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Crónicas

Rio en concierto, un paseo en el túnel del tiempo

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Rio 31

El evento se dio en un local llamado “El palacios del Inca” ubicado en el Jr. Conde de Superunda 383, en pleno corazón de Lima. Lugar amplio, con muy buena acústica, para ir en familia; buena recepción pero floja atención al cliente. Tal vez los organizadores ya no sólo deben preocuparse por las bandas que tocarán, quizá ya es momento de empezar a darle más importancia a los detalles secundarios, que al fin y al cabo terminan por ser fundamentales en la valoración final del evento y de los organizadores. Si la pasas mal, no vas a volver, Si la pasas bien, vas a volver y vas a hablar bien del lugar, de la organización. Los vas a recomendar. Es algo lógico.
Volviendo al tema central, el evento contó con 3 bandas estelares que tocaron en el siguiente orden… La Puerka, RIO y ADN. Por comodidad propia mencionaré primero a ADN (la última banda en tocar). No te puedes demorar 30 minutos haciendo pruebas de sonido a las 2:00 am, debes mostrar más respeto y preparación ante el público. Esto es un negocio y la gente quiere pasarla bien, divertirse. No quieren ver a 3 tipos jugando con las perillas de los amplificadores. Tenía muy buenas referencias de la banda, asumo que simplemente debe haber sido una mala noche, como la que todos hemos tenido en algún momento. Espero tener mejor suerte para la próxima.

Bueno, ahora sí:

Llegué, el local estaba lleno y “La puerka” estaba en plena performance. Banda cumplidora, que te anima una fiesta o evento familiar. Algunos problemas de sonido, principalmente con el teclado, algo normal en cualquier banda que abre la noche. Siempre he admirado a los grupos que no caen en la apatía del público, ésta es una de esas, envidiable ganas del vocalista y bajista por tratar de congeniar con el público, ganas que parecían chocarse y rebotar al final de cada canción. Tímidos aplausos y uno que otro mal educado pifiando empezaban a calentar el lugar. Terminaron justo a media noche, se despidieron con una canción llamada “Fin de semana” recuerdo el titulo porque a la misma vez era el coro de la canción, no sé por qué sigo escuchando el estribillo en mi mente, me enferma ¡Ah, me olvidaba!… Una mención honrosa para el guitarrista que se mandó una pieza clásica en plena canción, si la memoria no me falla, tocó “The flight of the Bumblebee”. Cedían su lugar en el escenario a la banda de “fondo”, era el turno de escuchar a Rio,

Profesionales en todo el sentido de la palabra, rápida instalación de equipos e instrumentos … 3 guitarras (si es que la vista no me fallaba , eran una Jackson a cargo del joven guitarrista de apoyo, una Stratocaster americana sostenida por José “Chachi” Galarza y una Rickenbacker en manos de Arturo “Pocho” Prieto), un bajo (cuyo modelo no logré distinguir) siendo ejecutado por Lucio “Cucho” Galarza, un sintetizador “escondido” al lado derecho del escenario y en la batería Fred Aching Ríos, baterista de RIO hace 3 años y también actual baterista titular de la banda M.A.U.S.E.R.
La lista de canciones empezó con “Televidente” y “Lejos de ti”, la gente empezaba a sacudirse del sueño que iba invadiendo local, para terminar de engancharse a la banda cuando el intro de “Princesa” empezaba a sonar (acaso el tema con el que volvieron a la palestra desde hace un par de años). Los aplausos no se siguieron negando a la noche, continuó “Antes de ti” y luego vino “Lo empiezo a odiar” mi tema favorito, ¡Qué tema! Siguieron “Al norte de América”, “A la droga dile no”, “Todo estaba bien” y “Contéstame” mi segunda canción favorita, ¡Cómo gritaba esa Jackson, tranquilamente uno de los mejores guitarristas que he visto en la escena nacional! Hablo de él en forma anónima porque desconozco quién sea, si alguien sabe de él, pues agradecería que me lo haga saber por comentarios o en Facebook. Continuaron con “Lo peor de Todo” y “Viaje a Londres” La generación de los 80’ había llegado a destino, el viaje en el túnel del tiempo había concluido. Horario de partida 12:10 am Horario de llegada 2:00 am.

