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Crónicas

Iron Maiden en la Ciudad de México - El renacimiento de la Bestia

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Iron Maiden Foto cortesía Fernando Aceves OCESA 2

Para EL CLUB DEL ROCK: Mr. Yagami

 

Cuando se anunció que Bruce Dickinson padecía un terrible cáncer, lo primero que pasó por nuestras mentes fue “ya jamás veremos a la bestia en vivo y por supuesto que el grupo se terminó”. Peor aún, el cáncer lo había invadido en su instrumento: su lengua. De pocas a nulas posibilidades había de recuperar a nuestra amada banda. Pero siendo Bruce, no se iba a dejar vencer tan fácil: la ideología de “Heaven Can Wait” tendría que ser aplicada al 100% y con la ayuda de su equipo médico [y del buen Eddie] salió adelante.

Inmediatamente cuando le dieron el aviso de “Cancer Free” se comenzaron a hacer planes para traer a la bestia de vuelta a los escenarios, cosa que los fans de todo el mundo agradecimos. Para tierras mexicanas se confirmaron 3 actuaciones: una en Monterrey y dos en la Ciudad de México.

Iron Maiden | Foto cortesía Fernando Aceves OCESA

Iron Maiden | Foto cortesía Fernando Aceves OCESA

¿Qué se podía esperar de este nuevo tour? Las expectativas eran muchísimas y más aun teniendo un álbum muy bueno [pero lamentablemente muy largo] bajo el brazo.

Por cuestiones personales, no pude llegar a ver a los dos teloneros: The Raven Age y Anthrax, asi que salvé todas las energías para la doncella. El escenario era imponente aunque todavía hubiera una que otra tela cubriéndolo, pero era claro que tendría un diseño maya, como todo el concepto del nuevo disco. A las 9:00 en punto comenzó a sonar la canción que nos anuncia que Maiden está a punto de subir al escenario: “Doctor, Doctor de UFO.

De ahí en adelante muchos nos dejamos llevar por las emociones. Un intro animado le dio la bienvenida al concierto, con un Eddie dándole una mano al poderoso Ed Force One para despegar. Extrañamente, ahora el primero que piso el escenario fue Bruce, cantando el intro de “If Eternity Should Fail” denotando que el tratamiento para el cáncer no afectó su voz en absoluto. Parecía que estábamos oyendo el intro directamente desde el disco y solo volvimos a la realidad cuando toda la banda tomó el escenario. Aquí cabe señalar que por primera vez en toda su carrera, el señor Janick Gers salió a tocar con una guitarra Les Paul, dejando a un lado sus fieles Stratocaster. Sin dar tiempo para respirar siguieron con “Speed of Light”, el single. Entregados al 100, esta canción sonó particularmente excitante en su ejecución. Las primeras palabras de agradecimiento de Bruce cayeron junto al primer clásico inmortal de la banda: “Children of the Damned”. Simplemente increíble. Una canción que le exige mucho a la voz y que Dickinson valientemente la dominó.

Dos canciones más de The Book of Souls: la melancólica y genial “Tears of a Clown” y la épica pero muy larguísima “The Red and The Black”. Esta última da mucho de qué hablar porque es algo que Maiden ha hecho desde el lanzamiento de A Matter of Life and Death: canciones excesivamente largas que sonarían mucho mejor si se les recortaran unos minutos. Esta canción es el claro ejemplo de eso. Siempre es un gusto ver al jefe Steve Harris haciendo el intro de bajo. Tiempo de más clásicos: la muy coreada y esperada por los casuales “The Trooper” (con bandera británica y todo) y la sorpresa de la noche: “Powerslave”. Ni en mis sueños más alocados me imaginaria que podrían ofrecer esta obra de arte para sus fans. Sin duda la mejor canción del concierto. Y más aun cuando Dickinson salió ataviado con la máscara de Blue Demon. El solo de Dave Murray retumbó divinamente en las paredes del domo de cobre, toda una experiencia.

Iron Maiden | Foto cortesía Fernando Aceves OCESA

Iron Maiden | Foto cortesía Fernando Aceves OCESA

Más canciones del nuevo disco: la up-tempo “Death of Glory” y la larga canción que le da título al disco. Aquí marca la primera aparición de nuestro amado Eddie: siendo sacrificado por Dickinson en un ritual Maya-Metalero.

De aquí en fuera, todo lo que iba a sonar eran clásicos, muchos clásicos. La gran ausente de la gira anterior había vuelto para quedarse: “Hallowed Be Thy Name” (con horca en cuello de Bruce). Fenomenal el trabajo de Nicko McBrain en los parches… quien iba a pensar que horas antes de ofrecer inimitable actuación, iba a ser confundido con un vagabundo por el personal de seguridad de su hotel. Un lamentable acontecimiento que sólo en nuestro inculto país puede suceder.

