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Arcade Fire y su apuesta por mantenerse relevantes con 'Everything Now'

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Lo que sigue está fuera de discusión: Arcade Fire es uno de los sucesos más importantes de la música en los últimos años. Para bien o para mal, desde su aparición en la década pasada, la banda canadiense ha escalado a las primeras planas de cuanta publicación musical existe, trepado a los escenarios más concurridos del mundo y creado un acontecimiento con cada movimiento nuevo. Entrada esta década, su tercer disco The Suburbs (Merge Records, 2010) los consolidaría como uno de los grupos más importantes a nivel mundial, y su continuación con Reflektor (Merge Records, 2013) no hizo sino llevar su estatus de banda de culto indie a fenómeno masivo, con volantazo comercial y siendo su primer álbum parte aguas entre sus seguidores.

En otras palabras, Arcade Fire se encuentran en lo que podríamos llamar su ‘etapa imperial’, en donde ya no tienen el toque especial de convertir todo lo que componen en oro, pero sí de hacerse cada vez más radiables, más mainstream. Así es como llegan a su quinto álbum, en medio de un clima político mundial enrarecido, un grupo cada vez más creciente de bandas y discos tornándose políticas (el baño de supuesta conciencia social de Gorillaz dejó sorprendido a más de uno, por mencionar un caso), una campaña de marketing propia que por momentos parecía devorarse el personaje que creaba, y un riesgo por tomar para no quedarse atrás en la ola. Everything Now (Columbia, 2017) es el nuevo manifiesto del sexteto, su más reciente esfuerzo por mantenerse relevantes.

¿Y qué nos llega con la llegada de esta quinta placa? A priori, la sensación de que las épocas de excesos parecen haberse moderado, un poco al menos. Con 13 canciones (tres intervalos incluidos), una producción mucho más correcta y una duración de aproximadamente 44 minutos, Everything Now no es el mastodóntico álbum que fue Reflektor, lo cual significa que hay muchísimo menos relleno. Los cuatro singles que anticiparon bruscamente al nuevo trabajo hicieron prever que, además de solvente, el álbum iba apuntado a terminar de conquistar el mercado, ya no del indie (si tal cosa aún existe en este 2017) sino también de los círculos más pop. Con una fórmula más eficaz y más en línea con un sonido vendible, Arcade Fire se arman de canciones más fáciles de digerir, con un resultado aceptable pero lejos de lo grandioso.

Desde el inicio con Everything_Now (Continued) y la canción que da título al álbum, pareciera que estamos ante una versión más popera de la banda que parió The Suburbs. Cortes como We Don’t Deserve Love, Signs Of Life e Infinite_Content retrotraen el barroquismo ligero que tanto enganchó en los primeros discos, aún con sus matices híper-electrizados, mientras conviven con los extremos más sintetizados de Creature Comfort o Electric Blue. En un mismo paquete, dos versiones sonoras de la banda, unidas por una composición que ahora parece crear productos en serie empaquetados para consumo directo, capas de electricidad y un halo de superficialidad que, como conjunto, manifestan al álbum como un mensaje contestatario a la cultura del derroche y al culto a la fama de microondas que se vive hoy en día. Eso si tomamos al disco como una obra completa, pero en tiempos de Spotify, las canciones por separado no suman lo suficiente. Piezas como Chemistry o Good God Damn no son precisamente de las mejores que ha creado la banda de Montreal.

Tal como comenzó a suceder desde su anterior placa, Arcade Fire vuelven a demostrar que son humanos proclives a cometer errores en el tracklist, con un bajón importante en la mitad, repuntando por suerte en la recta final con Put Your Money On Me, que simpaticona y algo traviesa, hasta recupera bastante de la épica del grupo; y We Don’t Deserve Love, el momento más sentimental del disco, aquel en donde recordamos que además del lado crítico-rabioso-bailantero-salvaje de los Arcade Fire modelo 2017, hay un alma que también sufre y lo muestra sin tapujos. Gran parte de las letras apelan a una ironía que esconde ese sufrimiento: la frustración de no poseer fama, las inclinaciones al suicidio, la arrogancia frente a los sentimientos, la necesidad de llenar vacíos con cosas que sabemos perfectamente que no necesitamos; todos símbolos de una época plagada por espacios virtuales donde vendemos una vida que queremos lucir frente a los demás en medio de una carrera vertiginosa por ver quién alcanza el estrellato, sea a través de los tabloides, las redes sociales o un canal de Youtube, donde el más visto, el más seguido, el más likeado, gana la carrera. El concepto de Everything Now no es difícil de imaginar, lo difícil para el grupo fue ponerlo en canciones. No hay un momento espectacular como Afterlife o Normal Person aquí, a pesar de que lo intentan mucho.

En concreto, Everything Now no es el desastre pop que predecían sus adelantos, tampoco la maravilla ganchera que terminaría de ponerlos en la avanzada mediática. Dentro de un constante tironeo entre su costado más bailable y su parte más contundente, Arcade Fire han encontrado un deforme y por momentos enfermizo punto medio en donde pueden generar canciones efectivas y algunas incluso de buena factura, como también varios tropiezos demasiado notorios. Y a pesar de los errores, del concepto que todo lo absorbe, Everything Now es el álbum que mejor puede levantar la vista frente a los logros del pasado. Por ahora (y sólo por ahora), podemos seguir mencionando a Arcade Fire como un grupo que aún merece nuestra atención, y no por poco. Aún cuando dan la impresión de estar al borde de un magnífico fracaso.

Puntaje: 7.2

Grupo de colaboradores colombianos, méxicanos y argentinos de EL CLUB DEL ROCK.

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