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Crónicas

Velocidad, Riffs y mucho poder con DragonForce y Kamelot en México Vol. I

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Guacamole Project DragonForce4

Sábado, fin de semana en la ciudad más importante de México, para el oriundo común, no le es indiferente atestiguar que a lo largo de toda la urbe una infinidad de eventos se lleva acabo semana a semana. Particularmente este sábado hay muchos conciertos. A su seguro servibar lo lanzaron al Pabellón Oeste del Palacio de los Deportes a la sesión de Metal con DragonForce y Kamelot (nada mal eh…). Si bien a eso de las siete, mientras la tarde caía no se veía mucho movimiento en los alrededores al inmueble, poco a poco la peregrinación de playeras negras se dejó caer desde el metro y las avenidas aledañas, nutriendo poco a poco la pista del pabellón, listos para una dosis de distorsión, riffs y uno que otro codazo, eso mis amigos era lo único seguro para el resto del día. Como relojito y con una manta muy colorida pero a la que tal vez le faltó un poco de iluminación, el grupo londinense de Power y Speed Metal comandados por  Marc Hudson aparecieron en el escenario poco a poco conforme el ritual de entrada de la banda lo dicta. Baterista, tecladista (si es que lo hay), bajista, segunda guitarra, primera guitarra y vocalista. Mientras la algarabía marchaba conforme a lo pactado, de pronto un par de fans se acomodaron frente a este pobre diablo. Con el primer guitarrazo en Defenders; Herman Li y  Sam Totman comenzaron a devastar el lugar, saltos, muchos celulares grabando y sacando fotos y una infinidad de gritos. No obstante, el par frente a mí se había transformado, el más pequeño saltaba y gritaba sin parar, mientras que el de camisa hacía lo mismo pero con menos rapidez. No importa es normal.

Foto: Guacamole Project cortesía de Eyescream Productions.

Foto: Guacamole Project cortesía de Eyescream Productions.

En el escenario Hudson presumía sus dotes vocales (muy fiel al estilo británico), Vadim Pruzhanov jugaba con sus teclados mientras caminaba por todo el escenario junto a  Frédérick Leclercq y su bajo, quien sonreía mucho e interactuaba todo el tiempo con la primera fila. Así era la situación con las veloces guitarras que caracterizan al grupo. Fury Of The Storm, Three Hammers y Operation Ground And Pound ya se habían dejado escuchar. Llegaba el momento melódico de DragonForce, mientras Hudson hizo una pequeña promoción del nuevo DVD en vivo de la banda al comentar que Symphony Of The Night es su canción preferida de esa grabación, el pequeño frente a mi permanecía aún más loco que al principio, dicho sea de paso, sabía las letras y movimientos de memoria. El de camisa ya se veía un poco más fulminado y hasta un poco perdido, dicho sea de paso y no es que me hayan robado mucho la atención del escenario, pero hasta ese momento ambos se habían atascado en un performance de air guitar que bien pudieron competir con Li y Totman (con headbangueo y toda la cosa). Heroes Of Our Time volvió a encender un par de mosh pits a lo largo de toda la pista, el miembro más reciente de la banda, el baterista Gee Anzalone daba una cátedra en la batería mientras la banda jugaba en el centro del escenario en un círculo entrelazando sus instrumentos y tocando el de al lado, y sin  perder un solo acorde (lo juro).

Foto: Guacamole Project cortesía de Eyescream Productions.

Foto: Guacamole Project cortesía de Eyescream Productions.

Ya era el momento de que uno de los singles más poderosos de la banda llegara al Pabellón Oeste, o por lo menos el más rápido en el repertorio de DragonForce, o por lo menos así anunció Hudson a The Game, track que unificó a los mosh pits; creando así una zona de guerra en medio de toda la pista. Cosa rara, para este momento el de camisa ya casi no se movía, solo deambulaba en un círculo imaginario que se hacía más grande a cada momento. Chocando con todos alrededor. El pequeño seguía con toda su locura hasta arriba, air guitar, y demás, parecía una quinceañera en una barata de ropa. Es en ese momento que el de camisa en su andar en círculos me pisa (y en el ojo de pescado), voltea y me pide perdón. Puedo ver que estaba completamente arriba, ya sonaba Cry Thunder. Todos los miembros del conjunto londinense no pararon de idolatrar al público mexicano que según ellos son de los mejores en el mundo a la hora de echar costalazos en el slam y headbanguear en un concierto y por consiguiente, la banda puso a prueba a todo mundo con Valley Of The Damned. Un pequeño sismo dentro del inmueble se creó hasta que la banda en medio de aplausos se retiró de la tarima. Justo en medio de esa canción, el de camisa pisó a su héroe una vez más. Mientras la banda regresaba al encore volvió a pisarme con su andar errante, volvió a voltear a pedir perdón mientras chocó con una chica que iba pasando. Ya no le dije nada sólo le eché una mirada fija a sus pupilas dilatadas y se alejó hacia donde estaba el pequeño, quien ya había hecho amistad con gente al lado de él. El momento de infortunio pasó cuando la banda regresó al escenario a interpretar Ring Of Fire, original de la leyenda Johnny Cash y que viene incluida en Maximum Overload, último álbum de la banda. Li y Totman por momentos parecían estar en medio de una batalla de guitarras, ya que toda la presentación se retaban requinto a requinto (¡nada más no muy buenos eh!).