Para mí había terminado la noche, lo que vino después solo me lo terminó confirmando.
Los globos caían y significaban un adiós para el evento, pero un “hola” fraternal al corazón. Un “saludo” a la nostalgia. Ver a toda esa gente aplaudiendo; y apreciarlo, eso es entender el rock, letras que representaron una generación, ¡Su generación!
¡Te puede gustar, te puede no gustar, pero debes de saber respetar! Hay que saber reconocer la grandeza ajena.

 

rio-blancoynegro

Soy el mejor de los peores músicos... Soy el peor de los mejores publicistas... Ahora solo quiero escribir, sin pecar de sensacionalista.

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Crónicas

Un último concierto para mi muerte – Parte 1

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Siempre debo encontrar alguna excusa para poder escribir con un estilo real, sin temor a que puedan bajarme el pulgar. La sinceridad es como el rock, se puede oler… y sentir. Hoy voy a ser sincero con personas que no conozco, ni conoceré, al menos en este universo. Los lectores.

Siguiendo la línea de sinceridad, quiero aclarar que, si no gustas de la lectura o simplemente entraste buscando noticias, este artículo no es para ti. Te ofrezco mis disculpas.

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Volviendo al foco central

El telón de la vida se cerrará a través de mis ojos. Hace mucho que vengo arrastrando los síntomas de un supuesto aneurisma y he alcanzado el punto más álgido desde que inició el presente mes. Mareos, vértigo, arcadas, dolor de cabeza, tensión en el cuello, dolor detrás de los ojos, etc. Todos esos síntomas coronados por estados graves (mi madre) y muerte de familiares (tíos) a causa de la misma enfermedad. Como se sabe, el aneurisma es una enfermedad altamente congénita. Tengo todos los boletos comprados para ser uno más en la lista y habito en la resignación desde hace unos años, sé que voy a partir; no sin antes pasar el día más feliz de mi vida en un concierto/festival de rock.

No pienso hacer un embole de artículo, está claro que la desgracia propia es el regocijo de gente ajena, pero hasta la ‘tristeza’ cansa. Me siento aturdido las 24 horas del día, no por alcohol, sino por los mareos de mierda que no paran ni cuando duermo. Si me dicen que es imposible marearse mientras estás dormido, entonces confirman mi peligro de extinción. Camino mareado, como mareado, escribo mareado, escucho música mareado, beso mareado, pienso mareado, me ducho mareado y cuando bebo un poco de alcohol, se me pasa. Una picardía. De todas formas, dejé de libar hace un mes, por precaución y miedo, principalmente miedo. No soy yo, no soy feliz. El vértigo y las ganas de vomitar por las noches me convirtieron en todo lo que siempre odié, una persona que no quiere estar en cama.

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Por alguna estúpida razón, nunca he querido que un médico confirme lo que tengo, siento que voy a comprometer a gente que me estima y van a sentirse culpables de no haberme podido ayudar. Busqué información sobre este tipo de conducta y no solo es una rareza mía, mucha gente prefiere vivir en la ignorancia y dejar que la propia enfermedad oculta los mate, antes de morir por depresión o desahucio. He tratado de sobrellevar estos síntomas desde hace 7 años, pero parece que entré en la última etapa. No se puede disimular más y los exámenes son inevitables.

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Ya no se trata de tener algo porqué vivir, sino algo porqué morir. Y si he de morir por algo, que sea rock. Quizá se lea muy novelesco, pero es lo último que quiero hacer. Yo me amo y no puedes engañar a la persona que dices amar porque entonces de los desconocidos, ¿qué puedes esperar? Simplemente quiero divertirme, amar y vivir el momento. Disfrutar de ese día junto a la persona correcta, ella. Comer y beber sin preocuparme por las consecuencias, así quede convaleciente al día siguiente. Gastar, lo que me queda de vida, en el pecado más grande que me permití: Querer vivir por y para la música; que sea rock.

Parece que no cumpliré el deseo de ver a AC/DC en vivo… pero The Strokes e Interpol de seguro tienen su lugar en el iPod de Dios.

Mañana guardo cita médica y la verdad que cualquier diagnóstico, ahora, me sabrá a victoria. Tengo presente que me gusta ganar; y perder no me causará dolor.

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Aquí finaliza la parte 1. Restan 2.
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