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La Maldita Vecindad ofrece mítico concierto en el Palacio de los Deportes

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“El tiempo vive en la memoria.”, una de las frases de Don Palabras, es lo primero que se le vino a la mente de su servibar al ver a Roco, Aldo, Sax y Pato entrar al Palacio de los Deportes abordo del mítico Cocodrilo, cumpliendo así su ya clásica entrada. Roco agradeció a los 15 mil presentes, previniendo que esta sería una noche de paz y baile. Levantando sus brazos en medio de un visual psicodélico, La banda inició su homenaje a Ometéotl. La celebración de 30 años de carrera de La Maldita Vecindad estaba a punto de comenzar.

Como lo marca el rito, los tamborazos comenzaron a sonar, la llegada de Solin al recinto prendió a todos y cada uno de los presentes. Un slam lleno de intensidad provocado por tres generaciones de fans se tradujo en un pequeño temblor. Había tantos círculos de baile en toda la pista que era imposible definirlos y mucho menos contarlos.

Pato Foto: Cortesía César Vicuña - Ocesa

Pato
Foto: Cortesía César Vicuña – Ocesa

Bailando, Apañón, 5to Patio Ska, Pata de Perro y Mujer continuaron con la movida celebración. Parecía un momento perdido en el tiempo, la pasión con la que los pachucos se entregaban se reflejó en un slam sin fin. En el que todo tipo de personas, fueran godínez, chavos, metaleros, chicas guapas, una que otra loca que nunca bajaba lo codos y chavorucos bailaron sin parar. Como si 30 años se fueran en un parpadeo.

A veces por más que uno quiera, la intención de seguir moviéndose no la comprende el cuerpo, para tomar un respiro y como siempre dar el apoyo a los colectivos y movimientos sociales en México y América Latina, Roco y compañía interpretaron Lamento. “Educación, cultura paz y amor van a transformar al mundo”, fueron parte del mensaje de Roco para buscar un mundo mejor.

Las emociones volvieron a encenderse al ritmo del fantasma Pachuco y el Cocodrilo, que si bien se había quedado en la entrada del Palacio, pudimos apreciarlo en el video oficial transmitido por las tres pantallas del escenario, que en la mayoría del concierto plasmaron infinidad de visuales llenos de colorido sello de la gira de los 30 años.

La música de La Maldita no solo busca la igualdad entre géneros y clases sociales, paz, libertad y diversidad de opiniones. Uno de los temas centrales de su estilo musical es la importancia del espíritu. “Es momento de sacar esas malas vibras” espetó Roco al mismo tiempo que pidió a todos alzar sus manos al cielo para purificar el alma. Cumpliendo el rito y las indicaciones del líder pachuco todo agitaron sus manos y parafraseándolo: “y como dice mi abuelita ¡Ya lo Pasado Pasado!”, tal y como su participación en el disco homenaje a José José.

La Maldita Vecindad tiene un vínculo casi sagrado con la ciudad de México, lugar mítico y monstruoso para muchos y siempre amado por todos. Como en toda gran urbe, el caos y desorden están a la orden del día. Quizá en el momento que la banda compuso Un Gran Circo en definitiva la ciudad parecía uno. Hoy en día el circo es igual sólo que más acelerado, las canciones de Sax y compañía son atemporales.

Sax Foto: Cortesía César Vicuña - Ocesa

Sax
Foto: Cortesía César Vicuña – Ocesa

Uno de los muchos clímax de la noche llegó cuando Roco anunció la siguiente canción como una de las más pedidas en redes sociales. Un loquillo pequeño al lado de su servibar (que ya mostraba señales de cansancio), comenzó a gritar: “¡Sirena, Sirena!”. Y como si los pachucos lo hubieran escuchado hasta el 5to patio, Sirena comenzó a sonar, con unos visuales impresionantes, dicen los que saben que ese fue el mejor momento de la velada.

Acto seguido, inició uno de los clásicos del repertorio de los oriundos del antes Distrito Federal y con el que su pobre servibar se siente bastante identificado por una historia de amor fallido y mucho baile, muchos amigos dicen que El Tieso y La Negra Soledad sonoriza y cuenta la historia, yo digo que puede ser… como sea ya había tomado el tercer aire de la noche en medio de uno de los múltiples slams, la fiesta continuaba.

