Tutti Frutti: El Templo del Underground: historia del bar que ayudó a detonar la escena rockera en México
Tutti Frutti: El Templo del Underground, es el “rockumental” que, transporta al espectador a una época que pareciera perdida en el tiempo, en especial para las nuevas generaciones de la CDMX y de la escena del Rock en el país.
Tutti Frutti: El Templo del Underground, es el “rockumental” que, en una hora y 30 minutos, transporta al espectador a una época que pareciera perdida en el tiempo, en especial para las nuevas generaciones de la Ciudad de México (CDMX), y de la escena del Rock en el país.
Laura Ponte y Alex Albert, directores del filme, hace algunos años, se dieron a la tarea de recordar y, al mismo tiempo, presentar a los jóvenes, la historia de uno de los lugares que, forman parte de los pilares que, de no haber existido, la cultura musical en la capital mexicana no sería la misma.
Con motivo de su estreno en salas de cine, porque tuvo algunas proyecciones al aire libre en CDMX, así como en algunas universidades, platicamos con Brisa Vázquez, cofundadora del bar en el que, a mediados de los 80 y principios de los 90, se pudo escuchar música que no sonaba en ningún lado, lo que atrajo a personajes que, en el presente, también son piezas fundamentales en el Rock mexicano.
“No estábamos ya viviendo la nostalgia de los grupos de los 60, 70. Se estaba generando algo completamente nuevo, en cuanto a la música. Entonces, una manera de vestir, una manera de ser en el mundo, una manera de manifestarte”
Destacó Brisa durante esa tarde lluviosa en la que platicamos con ella
El Tutti Frutti, raro, medio clandestino y atemporal: Brisa Vázquez
Primero tenemos que situarnos en una época en la que la Ciudad de México se llamaba Distrito Federal, o DF para la old school. Por cuestiones gubernamentales, los jóvenes se sienten y ven perseguidos por las autoridades, en especial aquellos que, por su apariencia y gustos, forman parte de grupos contraculturales como el punk, o los góticos -como se conocerían después-, y del mismo Rock, sin importar su presentación o subgénero, porque, dicho sea de paso y, pese a lo que siempre se dice, nunca muere.
Los sucesos del festival de Avándaro están relativamente recientes y sus fantasmas persiguen a una juventud chilanga que buscaba otras expresiones artísticas, distintas a las que, comercialmente hablando, se ofrecían en medios de comunicación.
En medio de todo esto, si tuviéramos una máquina del tiempo, encontramos a Brisa Vásquez, adolescente que, como ella señala, “siempre fue rara” y que, tras un viaje a Europa, volvió a México, junto a su pareja, Danny Yerna, un joven nacido en Bélgica que, desde el viejo continente, traía material musical que simplemente no se escuchaba en la capital del país.
Por cuestiones del destino, ambos comienzan a trabajar en el bar, junto al hermano de Brisa. Sin embargo, ambos jóvenes terminan haciéndose cargo del negocio, luego de que el temblor del 1985 asustara tanto a la esposa del hermano, que ambos abandonan el país.
Es así como inicia la leyenda del Tutti Frutti, lugar “raro, medio clandestino y atemporal”, como ella señala, que se fue haciendo famoso por la repartición de volantes y el “boca a boca” de lo que sucedía en ese lugar.
“Somos un eslabón en una cadena de cosas que van ocurriendo a lo largo de la historia, y que cada eslabón, creo que tiene su importancia y su relevancia. Por supuesto, no descubrimos el hilo negro, no estábamos inventando nada. Atrás de nosotros también hubo gente que empujó. Hablando, por supuesto de esta cuestión contracultural. El subterráneo, el Underground o el Rock. Antes de nosotros hubo lugares que desafiaron al mainstream e hicieron muchas cosas y nosotros, bueno, pues somos un eslabón de esa cadena”
Brisa destaca que, tanto ella como Danny, nunca imaginaron lo que representaría el Tutti con el paso del tiempo, de hecho, al preguntarle cómo se sentía al ser una especie de “detonante” en la escena, con humildad, rememora cómo sus hermanos le mostraron el camino de la música por la que “tenías que convertirte en un investigador privado para conocerla”.
