Por más tarde que llegue este escrito, se me hacía necesario volver a escribir de un nuevo aniversario Nº 30 de un disco de The Smiths, en este caso la piedra fundamental de la cortísima pero intensa discografía de los mancunianos, la obra trascendental del cuarteto, el súmmum de todo lo que representaban, musical, espiritual e ideológicamente como banda, y más aún, como trágicos representantes de aquellas almas que nunca encajaron, encajan o encajarán en los moldes hipócritas de la sociedad normalista en cualquier época de la humanidad. Si su primer disco significó la irrupción de la discursividad de los rechazados y Meat Is Murder la confirmación de la revolución, The Queen Is Dead (Rough Trade, 1986) es la pieza artística que, a modo de manifiesto filosófico, dio entidad definitiva y acabada a quienes sentían la identificación en las mordaces letras de Morrissey y en las emotivas, vibrantes e inteligentemente sensibles melodías de Johnny Marr, Andy Rourke y Mike Joyce.

¿Por qué referirnos al tercer disco de los Smiths como su obra maestra? Existen, a priori, dos razones: la primera, es que como pocos discos en esta existencia musical, The Queen Is Dead es prácticamente perfecto. De sus diez canciones, ocho con facilidad son considerados clásicos, siete si somos muy críticos con el álbum. Es el trabajo que contiene aquellas canciones esenciales de la banda, tales como Bigmouth Strikes Again, I Know It’s Over, The Boy With The Thorn In His Side, el tema que da nombre al álbum y la inmaculada joya de la marginalidad There Is a Light That Never Goes Out. Cualquier álbum que contuviera semejante conjunto de temas tiene el éxito garantizado. Pero además sucede que los pasajes menos brillantes de The Queen Is Dead siguen siendo magníficos, sean los dinámicos vehículos sonoros del humor ácido de Morrissey (en Vicar In a Tutu, pero más aún en Frankly Mr. Shankly), o en melodías que llevan la calidez de la más pura melancolía (Cemetry Gates, Never Had No One Ever).

La segunda razón es el cúmulo inmenso de sensaciones, emociones y paisajes que transmite el álbum, motivo que convierte a la tercera placa del cuarteto en el estandarte más alto de quienes curten el rechazo social como experiencia diaria. Desde los ataques a la sociedad monárquica conservadurista inglesa (la iniciática The Queen Is Dead, acaparando un título que en realidad iba a ser ‘Margaret On The Guillotine’, para más frontalidad en el mensaje anti-Thatcher) hasta las respuestas a la misma industria musical (Frankly Mr. Shankly tiene como destinatario a Geoff Travis, cabeza del sello Rough Trade, quien no estuvo muy contento del coqueteo entre la banda y la multinacional EMI) y un manejo perfecto del dramatismo literario, romántico y personal, las letras de Morrissey describen vívidamente escenas típicas de las personas dejadas de lado por los parámetros de la popularidad de aquellos tiempos. La banda, por su parte, pinta el escenario más sincero y vibrantemente conmovedor.

Se ha dicho en varios artículos (especialmente a raíz del aniversario Nº30) que The Queen Is Dead es un disco hijo de su tiempo. Musicalmente esto es indiscutible, puesto que no hay muchos trabajos actuales que puedan siquiera emular la emotividad que transportan las canciones, pero al mismo tiempo el mensaje sigue siendo el mismo: siempre va a existir quien te deje de lado, quien no le crea a tu verdadero ser, a quien sólo le importes por la utilidad que te pueda sacar; pero además ese espíritu de nunca decaer, porque así como hay quienes guían sus vidas de manera frívola, también están quienes buscan las cosas más importantes de la vida. Y si no que se lo digan a Morrissey mientras cantaba There Is a Light That Never Goes Out, el himno de los renegados, la bandera de batalla del amor de los desposeídos.

Quizás cargado temáticamente de sombras pero iluminadísimo de belleza artística, talento y sensibilidad, The Queen Is Dead es hoy en día un baluarte para las descaradas almas que se atreven a buscar más de lo que la sociedad les ofrece o les exige. Es posible que el disco, como mencioné antes, sea una fotografía de aquel período (finales de 1985), pero al mismo tiempo se aplica a miles de contextos de hoy en día: aún persisten las monarquías (o los gobiernos republicanos) con tiranía, los momentos en que la soledad y el desprecio te amargan los días, las mentalidades que buscan que toda música auténtica deje de ser arte para ser un comercio; y por el otro lado, todavía existen los libros que nos acompañan en la desolación, las almas que se liberan de las imposiciones sociales y las canciones que nos consuelan el espíritu, o al menos nos invitan a morir bajo las ruedas de un colectivo doble al lado de nuestro más diáfano y puro amor. Para aquellos que nunca encajaremos, hace 30 años se levantó el pabellón más íntegro, la bandera más representativa. Discos así jamás se borran de la vida. Larga vida a The Queen Is Dead.

Puntaje: Imposible puntuar la hermosa perfección.

Redactores El Club Del Rock

Redactores El Club Del Rock

Grupo de colaboradores colombianos, méxicanos y argentinos de EL CLUB DEL ROCK.

5 Comments

  1. Yamilet Hernández
    11/07/2016 at 1:48 am — Responder

    Rocio Hernandez

  2. Angel Fabian Rocha Perez
    10/07/2016 at 10:17 pm — Responder

    El genio Morrisey de los Smiths!

  3. Joe Pasten
    10/07/2016 at 12:32 pm — Responder

    Es un disco excelente!

  4. Waldir MB
    10/07/2016 at 6:41 am — Responder

    Morrisey

  5. Marco Antonio Millan
    04/07/2016 at 2:19 pm — Responder

    El lema era ke muera la reina ke viva quenn

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