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U2 – The Unforgettable Fire: a 30 años de una apuesta grandiosa



Hay una cuestión básica en la música, sobretodo en el rock, que es saber aprender lecciones. Lo necesario de tener en cuenta ciertas enseñanzas para llegar a las metas. Una de esas lecciones es arriesgar por lo nuevo, apostar a evolucionar, incursionar en terrenos sin explorar en la música en lugar de mantener la posición que genera réditos inmediatos. El 1 de octubre, se cumplen 30 años de un álbum que representa esa incursión en lo desconocido. Ése disco es The Unforgettable Fire de U2.

Para comprender la importancia de este disco, hay que remitirse al contexto en que fue forjado: el cuarteto irlandés había cosechado gran éxito con su tercer placa, War, que les valió varios clásicos radiales y un público cada vez más creciente, que lo prueba su directo Under a Blood Red Sky. No fueron años fáciles los comienzos de la banda, con un primer disco y posterior gira prácticamente autofinanciados y un errático segundo álbum en el que las letras fueron robadas y más tarde improvisadas. War significó la consolidación de la propuesta de U2, el punto donde asentarse para alcanzar el estrellato que en muchos lugares aún les era esquivo. Pero Bono y compañía no quisieron quedarse con los laureles fácilmente y decidieron ir por más.

Es así como U2 enlista al productor y ex-Roxy Music Brian Eno y al ingeniero de sonido Daniel Lanois para ir en búsqueda de la experimentación, de la ambientación, de un trabajo más integral y no tan corrosivo. La grabación se llevó a cabo principalmente en Slane Castle y su mezcla en los estudios Windmill Lane, con un intensísimo esfuerzo de todas las partes y un perfeccionismo inusual, que incluso llevó a la banda a trabajar 20 horas por día en las jornadas previas a su finalización.



Alejarse del camino del éxito fácil no fue una tarea sencilla. Todo se resume a una banda que pudo hacer uso y abuso de su mejor momento compositivo, pero que relegó su fuerza para lograr una mayor expresividad. Muchas atmósferas, ecos, reverberación, teclados. La energía post-punk relegada a la emotividad expresiva con un trabajo más completo y cohesivo. En conclusión, apostar por ser mejores artistas que grandes vendedores de sencillos.

La jugada fue difícil. De seguir con la vía de War, quizás el reconocimiento inmediato hubiese sido mayor. Pero el paso de ser una gran banda de su época a ser LA gran banda de las últimas décadas comenzó aquí. Sin The Unforgettable Fire, no existiría The Joshua Tree, considerado el mejor álbum de los irlandeses. No habría un Achtung Baby, un Pop marcando sus giras internacionales. En fin, no existiría el U2 como la banda más conocida de las últimas (como menos) dos décadas.

Y es que este disco prácticamente no tiene fisuras. Es un logro de la producción, que gracias a sus efectos y capas de sonido pudo dar con eso distinto que U2 buscaba: un estilo único, que deja en claro el pasado más rápido y aguerrido (sobretodo en la voz y el bajo), pero con una propuesta más acorde a lo sentimental, más representativa. Una batería innovadora con más percusión que vigor, una guitarra más sencilla al servicio de melodías más trascendentalistas y luminosas bien construidas y precisas, un bajo que inclina todo su potencial a lo melódico en vez de lo rítmico y enérgico, y una voz brillante, impecable y llena de vitalidad como móvil de pasajes instrumentales evocadores preciosistas y poéticos mensajes. Un álbum donde todos los instrumentos y voces se escuchan en su justa medida sin sobreponerse, dando un sonido más integral, sin necesidad de guiños comerciales.

El discurso cuasi-mesiánico de U2 nace aquí, de un disco inspirado por una exhibición fotográfica del bombardeo en Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial. El horror de la guerra y la influencia cada vez mayor y más letal de las drogas confluyeron con un Bono totalmente metafórico e improvisador de letras, y una banda que funcionaba como una unidad en busca de la trascendencia, bajo la tutela de Eno y Lanois. Este discurso espiritual de los músicos, y su apuesta sonora, tuvieron su eclosión durante el Live Aid de 1985. U2 tenía sólo tres canciones para tocar y mientras presentaban Bad, Bono se aventuró entre el público para bailar con algunas chicas de la muchedumbre, mientras las cámaras no paraban de registrar ese momento único. Según la leyenda, Larry Müllen Jr., Adam Clayton y The Edge estaban tan molestos que estuvieron a punto de echar a Bono por haber desperdiciado su oportunidad de darse a conocer. Esa noche, los noticieros hablaban del acto de Queen y de ellos. Bono siguió en el grupo y U2 son lo que son hoy. Gracias a apostar.

Puntaje: ¿Es necesario? El disco es perfecto.

Sebastian Diaz Guevara

Sebastian Diaz Guevara

Servidor del rock desde mi vocación de Periodista. Seguidor de la buena música desde que Pink Floyd hizo estallar mis oídos. Fanático del metal, el punk, el rock en general, sin géneros ni categorías.