“Fuimos muy afortunados y privilegiados de tener este lugar que, hoy digo, era una especie de laboratorio. Porque no teníamos idea, ni del negocio ni de absolutamente nada. Simplemente nos cayó en la mano y tuvimos el tiempo de que ese lugar pudiera madurar y convertirse en lo que, pues unos dos años más tarde, fue. Pero todo era de una manera muy, inocente, nunca pensando en que estabas haciendo algo demasiado relevante. Te digo, solo es a la distancia que puedes ver y te das cuenta de eso que pasó que, además, yo siempre digo: ‘el protagonista de esta historia y del documental, en realidad es el lugar. No soy yo, no era el Danny, es toda la gente que se dio cita ahí, todas las bandas que tocaron ahí, eso es como un conjunto de cosas que hacen que, finalmente, el lugar sea el protagonista”
Foto: Cortesía
No discriminaban en el Tutti Frutti
La baterista de Los Esquizitos nos reveló que, en los primeros años del bar, que estuvo abierto desde 1985 hasta 1992, casi no iba gente, por lo que, únicamente repartiendo volantes, comenzó a darse a conocer.
“Yo creo que ya por ahí de 88, quizá 87, que se empieza a correr la voz, sobre todo entre las bandas que, como no había tantos lugares para tocar, pues llegaba una (agrupación) y decía, ‘No, pues es que acá está lejos, pero ahí dan chance y está chido y ponen música chida y va gente chida’. Entonces, como que ahí ya empezaron a llegar, a acercarse las bandas al lugar, a querer tocar y la verdad es que el que llegaba, tocaba”
Esto se dio porque, de parte de los fundadores del Tutti, no se discriminaba, en cuanto a la línea rockera se refería, lo que, poco a poco, provocó la llegada de los grupos que después, se consagrarían.
“Diría que finales de los 80, ya empezaron a desfilar todas estas bandas que empezaban a tocar, que se empezaron a dar a conocer y que bueno, hoy en día, digamos, son los mismos headliners que tenemos desde hace 30 o 40 años. Más otras bandas superinteresantes, a lo mejor que ya no existen. Como fue Masacre, Atoxxxico, hablando las bandas punks, que no los dejaban ni entrar a los lugares, mucho menos tocar. Pues se les abre este espacio. donde los recibimos igual que a cualquier otra persona, es más, con más gusto y se vuelve su lugar, su casa”
Con esta apertura, el espectro musical del Tutti se expandió, lo que llamó la atención de otros círculos culturales, que también acabaron visitando el sitio, en la zona industrial de la ciudad.
“Había gente que a lo mejor no le gustaba, o que iba y pensaba que iba a escuchar otra cosa, que, pues no poníamos y, a lo mejor, se iban decepcionados, pero mucha gente descubrió bandas que no había escuchado antes. (…) Era música que tenías que conseguir por fuera, así que, de pronto ir a un lugar y escuchar algo que dices: ‘¡Órale, esto está increíble!’, pues ya la gente seguía investigando”
Foto: Rubén Ortiz
Un lugar como el Tutti, en estos días, no se hubiera podido replicar
En el presente, con la rapidez de las redes sociales, en las que todos estamos conectados y se sabe todo en segundos, un lugar con la mística del Tutti Frutti, no hubiera podido existir.
Además de que hay varios lugares con un concepto parecido, como es el Gato Calavera o el Foro Alicia, Brisa cree que el Templo del Undreground, no trascendería de la manera que lo hizo.
