Lo normal es escribir para caer bien, radica ahí el secreto de una mayor difusión; no solo en el mundo de la redacción como actividad comunicativa, sino en cualquier cosa que practiques. No es accidental llegar a un público tan amplio en tu primer intento. Me ha pasado infinidad de veces en diferentes campos. Lo hago cuando quiero. El más claro ejemplo de lo que me refiero es la imagen principal de mi artículo; probablemente no le hubieras dado click si en vez de Tongo, aparecía Manuelcha Prado, Augusto Polo Campos u Óscar Avilés (dignos representantes de la música peruana) ¿Me dejo entender? Aunque suene muy trillado, no hay mérito en “llegar”. El verdadero mérito es saberse mantener, lo digo por conocimiento de causa. Ahora el mérito es que te convenza de seguir leyendo el artículo, a pesar de lo complicado que se lee el párrafo inicial.

Cada vez que dedico tiempo a descubrir nuevas bandas musicales en mi país, es inevitable sentirme resignado por el pasado, avergonzado por el presente y con miedo por el futuro. Hace años que trato de librarme de este tema, estoy en constante fuga, pero la frivolidad con que se maneja la música en mi país no me deja. Y como siempre escribo, yo soy de los que prefieren atacar el problema y tentar una solución… no solo criticar, porque eso lo hace cualquiera. No doy nombres propios porque no es la culpa de los 2 o 3 géneros musicales de mayor difusión y mucho menos es la culpa de las 5 o 6 bandas de siempre que hegemonizan todo y se resisten a soltar la mamadera.

Hasta el momento , este artículo es un champagne para un fundamentalista, es sumamente fascinante, efervescente y siente euforia porque comprende un poder tremendo. Nada más alejado de mi idea principal. No pretendo dar armas al que le sobra defensas.

Por un lado, tenemos al músico de nobles principios que respeta y no negocia sus valores; deja de lado el deseo de ser reconocido, avanzando a paso lento e inseguro, esperando (sentado) que lo alcance el futuro y jugando todas sus fichas a que le llegue algún día su tan ansiado golpe de suerte. Tierno, sincero, inocente y transparente son cualidades que suelen resaltarlos. Por el otro lado, existe una figura dominante en todos los campos de la música.  Para algunos, es el prospecto ideal de músico en el país, todos están en su búsqueda constante porque les resulta atractivo. Sin distinción de género. Es lo que añora la mayoría cuando empieza en la industria de la música. Quieren ser así porque esperanzan ser reconocidos y tener una falsa sensación de éxito/superioridad que desemboca en grandes logias y círculos de amiguismo que terminan por adueñarse de la escena musical. Nada más triste que ver en el arte un medio de salvación financiera, ciertamente se puede vivir para ella (el arte)… pero no puedes pretender vivir de ella. Porque “De aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero”. Ese tipo de artistas son el cáncer y protagonistas secundarios de mi artículo. Básicamente es como la dialéctica de Hegel, la que habla de “El amo y esclavo”, al cual tengo el honor de citar.

¿Quiénes son los verdaderos culpables?

El músico vive una suerte de eternidad gracias al público. Lo que nos diferencia de los animales (entre otras cosas), es que estamos pensando constantemente en el ayer y en el mañana, muy a menudo nos olvidamos del presente, del hoy; ellos (los animales) no piensan en lo que hicieron ni en lo que van a hacer. Los animales presumen el cuarto tiempo que plantea la metafísica, el instante. Los animales viven el “instante”.

Ahora ¿Qué carajo tiene que ver eso con la música?

El público peruano en promedio son tipos que viven el instante; no quieren innovaciones, no quieren que le propongan cosas diferentes, no quieren figuras literarias en las composiciones líricas, se quedaron estancados en el tiempo, quieren que las canciones sigan sonando igual que hace 30 años. Basta dar un rápido vistazo de las bandas que ganan las encuestas en los diferentes festivales organizados en el país (Enanitos Verdes, Fabulosos Cadillacs, Enrique Bunbury, Fito Paez, Maná, GIT, etc) ¿Son todos así? No, claro que no, digamos que un 80% del público son tal como los describí y el 20 % restante mueren en la búsqueda constante de nueva música o simplemente se refugian en bandas extranjeras. Ser músico en este país es ir a una guerra en la que sabes que vas a morir. Escribo todo esto desde mi más profundo respeto y admiración hacia los músicos; pero a los músicos en serio, a los que fueron a estudiar música y dedican horas diarias a seguir evolucionando para ofrecer un producto superador. Solo ellos pueden ser llamados músicos; cualquier atrevido ahora cree que es músico porque aprende 7 acordes y tiene una banda. Más respeto por la profesión, la música la puede ejercer cualquier persona porque es una linda terapia que ayuda a liberar tensiones y problemas, pero no se puede autodefinirse como músico alguien que no estudió música y que simplemente no invierte dinero ni tiempo en mejorar su sonido y ejecución. Ahora, ¿Puedes ser músico sin estudiar música? ¡Claro que sí! Pero debes ser un prodigio y créeme, no eres especial. Son pocos los tocados. No suena como una estrategia inteligente querer dedicarse a algo en lo que no inviertes dinero, tiempo ni estudio.

En el mundo del exitismo en el que estamos instalados, cualquier opinión siempre está en función de los resultados, de las ganancias económicas; nunca están en base al desarrollo y cuidado de la música en sí. Es por eso que la música en mi país se resume a los mismos 3 géneros de siempre y a las 5 o 6 bandas de capital ¿Existe otras mejores opciones? Claro que sí, hay gente con talento, poca, pero los hay ¿Entonces por qué no se hacen conocidos? Porque: “…deja de lado el deseo de ser reconocido, avanzando a paso lento e inseguro, esperando (sentado) que lo alcance el futuro y jugando todas sus fichas a que le llegue algún día su tan ansiado golpe de suerte…”. Todo tiene que ver con todo.

Christiam Palacios

Christiam Palacios

Soy el mejor de los peores músicos... Soy el peor de los mejores publicistas... Ahora solo quiero escribir, sin pecar de sensacionalista.

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