Las hostilidades continuaron cuando Roco rindió homenaje a Eduardo Galeano y Carlos Monsiváis, reconoció la falta de personalidades así para llegar a un mundo mejor, ahora solo nos dejaron sus escritos, sus palabras, por eso “El tiempo vive en la memoria”. Don Palabras ya había llegado al Palacio de los Deportes. Para seguir el mood de conciencia social, El País de No Pasa Nada fue coreado por los 15 mil asistentes.

Roco Pachukote Foto: Cortesía César Vicuña - Ocesa

Roco Pachukote
Foto: Cortesía César Vicuña – Ocesa

Como Roco había prometido al inicio, habría muchas sorpresas pero primero tomarían un respiro, la verdad es que no solo ellos necesitaban agarrar aire…

15 minutos pasaron, su servibar no sentía ya los pies de tanto pisotón, el loquillo pequeño bebía intensamente un refresco de cola y un calvo enorme que organizaba la locura en los círculos de baile, sin razón alguna se tendió a dormir en medio de un mar de pies. Roco, Pato, Aldo, Sax y compañía regresaron al escenario a lo que ellos llamaron “una tocada banquetera”, totalmente acústica.

En definitiva una sorpresa, poca veces se le ve  a la banda tocar así y quizá eso desconcertó un poco a todos los fanáticos, acostumbrados a saltar sin parar, sin embargo fue en ese momento que La Maldita demostró el porqué es una de las bandas legendarias del rock en México y América Latina.

El setlist en esta parte fue para conocedores, Con Solo Tocarte, Tejedor de Historias que fue la segunda sorpresa de la noche ya que es una de esas canciones que casi nunca tocan (para su servibar ese fue el mejor momento de la noche), Ojos Negros y El Barzón que fue la más coreada en la tocada banquetera. Los pachucos hicieron otro intermedio, para cambiar instrumentos.

Roco y compañía volvieron ahora con el reconocimiento a todos los migrantes y a la gente que los socorre con Mojado, una de las canciones que más llegan al corazón. Continuando con los mensajes de equidad de género tocaron la jocosa Morenaza (¿por qué tan sola vas?).

La pista comenzó a temblar poco a poco con Chacahua, pero como buenos directores de orquesta, Pato y los demás pachucos volvieron a calmar los ánimos, para interpretar Tatuaje y Rafael, dos canciones que explican el amor en todas sus manifestaciones y sin prejuicios.

Otra de las sorpresas llegó con otra de las inéditas en vivo, 2 de Octubre que recuerda ese polémico capítulo en la capital mexicana. Prosiguiendo con las sorpresas, Roco invitó a los venezolanos de Desorden Público (quienes fueron los encargados de abrir el concierto), a volver al escenario y tocar todos juntos un track conocido como Maldito Desorden. Casi se cumplían tres horas de show, se pudo ver el trabajo de semanas de ensayo en el recinto.

Pachucos Foto: Cortesía César Vicuña - Ocesa

Pachucos
Foto: Cortesía César Vicuña – Ocesa

Mientras se retiraba la banda invitada, un silencio de esos de película de suspenso se manifestó, que fue abruptamente detenido por un par de trompetas y el grito del Pachuco que anunció su llegada a la celebración de 30 años de La Maldita Vecindad y los Hijos del 5to Patio. Todos comenzaron a bailar en un derroche de energía que pareciera que era el inicio del concierto, la euforia, adrenalina y cantos estaban a flor de piel, el momento magistral de la fiesta, pero todo buen conocedor sabe que esta canción es el principio del fin.

De pronto, toda la oscuridad comenzó a tornarse roja, un enorme anuncio de neón apareció en las pantallas, “Baile Kumbala Bar” podía leerse, y adentro la noche es música y pasión… Como el rito lo marca, la celebración finalizó con Kumbala, el ritmo perfecto para emprender el regreso a casa…

El futuro de Roco, Pato, Aldo y Sax como banda es incierto. Esta gira en su inicio en septiembre pasado en El Plaza solo contemplaba un par de meses de tour y creció a grado tal que el mítico concierto  en el Palacio se pospuso dos veces, aparte de ser la celebración de 30 años era la gira de despedida, supuestamente. La cantidad y calidad de conciertos que dio la banda hacen pensar que La Maldita está más vigente que nunca, pero eso solo el tiempo lo dirá…

