Según las reglas del periodismo y su objetivo de la sacrosanta brevedad e instantaneidad de las noticias, esto debió ser publicado, cuanto mucho, hace dos días. Pero era necesario relatar mis impresiones de lo que escuché sobre las tablas el pasado sábado a la noche de un otoño bastante crudo para una provincia caracterizada por el calor. El término ‘frío’ estaba entre las primeras palabras de cada oración que dijimos los presentes, pero aún así me fue imposible resistirme a la invitación de la noche. En el bar Mamadera, se presentaban Matagusanos (mi atracción principal personal) y Monofloro, protagonistas por celebrar otro año más de vida. Concurrida sala, sonido a tope y altamente claro, y dos bandas haciendo de mi noche fría (la de todos ahí) una cálida jornada de rock.

Matagusanos sobre el escenario. Fotografías por Miguel Mataix y Sebastián Díaz Guevara.

Matagusanos sobre el escenario. Fotografías por Miguel Mataix y Sebastián Díaz Guevara.

El primer acto le correspondió a Matagusanos, conjunto de cuatro piezas afincadas en el stoner rock, bastante propicio para una provincia de clima desértico, paisajes desolados de tierras agrietadas, poca agua y su cuota de misticismo. Este último punto, el de la mística, fue el que aprovechó el cuarteto para llevar adelante su actuación, basándose en el material de sus dos discos publicados hasta ahora, más algunos temas inéditos. A caballo de múltiples efectos, ambientaciones espaciales y un estilo poderoso y dinámico de pura herencia setentista, Matagusanos definitivamente fueron mi número favorito de la noche, con una soberbia presentación que mejoró notablemente las inmensas prestaciones ofrecidas desde el estudio. Conjugando influencias del mejor rock clásico de Argentina con la impronta muscular del stoner, trayendo la magia de sus grabaciones a lo concreto de las tablas, Matagusanos se convierte en una imprescindible banda para el vivo, un grupo que me dejó muchas ganas de volver a verlos sobre el escenario. (9)

La celebración de Monofloro. Fotografías por Miguel Mataix y Sebastián Díaz Guevara.

La celebración de Monofloro. Fotografías por Miguel Mataix y Sebastián Díaz Guevara.

Después de una breve pausa, tocó el turno de Monofloro, quienes para ser sincero no me habían dejado una buena impresión la única vez que pude verlos en vivo, allá por el 2014, pero tocaba darles una segunda oportunidad. Ataviados de rigurosos trajes blancos (con reminiscencias de fumigación o de actividades nucleares), los Monofloro subieron al escenario con un dinamismo único. En lo que duró su presentación, hubo de todo: momentos de baile, pogo descontrolado, pasajes de canto con el público, conexión legítima de punta a punta con los presentes. Desde el comienzo, el conjunto mostró su gran disposición a hacer que la noche explotara, con su mezcla de rock alternativo made in Latinoamérica, explícitas influencias del punk y muchísima energía. Si de algo se tratan las segundas oportunidades, en mi experiencia personal, es de cerrarme la boca, porque Monofloro no decepcionó en ningún momento ni bajó el nivel de su actuación. Entre el canto popular, los pedidos por el regreso de los recordados Mamá Perfecta, los saltos de la gente y los aplaudidos invitados, la celebración de un nuevo año fue para la banda la ocasión de darlo todo. Quizás en mi preferencia de estilos musicales aún no se conviertan en mi banda favorita, pero que definitivamente me hicieron tragarme mis propias palabras, lo hicieron tal cual. Y pocas veces se siente tan bien. (8)

Redactores El Club Del Rock

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Grupo de colaboradores colombianos, méxicanos y argentinos de EL CLUB DEL ROCK.

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