No sé cuándo, no sé dónde, no sé cómo pero atendí esa pregunta e instintivamente me llamé a la reflexión ¿Qué es vestir como un rockero? ¿Cómo luce un rockero? ¿Cómo reconoces a un rockero? ¡Oh, qué buen tema para blasfemar! –me dije interiormente-. Así que aquí vamos.

Antes que nada, quiero dejar en claro que este artículo no está escrito con un fin serio. Es una especie de recreo literario que me permito esporádicamente, una sana costumbre que me ayuda a sobrellevar la frustración que siento al ver gente que comenta, opina y hasta debate sobre artículos que ni se han dignado en leer, ¡Increíble! Es de esos textos que se me dan por escribir cuando me quedo sin wifi, no tienen un norte definido y terminan cuando menos te lo esperas. Puedes retirarte inmediatamente si lo que buscabas era un cúmulo de pensamientos reflexivos que te develen misterios de la vida jamás explicados; retírate, en serio. No hay drama, todo bien, voy a seguir escribiendo para ti. Ya en los próximos días redactaré conceptos que cumplan los principios básicos del buen periodista, como casi siempre intento.

“No pensé que tocabas bien, es que como no te veías rockero…”

Calculo haber tenido 19 años cuando entendí que para cierto tipo de gente es más importante el cómo luces antes de cómo tocas. Un atropello a la razón que solo es comparable a la superioridad moral que algunos ‘rockeros’ sienten por sobre cualquier persona que no escucha rock.

Por recomendación de un baterista, iba a formar parte de una banda para concursar en una competencia de su universidad. El premio era una cantidad razonable de dinero y tocar de fondo en el aniversario de la casa de estudio. Previa coordinación, había llegado el momento de conocerlos en la sala de ensayo. Para ponerlos, a ustedes (queridos lectores) en contexto, me gustaba el estilo de Los Auténticos Decadentes y el modo estrafalario de combinar sus colores. Me parecía genial cómo hacían caso omiso al buen vestir y el uso exagerado de colores ‘vivos’. Sentía rebeldía en ese estilo y para mí el rock siempre fue rebelde. Había adaptado esa condición como algo propio y me mantuve así casi un año. El día del ensayo fui vestido con unas zapatillas negras con rojo, un pantalón plomo y un polo celeste de líneas horizontales blancas. Un atentado al buen gusto, pero yo me sentía cómodo así. Todo este estilo contrastaba con el estuche de guitarra eléctrica que colgaba de mi brazo derecho.

Entré a la sala de ensayo y pude sentir las miradas inquisidoras. Esos ojos fisgones tratando de encontrarme forma y modo. Saludé educadamente a cada uno de ellos, saqué la guitarra del estuche, conecté mis pedales (rápidamente) y ya me encontraba listo para tocar. Debo aclarar que para ese entonces yo era muy, pero muy bueno con la guitarra. Tenía a Tom Morello en un pedestal y cumplía religiosamente la cantidad de horas diarias que él confesaba haber practicado durante sus años en la universidad (8 a 10 horas diarias). Era obvio que iba a cumplir las expectativas de la banda a la que me habían recomendado; por si eso fuera poco, las canciones (covers) que habían listado eran de fácil ejecución (Nirvana, Radiohead y Cream). Fue así entonces que la apatía y el recelo de los demás integrantes hacia mi persona se desvanecieron al final del ensayo. Habíamos sonado decentemente, yo había tocado impecable y ya estábamos en confianza. Fuimos a tomar una gaseosa (la banda de rock amateur más sana de la historia) y el vocalista me lanzó ese terrible comentario que rompió cualquier intento de amistad y provocó en mí la más grande decepción hacia una persona, a tal nivel que 6 años más tarde sigo recordando la escena. El comentario fue “No pensé que tocabas bien, es que como no te veías rockero…”. Solo atiné a reírme y evitar responderle por temor a que las cosas terminaran mal. Probablemente él esperaba a un guitarrista de melena larga, con tatuajes, de polo y pantalón negro en pleno verano, de botas con punta de acero y demás accesorios. Evité volver a ensayar con esa banda y solo fui al concurso por compromiso. No me despertaba el más mínimo interés el seguir haciendo música con un grupo de personas que creen que el rock pasa por cualquier otro lado y no por la música. Juzgar que el rock es vestir polos negros antisistema, es ignorar que los dueños de las empresas que crean esos polos son multimillonarios que viven del negocio de la rebeldía.

Tampoco está mal vestir de negro

Yo visto algunas veces de negro por estética más que por aparentar ser rockero. Creo que son periodos de apariencia que atravesamos sin precisarlas. Todos tenemos gustos culposos, la diferencia es que algunos prefieren callarlas o evitarlas por temor a no “encajar”. Por ejemplo, mi gusto culposo son las camisas hawaianas onda 70, siempre me llamaron la atención. Las tendencias y etiquetas a mí me matan. Este verano en mi país se ha puesto de moda esos shorts para hombres a la mitad del muslo y yo no los entiendo, los veo en todos lados. Pero no por eso voy a hacer un juicio crítico y acusar de raros a los que lo visten. Algunos dicen, “sobre gustos no hay nada escrito” yo me atrevería a decir que están errados; es más, creo que el 90 % de todo lo escrito está hecho en base a gustos. Como este artículo, por ejemplo.

BUENOS GUSTOS O MALOS GUSTOS ¿Quién dictamina eso?

Una persona al otro lado del charco con todo el dinero del mundo te dicta lo que debes y lo que no debes vestir; organiza desfiles para demostrarte cómo debes lucir y de qué te debes disfrazar para cumplir ciertos cánones de belleza que son una muestra clara de la superficialidad y frivolidad del mundo en que vivimos.

Bueno, me fui al carajo con eso último. Me despido.

Christiam Palacios

Christiam Palacios

Soy el mejor de los peores músicos... Soy el peor de los mejores publicistas... Ahora solo quiero escribir, sin pecar de sensacionalista.

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