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Crónicas

Rata Blanca : Súper-eléctricos

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Este es mi tercer año consecutivo cubriendo a Rata Blanca para estas fechas. Este año sería para la fiesta de Radio Mega, una radio de Argentina, dedicada exclusivamente al rock nacional. Más allá del privilegio, -porque Rata Blanca nunca defrauda y porque siempre que vayas a un concierto de ellos, saldrás con altas dosis de rock en vena-, sentía ansiedad por saber cómo sería un concierto acústico de Rata, ya que según estaba anunciado, el show tenía como título “Rata Blanca Megacústico”.

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El público parecía tener la misma ansiedad que yo y ya se escuchaban canciones alentando a que Rata saliera a escena. Y así fue, cerca de las 22:00 hs se empiezan a escuchar sonidos tormentosos, marcados por intensos truenos: ya estaban en escena Adrián Barilari (Voz), Walter Giardino (Guitarra líder), Guillermo Sánchez (Bajo), Fernando Scarcella (Batería) y Danilo Moschen (Teclados) y sonaba “Tormenta Eléctrica”. Todo el mundo con la boca abierta, ante este comienzo súper eléctrico y nada más distante de lo acústico. Ahí estaba Rata Blanca rockeando como siempre y ahí también estaba su gente, saltando y cantando las canciones, olvidándose por completo de aquella idea de que sería un show más íntimo y desenchufado.

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Casi sin respiro, Adrián (Barilari) preguntó al público si querían rock y así comenzó “Los chicos quieren rock”; los decibeles picaban alto y el rock no se detenía. El teclado de Danilo marcaba el principio de “Sólo para amarte” con los solos de un Walter Giardino en otra noche iluminada. Entraba ahora todo el sentimiento de “Volviendo a casa” y de escuchar cómo todas las voces se hacían una. Tremenda versión de “La otra cara de la moneda”, seguida de “Pequeño ángel oscuro” con la desgarradora guitarra de Walter y unos increíbles coros. Volvía la velocidad y la precisión con “El sueño de la gitana”.

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No había tiempo de descansos y la gente tampoco lo pedía; caía “Rock and roll hotel” con un Fernando Scarcella que te llevaba a toda velocidad con cada golpe en los parches. Era el turno de un clásico de Rata, “Aun estás en mis sueños”, una canción que la gente cantándola en directo, la transforma en más bella aún. Otra vez los corazones se aceleraban porque llegaba “La llave de la puerta secreta” y un doble bombo infernal que retumbaba en cada alma. Parecía que iba terminando el show, pero aún había tiempo para más: “El reino olvidado”, con un público con pocas ganas de que esta fiesta acabe. Una tremenda versión de “Días Duros”, un tema que siempre querés escuchar en vivo. No paraban de llover los clásicos y “Guerrero del arco iris” dejaba exhausta a una audiencia que lo dejaba todo en cada momento. Pero si hay un tema para cantar y para recordar otras épocas, ése es “Mujer amante”: todo el mundo con las manos arriba y haciendo suya esta hermosa canción que parece inoxidable y que cada vez que suena emociona como la primera vez que la escuchaste.

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Ahora sí parecía que era el final, pero después de agradecer al público por todo este excelente año que han tenido, pegaron “La leyenda del hada y el mago”, coronando una noche colmada de rock de electricidad y de los fans más incondicionales que hicieron de todo para conseguir una entrada. Así terminaba una emotiva despedida de los escenarios por este 2015 pero RATificando que RATA Blanca está en un momento inigualable, con nuevo material bajo el brazo y con la misma fuerza, las mismas ganas de rockear de siempre, unas ganas que venimos experimentando hace casi 30 años… y lo mejor…Aún está por llegar!

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Texto y Fotos: Juan Cufre.

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Crónicas

Un último concierto para mi muerte – Parte 1

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Siempre debo encontrar alguna excusa para poder escribir con un estilo real, sin temor a que puedan bajarme el pulgar. La sinceridad es como el rock, se puede oler… y sentir. Hoy voy a ser sincero con personas que no conozco, ni conoceré, al menos en este universo. Los lectores.

Siguiendo la línea de sinceridad, quiero aclarar que, si no gustas de la lectura o simplemente entraste buscando noticias, este artículo no es para ti. Te ofrezco mis disculpas.

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Volviendo al foco central

El telón de la vida se cerrará a través de mis ojos. Hace mucho que vengo arrastrando los síntomas de un supuesto aneurisma y he alcanzado el punto más álgido desde que inició el presente mes. Mareos, vértigo, arcadas, dolor de cabeza, tensión en el cuello, dolor detrás de los ojos, etc. Todos esos síntomas coronados por estados graves (mi madre) y muerte de familiares (tíos) a causa de la misma enfermedad. Como se sabe, el aneurisma es una enfermedad altamente congénita. Tengo todos los boletos comprados para ser uno más en la lista y habito en la resignación desde hace unos años, sé que voy a partir; no sin antes pasar el día más feliz de mi vida en un concierto/festival de rock.

No pienso hacer un embole de artículo, está claro que la desgracia propia es el regocijo de gente ajena, pero hasta la ‘tristeza’ cansa. Me siento aturdido las 24 horas del día, no por alcohol, sino por los mareos de mierda que no paran ni cuando duermo. Si me dicen que es imposible marearse mientras estás dormido, entonces confirman mi peligro de extinción. Camino mareado, como mareado, escribo mareado, escucho música mareado, beso mareado, pienso mareado, me ducho mareado y cuando bebo un poco de alcohol, se me pasa. Una picardía. De todas formas, dejé de libar hace un mes, por precaución y miedo, principalmente miedo. No soy yo, no soy feliz. El vértigo y las ganas de vomitar por las noches me convirtieron en todo lo que siempre odié, una persona que no quiere estar en cama.

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Por alguna estúpida razón, nunca he querido que un médico confirme lo que tengo, siento que voy a comprometer a gente que me estima y van a sentirse culpables de no haberme podido ayudar. Busqué información sobre este tipo de conducta y no solo es una rareza mía, mucha gente prefiere vivir en la ignorancia y dejar que la propia enfermedad oculta los mate, antes de morir por depresión o desahucio. He tratado de sobrellevar estos síntomas desde hace 7 años, pero parece que entré en la última etapa. No se puede disimular más y los exámenes son inevitables.

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Ya no se trata de tener algo porqué vivir, sino algo porqué morir. Y si he de morir por algo, que sea rock. Quizá se lea muy novelesco, pero es lo último que quiero hacer. Yo me amo y no puedes engañar a la persona que dices amar porque entonces de los desconocidos, ¿qué puedes esperar? Simplemente quiero divertirme, amar y vivir el momento. Disfrutar de ese día junto a la persona correcta, ella. Comer y beber sin preocuparme por las consecuencias, así quede convaleciente al día siguiente. Gastar, lo que me queda de vida, en el pecado más grande que me permití: Querer vivir por y para la música; que sea rock.

Parece que no cumpliré el deseo de ver a AC/DC en vivo… pero The Strokes e Interpol de seguro tienen su lugar en el iPod de Dios.

Mañana guardo cita médica y la verdad que cualquier diagnóstico, ahora, me sabrá a victoria. Tengo presente que me gusta ganar; y perder no me causará dolor.

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Aquí finaliza la parte 1. Restan 2.
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