“Eh, no creo. Uno, a nadie le va a sorprender, ya no es nada extraordinario porque, pues, justo con toda esta globalización, el rollo del internet y la facilidad que tenemos que todo absolutamente todo está a un clic de distancia al pasado, al presente, al futuro, pues es un contexto y una época diferente. Entonces, existirán otras cosas distintas, otras cosas nuevas, de estas generaciones, pero como tal, de pronto, me preguntan: ‘¿por qué no abren otro?’ Porque ya no es el contexto de la época, porque no sería lo mismo, ya no viene al caso. Según dicen, segundas partes nunca fueron buenas y como el Tutti, pues ya hay un montón de lugares ahora en la ciudad, estos foros pequeños donde pasan cosas interesantes”
En cuanto a lo que piensen las nuevas generaciones del mito del Tutti, la cofundadora cree que es interesante que se documenten y que puedan hacer esa “visita al pasado”.
“Hablando de esto es muy importante y es interesante que la gente mucho más joven o que ya nacieron con este mundo como lo tenemos, que puedan visitar el pasado y decir, ‘Ah, órale, pues era otro rollo, y era otro mundo. Ah, bueno, y de ahí viene tal o cual’, o sea, ¿cuál es cuál es la raíz de tal o cual género?”
Tutti Frutti: El Templo del Underground; ¿qué podemos decir del documental?
Laura Ponte y Alex Albert hacen una especie de viaje en el tiempo y, al mismo tiempo, una carta de amor y nostalgia a la escena capitalina, situada en un momento histórico clave para el país.
Con material fotográfico donado y recopilado, en su mayoría con la ayuda de personas que asistieron al mismísimo Tutti Frutti, la cinta logra contagiar al espectador y sumergirlo en la época.
Vaya, por momentos no se percibe la sala de cine, sino la atmósfera del bar underground y esto tiene mucho que ver gracias a la narrativa, anécdotas y música original de Mateo Sánchez Galán (TELEMAT), lo que terminan transportando a uno a las entrañas del Tutti, allá por las inmediaciones de la Avenida de los 100 metros. Casi saboreando cerveza, entre toda la gente, escuchando a The Cramps.
La edición de Ricardo Vergara termina complementando para crear esa esencia de documental independiente con un toque Punk, por el que, como menciona el parte oficial, Laura Ponte tuvo que “reconstruir una escena del crimen”, al rastrear e investigar a las personas que, en algún momento, acudieron al Tutti.
También destaca la labor de investigación de tesis, trabajos y otros documentales, así como de los fotógrafos Alejandro Guerrero Massad, Rubén Ortiz o Pablo Ortiz Monasterio, “quienes, por amor al Tutti, donaron su obra” para la cinta.
Foto: Alejandro Guerrero M
Por otro lado, el gancho del largometraje puede estar en la cantidad de estrellas que aparecen contando sus anécdotas, aunque esto ha sido criticado, “porque se trata de pura estrella”, pero, como dice Brisa, la película únicamente se trata del Tutti Frutti.
Entre las entrevistas, que estuvieron bajo la codirección de Alex Albert, encontramos anécdotas de:
Finalmente, encontramos un plus más en este vistazo al pasado y es la aparición de Danny Yerna, quien recientemente falleció y este filme, sin duda, es la cereza en su legado. ¿Era el alma del Tutti Frutti? Al espectador le toca decidirlo.
Tutti Frutti: El Templo del Underground resulta ser un rockumental que, sin duda, capta la atención de las personas que vivieron en carne propia el momento en el que nacióesta escena cultural en México. También puede ser una gran opción para los que ya conocimos este mundo “ya formado”, y podría ser una gran clase, para aquellos que, en el futuro, continúen llevando el estandarte del Rock en nuestro país.
Aunque fueron muchos factores los que llevaron al cierre del bar, Brisa destaca que el Tutti cumplió su ciclo y, aunque ella dio vuelta a la hoja hace mucho, con gusto accedió a trabajar con Laura y Alex para realizar el documental.
Tutti Frutti: El Templo del Underground tuvo su estreno formal en la Cineteca Nacional a mediados de mayo. Sin embargo, las funciones no paran ahí, ya que aún permanece en cartelera, además de que habrá algunas proyecciones en el Cine Tonalá y en la Filmoteca de la UNAM, en la Ciudad de México y después, se prevé un tour por cinetecas de distintos estados del país.