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Crónicas

Combichrist en Argentina

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Segunda visita para la banda fundada por Andy LaPlegua en 2003. Se llevó a cabo un show impecable, cargado de energía al punto de cuestionarse dónde se encuentra el tomacorriente de cada uno de los integrantes de este quinteto que ha logrado la consagración mundial a través de los años.

Tarea difícil, que este medio siempre cumple con creces, la de fotografiar a su frontman que no paró un segundo.

El despliegue de Andy a lo largo de toda la presentación roza lo atlético, haciendo uso del escenario a su antojo acompañando los bits característicos de la música tecno industrial.

PH: Florencia Conde

PH: Florencia Conde

Si había un número indicado para la apertura de su show, era el de Chronnenberg.

Más de diez artistas en escena que complementan la música que ejecutan en vivo con representaciones de un carácter teatral oscuro y sangriento, acompañadas de una estética sumamente cuidada mientras las visuales hacen la suerte de escenografía para completar el cuadro.

Como si su espectáculo no bastara para captar la atención del público que desde temprano se dio cita en Avenida Rivadavia al 7800, algunos de sus performers se supieron mezclar entre la gente para lograr aquello que concretan con mayor eficacia, impactar.

El sonido de Combichrist a lo largo de la presentación fue destacable.

Batería, percusión, guitarra y bajo se suman a las pistas disparadas para aportar un tinte más rockero. Incluso desde la estética y el maquillaje se puede vislumbrar un aspecto más pesado que resulta en una dinámica más que atractiva, incluso para quienes no sean fieles seguidores de esta vertiente.

Luego de una extensa introducción salieron a las pistas con la explosiva “Get Your Body Beat”.

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El mensaje del grupo es simple y directo:

  • Escuchen: vinimos por una razón... Estamos acá para pasar un buen momento con ustedes, y ustedes están acá para pasar un buen momento con nosotros. ¡Un maldito buen momento!

Dijo el también fundador de “Icon of Coil” en medio de “Maggots at the Party”. Razón suficiente para que el grito ensordecedor de los concurrentes se hiciera oír casi tan fuerte como la música.

Presentación contundente para cortar una semana fría en la ciudad de Buenos Aires donde aprovecharon la oportunidad para recorrer su repertorio que ya cuenta con siete álbumes de estudio, donde se destacaron los ya clásicos “Can’t Control”, “Electrohead” y “Fuck That Shit”.

Cronica por: Marcos Lowi

PH: Florencia Conde

Mirá el álbum completo

 

Fotógrafa y escritora argentina. https://www.facebook.com/produccionesflorconde https://www.facebook.com/Florcondefotografia

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Crónicas

Un último concierto para mi muerte - Parte 1

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Siempre debo encontrar alguna excusa para poder escribir con un estilo real, sin temor a que puedan bajarme el pulgar. La sinceridad es como el rock, se puede oler… y sentir. Hoy voy a ser sincero con personas que no conozco, ni conoceré, al menos en este universo. Los lectores.

Siguiendo la línea de sinceridad, quiero aclarar que, si no gustas de la lectura o simplemente entraste buscando noticias, este artículo no es para ti. Te ofrezco mis disculpas.

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Volviendo al foco central

El telón de la vida se cerrará a través de mis ojos. Hace mucho que vengo arrastrando los síntomas de un supuesto aneurisma y he alcanzado el punto más álgido desde que inició el presente mes. Mareos, vértigo, arcadas, dolor de cabeza, tensión en el cuello, dolor detrás de los ojos, etc. Todos esos síntomas coronados por estados graves (mi madre) y muerte de familiares (tíos) a causa de la misma enfermedad. Como se sabe, el aneurisma es una enfermedad altamente congénita. Tengo todos los boletos comprados para ser uno más en la lista y habito en la resignación desde hace unos años, sé que voy a partir; no sin antes pasar el día más feliz de mi vida en un concierto/festival de rock.

No pienso hacer un embole de artículo, está claro que la desgracia propia es el regocijo de gente ajena, pero hasta la ‘tristeza’ cansa. Me siento aturdido las 24 horas del día, no por alcohol, sino por los mareos de mierda que no paran ni cuando duermo. Si me dicen que es imposible marearse mientras estás dormido, entonces confirman mi peligro de extinción. Camino mareado, como mareado, escribo mareado, escucho música mareado, beso mareado, pienso mareado, me ducho mareado y cuando bebo un poco de alcohol, se me pasa. Una picardía. De todas formas, dejé de libar hace un mes, por precaución y miedo, principalmente miedo. No soy yo, no soy feliz. El vértigo y las ganas de vomitar por las noches me convirtieron en todo lo que siempre odié, una persona que no quiere estar en cama.

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Por alguna estúpida razón, nunca he querido que un médico confirme lo que tengo, siento que voy a comprometer a gente que me estima y van a sentirse culpables de no haberme podido ayudar. Busqué información sobre este tipo de conducta y no solo es una rareza mía, mucha gente prefiere vivir en la ignorancia y dejar que la propia enfermedad oculta los mate, antes de morir por depresión o desahucio. He tratado de sobrellevar estos síntomas desde hace 7 años, pero parece que entré en la última etapa. No se puede disimular más y los exámenes son inevitables.

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Ya no se trata de tener algo porqué vivir, sino algo porqué morir. Y si he de morir por algo, que sea rock. Quizá se lea muy novelesco, pero es lo último que quiero hacer. Yo me amo y no puedes engañar a la persona que dices amar porque entonces de los desconocidos, ¿qué puedes esperar? Simplemente quiero divertirme, amar y vivir el momento. Disfrutar de ese día junto a la persona correcta, ella. Comer y beber sin preocuparme por las consecuencias, así quede convaleciente al día siguiente. Gastar, lo que me queda de vida, en el pecado más grande que me permití: Querer vivir por y para la música; que sea rock.

Parece que no cumpliré el deseo de ver a AC/DC en vivo... pero The Strokes e Interpol de seguro tienen su lugar en el iPod de Dios.

Mañana guardo cita médica y la verdad que cualquier diagnóstico, ahora, me sabrá a victoria. Tengo presente que me gusta ganar; y perder no me causará dolor.

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Aquí finaliza la parte 1. Restan 2.
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