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Crónicas

20 años de Rock junto a Kefren

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El viernes 28 de noviembre Kefren celebró sus 20 años con el Rock, de la mano de innumerables clásicos de la banda que lograron llenar el Teatro Vorterix de Colegiales. Sobre las tablas estaban Sebastián Gava (voz y guitarra), Leonardo Moon (bajo y voz), Daniel Key (guitarra y voz) y el Dukke (batería y voz).

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El puntapié inicial lo daban con una potente versión de “Todo para mí”, seguido de “Cama redonda” y su hard rock en estado puro y que el público recibiría con los puños en alto. Empezaba el sentimiento y es que el registro de Sebastián, igual al de Paul Stanley, sigue estremeciendo a todos como en sus primeros años. En “Voy por más”, Leo Moon se luce y el trabajo de coros es sencillamente excelente, todo ello acompañado por un muy buen sonido.

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Llegaba un tema que siempre te obliga a elevar los brazos con un riff pegadizo y que hace que ya sea un clásico del grupo: estamos hablando de “Pecado Mortal”, del año 1999. Otra vez el sentimiento inundaba el teatro porque Daniel Key interpretaría “Alma herida”, un tema que emociona y que no querés que nunca deje de sonar en tu cabeza. Le seguirían “Tatuado en tu piel” y una tremenda versión de “Aire”, una hermosa balada a cargo de Seba Gava. El motor de rock no se detenía y caerían “Cuando caiga tu ropa”, “Todo Vale” y para premiar a un eufórico público, llegaría “La línea del diablo”.

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Seba toma el micrófono y le pregunta a los asistentes si están listos para festejar los 20 años de Kefren cantando juntos y arranca “Orgullo de mujer”, donde se escucharon las palmas y las voces de un montón de fans que fueron incondicionales a lo largo de estos más de 7300 días de vida.  Ya nos habían regalado una exquisitez con una tremenda versión de “Love Gun” de Kiss, que sonó increíblemente igual, con los registros vocales idénticos  y unos coros que estremecían. Pero el final era inminente y con “Dame una razón” dejarían a todos con una amplia sonrisa, esa sonrisa que nos provoca ver a estos pedazos de músicos disfrutar con lo que hacen y que no hace falta ni que se miren para entenderse y ser cómplices de esta esencia inexplicable, esta esencia  llamada ROCK.

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Crónicas

Un último concierto para mi muerte – Parte 1

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Siempre debo encontrar alguna excusa para poder escribir con un estilo real, sin temor a que puedan bajarme el pulgar. La sinceridad es como el rock, se puede oler… y sentir. Hoy voy a ser sincero con personas que no conozco, ni conoceré, al menos en este universo. Los lectores.

Siguiendo la línea de sinceridad, quiero aclarar que, si no gustas de la lectura o simplemente entraste buscando noticias, este artículo no es para ti. Te ofrezco mis disculpas.

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Volviendo al foco central

El telón de la vida se cerrará a través de mis ojos. Hace mucho que vengo arrastrando los síntomas de un supuesto aneurisma y he alcanzado el punto más álgido desde que inició el presente mes. Mareos, vértigo, arcadas, dolor de cabeza, tensión en el cuello, dolor detrás de los ojos, etc. Todos esos síntomas coronados por estados graves (mi madre) y muerte de familiares (tíos) a causa de la misma enfermedad. Como se sabe, el aneurisma es una enfermedad altamente congénita. Tengo todos los boletos comprados para ser uno más en la lista y habito en la resignación desde hace unos años, sé que voy a partir; no sin antes pasar el día más feliz de mi vida en un concierto/festival de rock.

No pienso hacer un embole de artículo, está claro que la desgracia propia es el regocijo de gente ajena, pero hasta la ‘tristeza’ cansa. Me siento aturdido las 24 horas del día, no por alcohol, sino por los mareos de mierda que no paran ni cuando duermo. Si me dicen que es imposible marearse mientras estás dormido, entonces confirman mi peligro de extinción. Camino mareado, como mareado, escribo mareado, escucho música mareado, beso mareado, pienso mareado, me ducho mareado y cuando bebo un poco de alcohol, se me pasa. Una picardía. De todas formas, dejé de libar hace un mes, por precaución y miedo, principalmente miedo. No soy yo, no soy feliz. El vértigo y las ganas de vomitar por las noches me convirtieron en todo lo que siempre odié, una persona que no quiere estar en cama.

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Por alguna estúpida razón, nunca he querido que un médico confirme lo que tengo, siento que voy a comprometer a gente que me estima y van a sentirse culpables de no haberme podido ayudar. Busqué información sobre este tipo de conducta y no solo es una rareza mía, mucha gente prefiere vivir en la ignorancia y dejar que la propia enfermedad oculta los mate, antes de morir por depresión o desahucio. He tratado de sobrellevar estos síntomas desde hace 7 años, pero parece que entré en la última etapa. No se puede disimular más y los exámenes son inevitables.

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Ya no se trata de tener algo porqué vivir, sino algo porqué morir. Y si he de morir por algo, que sea rock. Quizá se lea muy novelesco, pero es lo último que quiero hacer. Yo me amo y no puedes engañar a la persona que dices amar porque entonces de los desconocidos, ¿qué puedes esperar? Simplemente quiero divertirme, amar y vivir el momento. Disfrutar de ese día junto a la persona correcta, ella. Comer y beber sin preocuparme por las consecuencias, así quede convaleciente al día siguiente. Gastar, lo que me queda de vida, en el pecado más grande que me permití: Querer vivir por y para la música; que sea rock.

Parece que no cumpliré el deseo de ver a AC/DC en vivo… pero The Strokes e Interpol de seguro tienen su lugar en el iPod de Dios.

Mañana guardo cita médica y la verdad que cualquier diagnóstico, ahora, me sabrá a victoria. Tengo presente que me gusta ganar; y perder no me causará dolor.

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Aquí finaliza la parte 1. Restan 2.
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