Treinta años, en ese lapso de tiempo pasan infinidad de hechos. Es toda una vida. Para muchos llegar al tercer piso significa el momento más caótico en la historia de un individuo, es el fin de la juventud, no hay vuelta atrás. Para otras personas es completamente lo contrario, simboliza un nuevo comienzo lleno de expectativas gracias a la madurez y experiencia adquiridas en un tiempo considerable. El punto perfecto. En el ámbito musical cumplir 30 años de carrera es un hecho sin precedentes y por eso La Maldita Vecindad festejará como si no hubiera un mañana.

Aldo, Pato, Sax y Roco dieron el pasado 17 de septiembre el banderazo de salida a 30 Años de Paz y Baile, gira que presuntamente también es la última de La Maldita. El Plaza Condesa fue el primero de varios recintos alrededor de la República Mexicana y algunas ciudades en Estados Unidos. El Plaza fue objeto de una noche en la que la buena vibra, llamado a la paz y el culto a Tin Tan, pachuco número uno estuvo a flor de piel.

Al más puro estilo de la banda, su clásico canto a Ometéotl comenzó al filo de las nueve de la noche, en un recinto quizá muy pequeño para la magnitud del evento pero perfecto para todos aquellos fieles de Roco y compañía. Solin era el primer invitado a la fiesta, en seguida los círculos de paz inundaron la pista del Plaza, como siempre, La Maldita abría con un golpe de adrenalina.

Inmediatamente un corte del pasado se dejaba escuchar, Bailando por un momento reflejó a una Maldita Vecindad de finales de los 80, era el primer indicio de una noche especial. Roco agradeció al público por estos 30 años de apoyo y recalcó que solamente se vive una vez y debemos experimentar muchas cosas. Acto seguido y para recordar a todos los nómadas por gusto (Mathieu Gravel, hermano, te extrañamos), comenzó Pata de Perro.

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Ya muchos jadeaban, sí celebrábamos tres décadas de trayectoria, por eso la banda dio paso a un corte un poco más tranquilo, otro clásico; Rafael y su mensaje de apoyo a la comunidad homosexual hizo bailar y cantar a todos los pachucos presentes. Los Agachados y Mujer continuaron con ese bloque retro, ese estilo que hace a Los Hijos del Quinto Patio únicos y toda una institución del Rock y Ska mexicano.

Sin dejar del lado sus discursos de apoyo a todo tipo de causa humanitaria en el mundo entre cada canción, Roco se dio un tiempo para hablar de la migración, la banda es conocida por su solidaridad a este tema, entonces el líder pachuco se pronunció por un mundo donde la gente migrante no sufriera, donde existan más personas que organicen comedores para los viajeros, un mundo donde los niños migrantes no padezcan, Mojado sonaba a todo lo que daba.

El primer clímax de la noche llegaba derrapando y rechinando llantas, directo desde el Panteón de Dolores en forma del fantasma pachuco, El Cocodrilo llegó y se paseó en los coros de todos los asistentes mientras una pantalla arriba de la banda proyectaba el video del catrín que para gozo de todos, se encontraba parqueado afuera del lugar, sí que era una noche especial.

Los Malditos continuaron con un tema proveniente del Circular Colectivo, último disco de la banda y que después de su lanzamiento la banda decidió tomar un descanso indefinido, un lapso que casi mata a la agrupación y que vio nacer al Sonidero Mestizo y a Los Malditos Cocodrilos. Un momento muy amargo, pero como dice Roco al citar a su abuela, “¡Ya Lo Pasado Pasado!”, excelente cover de la banda que como siempre prendió a todos en saltos.

La fiesta llegó a las calles a los barrios del 5to Patio Ska, lo círculos de paz tomaban cada vez más fuerza, a cada acorde más gente se integraba  a sus filas, el círculo crecía y crecía (en ese momento  este pobre diablo con delirios de grandeza recordó infinidad de mosh pits musicalizados por la banda). Uno de los tracks más famosos del grupo comenzó a sonar, nos recordó El Gran Circo que es nuestra amada ciudad de México, una canción que a muchos los llevó de golpe a su niñez y a la primera vez que escucharon a La Maldita.