La Maldita Vecindad Foto: Cortesía César Vicuña - Ocesa

La Maldita Vecindad
Foto: Cortesía César Vicuña – Ocesa

Era casi media noche, apenas puedo caminar hacia la salida, el pequeño loquillo renguea igual que yo mientras trato de dirigirme al bar de la entrada de la pista, y en mi mente solo resuena… “El tiempo vive en la memoria”…

1 Comment

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  1. Fher Tos

    07/07/2015 at 2:10 pm

    Esa era música toda una epoca

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Crónicas

Un último concierto para mi muerte – Parte 1

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Siempre debo encontrar alguna excusa para poder escribir con un estilo real, sin temor a que puedan bajarme el pulgar. La sinceridad es como el rock, se puede oler… y sentir. Hoy voy a ser sincero con personas que no conozco, ni conoceré, al menos en este universo. Los lectores.

Siguiendo la línea de sinceridad, quiero aclarar que, si no gustas de la lectura o simplemente entraste buscando noticias, este artículo no es para ti. Te ofrezco mis disculpas.

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Volviendo al foco central

El telón de la vida se cerrará a través de mis ojos. Hace mucho que vengo arrastrando los síntomas de un supuesto aneurisma y he alcanzado el punto más álgido desde que inició el presente mes. Mareos, vértigo, arcadas, dolor de cabeza, tensión en el cuello, dolor detrás de los ojos, etc. Todos esos síntomas coronados por estados graves (mi madre) y muerte de familiares (tíos) a causa de la misma enfermedad. Como se sabe, el aneurisma es una enfermedad altamente congénita. Tengo todos los boletos comprados para ser uno más en la lista y habito en la resignación desde hace unos años, sé que voy a partir; no sin antes pasar el día más feliz de mi vida en un concierto/festival de rock.

No pienso hacer un embole de artículo, está claro que la desgracia propia es el regocijo de gente ajena, pero hasta la ‘tristeza’ cansa. Me siento aturdido las 24 horas del día, no por alcohol, sino por los mareos de mierda que no paran ni cuando duermo. Si me dicen que es imposible marearse mientras estás dormido, entonces confirman mi peligro de extinción. Camino mareado, como mareado, escribo mareado, escucho música mareado, beso mareado, pienso mareado, me ducho mareado y cuando bebo un poco de alcohol, se me pasa. Una picardía. De todas formas, dejé de libar hace un mes, por precaución y miedo, principalmente miedo. No soy yo, no soy feliz. El vértigo y las ganas de vomitar por las noches me convirtieron en todo lo que siempre odié, una persona que no quiere estar en cama.

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Por alguna estúpida razón, nunca he querido que un médico confirme lo que tengo, siento que voy a comprometer a gente que me estima y van a sentirse culpables de no haberme podido ayudar. Busqué información sobre este tipo de conducta y no solo es una rareza mía, mucha gente prefiere vivir en la ignorancia y dejar que la propia enfermedad oculta los mate, antes de morir por depresión o desahucio. He tratado de sobrellevar estos síntomas desde hace 7 años, pero parece que entré en la última etapa. No se puede disimular más y los exámenes son inevitables.

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Ya no se trata de tener algo porqué vivir, sino algo porqué morir. Y si he de morir por algo, que sea rock. Quizá se lea muy novelesco, pero es lo último que quiero hacer. Yo me amo y no puedes engañar a la persona que dices amar porque entonces de los desconocidos, ¿qué puedes esperar? Simplemente quiero divertirme, amar y vivir el momento. Disfrutar de ese día junto a la persona correcta, ella. Comer y beber sin preocuparme por las consecuencias, así quede convaleciente al día siguiente. Gastar, lo que me queda de vida, en el pecado más grande que me permití: Querer vivir por y para la música; que sea rock.

Parece que no cumpliré el deseo de ver a AC/DC en vivo… pero The Strokes e Interpol de seguro tienen su lugar en el iPod de Dios.

Mañana guardo cita médica y la verdad que cualquier diagnóstico, ahora, me sabrá a victoria. Tengo presente que me gusta ganar; y perder no me causará dolor.

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Aquí finaliza la parte 1. Restan 2.
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