Foto: Guacamole Project cortesía de Eyescream Productions.

Foto: Guacamole Project cortesía de Eyescream Productions.

Acto seguido DragonForce continuó con Through The Fire And Flames, un final lleno de adrenalina, tanto que Hudson terminó escalando por el andamio de luces derecho, mientras observaba el mosh pit en la pista. Bajó solo para continuar grabando al público y su locura. Así concluía la primera parte de este sábado sábado metalero, con una banda de las mejores en su género y que la verdad no defraudó y cumplió como los grandes. La sesión aún no terminaba, aún quedaba kamelot, pero su seguro servibar tenía que salir a hacer un par de llamadas al cuartel general y reportar lo sucedido (obvio no). También para perder al par de fans…

1 Comment

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  1. William Zárate

    04/05/2015 at 1:23 am

    Dragonforce? Power metal, riff’s?

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Crónicas

Un último concierto para mi muerte – Parte 1

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Siempre debo encontrar alguna excusa para poder escribir con un estilo real, sin temor a que puedan bajarme el pulgar. La sinceridad es como el rock, se puede oler… y sentir. Hoy voy a ser sincero con personas que no conozco, ni conoceré, al menos en este universo. Los lectores.

Siguiendo la línea de sinceridad, quiero aclarar que, si no gustas de la lectura o simplemente entraste buscando noticias, este artículo no es para ti. Te ofrezco mis disculpas.

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Volviendo al foco central

El telón de la vida se cerrará a través de mis ojos. Hace mucho que vengo arrastrando los síntomas de un supuesto aneurisma y he alcanzado el punto más álgido desde que inició el presente mes. Mareos, vértigo, arcadas, dolor de cabeza, tensión en el cuello, dolor detrás de los ojos, etc. Todos esos síntomas coronados por estados graves (mi madre) y muerte de familiares (tíos) a causa de la misma enfermedad. Como se sabe, el aneurisma es una enfermedad altamente congénita. Tengo todos los boletos comprados para ser uno más en la lista y habito en la resignación desde hace unos años, sé que voy a partir; no sin antes pasar el día más feliz de mi vida en un concierto/festival de rock.

No pienso hacer un embole de artículo, está claro que la desgracia propia es el regocijo de gente ajena, pero hasta la ‘tristeza’ cansa. Me siento aturdido las 24 horas del día, no por alcohol, sino por los mareos de mierda que no paran ni cuando duermo. Si me dicen que es imposible marearse mientras estás dormido, entonces confirman mi peligro de extinción. Camino mareado, como mareado, escribo mareado, escucho música mareado, beso mareado, pienso mareado, me ducho mareado y cuando bebo un poco de alcohol, se me pasa. Una picardía. De todas formas, dejé de libar hace un mes, por precaución y miedo, principalmente miedo. No soy yo, no soy feliz. El vértigo y las ganas de vomitar por las noches me convirtieron en todo lo que siempre odié, una persona que no quiere estar en cama.

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Por alguna estúpida razón, nunca he querido que un médico confirme lo que tengo, siento que voy a comprometer a gente que me estima y van a sentirse culpables de no haberme podido ayudar. Busqué información sobre este tipo de conducta y no solo es una rareza mía, mucha gente prefiere vivir en la ignorancia y dejar que la propia enfermedad oculta los mate, antes de morir por depresión o desahucio. He tratado de sobrellevar estos síntomas desde hace 7 años, pero parece que entré en la última etapa. No se puede disimular más y los exámenes son inevitables.

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Ya no se trata de tener algo porqué vivir, sino algo porqué morir. Y si he de morir por algo, que sea rock. Quizá se lea muy novelesco, pero es lo último que quiero hacer. Yo me amo y no puedes engañar a la persona que dices amar porque entonces de los desconocidos, ¿qué puedes esperar? Simplemente quiero divertirme, amar y vivir el momento. Disfrutar de ese día junto a la persona correcta, ella. Comer y beber sin preocuparme por las consecuencias, así quede convaleciente al día siguiente. Gastar, lo que me queda de vida, en el pecado más grande que me permití: Querer vivir por y para la música; que sea rock.

Parece que no cumpliré el deseo de ver a AC/DC en vivo… pero The Strokes e Interpol de seguro tienen su lugar en el iPod de Dios.

Mañana guardo cita médica y la verdad que cualquier diagnóstico, ahora, me sabrá a victoria. Tengo presente que me gusta ganar; y perder no me causará dolor.

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Aquí finaliza la parte 1. Restan 2.
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