Don Ernesto y su Jamaica Sound llegó a La Condesa, pieza instrumental que inundó todos y cada uno de los rincones de la colonia, ya era un concierto completamente diferente, no era una participación en un festival o una tocada gratuita, la banda demostraba lo que es una presentación formal de La Maldita, algo que muchas generaciones no han vivido, un suceso que reitera su jerarquía en la escena musical mexicana mientras Sax subía a una pareja a bailar sobre el escenario.

Otro clásico comenzó a sonar al regreso de Roco a escena, una canción que le llega a este pobre diablo, una melodía que por momentos resulta verídica, ya que según esto, “el amor lo puede todo si señor” (sí ya vas) EL Tiezo y La Negra Soledad nos pusieron a bailar.

Un cambio de discurso viene de parte de Roco e hizo un llamado en contra de la violencia así como criticó a los medios de comunicación y la manipulación de la información. En lo visuales aparecieron imágenes del Doctor Mireles y del logo de No + Sangre mientras la banda declamaba al ritmo de No Les Creo Nada.

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Llegó el segundo clímax, uno de los principales invitados a la fiesta se encontraba en las puertas del lugar, Roco exhortó a todos a darle la bienvenida a Don Palabras, mientras lo círculos de paz volvían a manifestarse y que a pesar de que ya la celebración maduraba el ritmo del slam no decaía.


Otra pieza fundamental en el setlist de la banda se manifestaba, la historia de JR y su auto nuevo retumbaba en El Plaza, esto después de que Roco y compañía reiteraran su llamado a un mundo sin violencia, Un Poco de Sangre, demasiada sangre en esta ciudad.

Instantáneamente se escuchó el alarido clásico, aquél que anuncia la llegada del Pachucote, en medio de aplausos y gritos fue recibido en el escenario, Pachuco, el sencillo por antonomasia de la banda oriunda de la ciudad de México terminó por tirar al Plaza, como ha hecho cimbrar a media ciudad y hasta el mismo Zócalo en muchas ocasiones.  Sax, Aldo, Pato y Roco se despedían al compás de un tequila triple, antes de que empiecen los trancazos, pero todo buen fan sabe que aún no es el final.

Pasaron varios minutos a oscuras, momentos en los que todos no dejaron de corear a La Maldita, aún no era el final. Los Hijos del Quinto Patio regresaron al escenario para un último round. Lamento, otro toque instrumental evidenció la versatilidad de cada uno de sus integrantes que a ese ritmo terminaron de crear una atmósfera mágica.

Roco anunció una joya del setlist de la noche, recordando que fue armado en base a las peticiones de la fanaticada en redes sociales. Tatuaje era el siguiente corte, uno que este pobre diablo nunca creyó vivir.

Sax dio los primeros acordes de la despedida de la banda, del adiós para esta noche, porque de la noche son las cosas del amor. El enorme anuncio rojo del Baile Kumbala Bar apareció en los visuales. Clásico de Maldita, cerrar con este himno que vive y persistirá a través del tiempo.

La Maldita Vecindad inició su última gira y celebración treintañera de una manera espectacular, dos horas y media hicieron que esa noche de miércoles sea muy difícil de superar para sus próximas fechas. Alguien dijo: “¡esta puede ser la última vez que veamos a Maldita!”, afortunadamente Roco confesó a medio concierto un cierre de tour para el próximo seis de diciembre en el Palacio de los Deportes.

Este sería su tercer concierto de despedida en la ciudad de México (el primero fue en su supuesto regreso único para el Vive Latino de este año). Quizá es como dice el dicho: “El que mucho se despide pocas ganas tiene de irse”. Por el momento, tenemos una cita para diciembre. ¡Paz y baile!

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Fotos cortesía de: Yunuén Velázquez / OCESA