieron en la década de los ’80, sí. Puede que ya no sea tan redituable como en las primeras épocas de Judas Priest, Maiden, Pantera o Death, también. Pero si los signos vitales del metal se miden en dinero recaudado, el metal nació muerto. No sólo el metal, cualquier género del rock estaría en la misma crisis si aplicamos el argumento de Varise: el punk no tiene nuevos Ramones, el rock alternativo ya perdió a R.E.M., el grunge se quedó sin sucesores de Nirvana. Pero están vivos. Que no aparezcan en MTV porque este canal dejó de ser un canal de música, es TU problema. Salí a la calle a ver recitales y conciertos de bandas que no necesariamente las pasan en la radio comercialísima, y vas a ver que ninguno de estos géneros ha muerto ni está cerca de ello. El actual recambio de nombres no sólo es necesario, implica que hayan bandas y artistas que seguro ahora no conocés, pero en poco tiempo sí.

Cierro con lo siguiente: Varise, qué bueno que hayas escrito esto. En su momento, la gente de los medios vio como amenaza al rock. Elvis era un depravado, Black Sabbath satanistas, Pink Floyd drogadictos sin futuro, los Ramones unos pendencieros sin talento, hasta nuestro Charly García era un maldito hippie antisistema cuando surgió. ¿Y sabés qué pasó con todos esos músicos, Varise? Seguro que lo sabés, sino buscalos en Google. Ahora estás tratando de ningunear a uno de los géneros más longevos en la historia como es el metal. Hace décadas que vienen presagiando su muerte. Sí, no tiene en este momento quién sea tan llamativo como Bruce Dickinson o Rob Halford, pero es porque antes se miraba a una o dos personas dentro de todo el movimiento. Hoy la escena está más equitativa, y bandas noveles generan materiales de altísimo nivel. El metal está bien vivo, que no lo quieras ver no es problema del metal, periodista idiota.

Previous post

Una canción inédita de Ronnie James Dio será lanzada

Next post

Savages - Adore Life: La otra parte de la revolución

Sebastian Diaz Guevara

Sebastian Diaz Guevara

Servidor del rock desde mi vocación de Periodista. Seguidor de la buena música desde que Pink Floyd hizo estallar mis oídos. Fanático del metal, el punk, el rock en general, sin géneros ni categorías.