Iron Maiden | Foto cortesía Fernando Aceves OCESA 3

Iron Maiden | Foto cortesía Fernando Aceves OCESA

Fear of the Dark” era otra que los casuales esperaban y la enorme “Iron Maiden” cerraría la primera parte del concierto. Un enorme Eddie inflable nos miraba desafiante desde atrás del escenario mientras la banda se retiraba por unos instantes. Antes de que regresaran, Satán ya estaba en su puesto para relatar el intro de “The Number of the Beast” mientras el fuego se apoderaba del escenario. Este clásico sonó potente ante la atenta mirada de un Lucifer enorme en una esquina.

Más sorpresas nos esperaban: la enorme “Blood Brothers” donde nos incitaban a unirnos como familia y para dar el adiós “Wasted Years”. El gran clásico de Adrian Smith que jamás se nos ocurrió sería tan buena para cerrar el concierto. Sobre todo con ese fondo donde podemos ver la evolución de nuestro amado Edward.

Iron Maiden | Foto cortesía Fernando Aceves OCESA

Iron Maiden | Foto cortesía Fernando Aceves OCESA

Dos horas de energía pura. Dos horas de concierto de una banda que hace unos meses pensábamos que estaba acabada. Pero el ave fénix nunca muere: Siempre resurge de las cenizas.



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Crónicas

Un último concierto para mi muerte - Parte 1

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acdc

Siempre debo encontrar alguna excusa para poder escribir con un estilo real, sin temor a que puedan bajarme el pulgar. La sinceridad es como el rock, se puede oler… y sentir. Hoy voy a ser sincero con personas que no conozco, ni conoceré, al menos en este universo. Los lectores.

Siguiendo la línea de sinceridad, quiero aclarar que, si no gustas de la lectura o simplemente entraste buscando noticias, este artículo no es para ti. Te ofrezco mis disculpas.

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Volviendo al foco central

El telón de la vida se cerrará a través de mis ojos. Hace mucho que vengo arrastrando los síntomas de un supuesto aneurisma y he alcanzado el punto más álgido desde que inició el presente mes. Mareos, vértigo, arcadas, dolor de cabeza, tensión en el cuello, dolor detrás de los ojos, etc. Todos esos síntomas coronados por estados graves (mi madre) y muerte de familiares (tíos) a causa de la misma enfermedad. Como se sabe, el aneurisma es una enfermedad altamente congénita. Tengo todos los boletos comprados para ser uno más en la lista y habito en la resignación desde hace unos años, sé que voy a partir; no sin antes pasar el día más feliz de mi vida en un concierto/festival de rock.

No pienso hacer un embole de artículo, está claro que la desgracia propia es el regocijo de gente ajena, pero hasta la ‘tristeza’ cansa. Me siento aturdido las 24 horas del día, no por alcohol, sino por los mareos de mierda que no paran ni cuando duermo. Si me dicen que es imposible marearse mientras estás dormido, entonces confirman mi peligro de extinción. Camino mareado, como mareado, escribo mareado, escucho música mareado, beso mareado, pienso mareado, me ducho mareado y cuando bebo un poco de alcohol, se me pasa. Una picardía. De todas formas, dejé de libar hace un mes, por precaución y miedo, principalmente miedo. No soy yo, no soy feliz. El vértigo y las ganas de vomitar por las noches me convirtieron en todo lo que siempre odié, una persona que no quiere estar en cama.

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Por alguna estúpida razón, nunca he querido que un médico confirme lo que tengo, siento que voy a comprometer a gente que me estima y van a sentirse culpables de no haberme podido ayudar. Busqué información sobre este tipo de conducta y no solo es una rareza mía, mucha gente prefiere vivir en la ignorancia y dejar que la propia enfermedad oculta los mate, antes de morir por depresión o desahucio. He tratado de sobrellevar estos síntomas desde hace 7 años, pero parece que entré en la última etapa. No se puede disimular más y los exámenes son inevitables.

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Ya no se trata de tener algo porqué vivir, sino algo porqué morir. Y si he de morir por algo, que sea rock. Quizá se lea muy novelesco, pero es lo último que quiero hacer. Yo me amo y no puedes engañar a la persona que dices amar porque entonces de los desconocidos, ¿qué puedes esperar? Simplemente quiero divertirme, amar y vivir el momento. Disfrutar de ese día junto a la persona correcta, ella. Comer y beber sin preocuparme por las consecuencias, así quede convaleciente al día siguiente. Gastar, lo que me queda de vida, en el pecado más grande que me permití: Querer vivir por y para la música; que sea rock.

Parece que no cumpliré el deseo de ver a AC/DC en vivo... pero The Strokes e Interpol de seguro tienen su lugar en el iPod de Dios.

Mañana guardo cita médica y la verdad que cualquier diagnóstico, ahora, me sabrá a victoria. Tengo presente que me gusta ganar; y perder no me causará dolor.

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Aquí finaliza la parte 1. Restan 2.
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