Si hay algo que se vuelve un problema en toda banda es eso que llaman ‘madurez’. El paso del tiempo no es precisamente una ayuda para muchos grupos como U2, Red Hot Chili Peppers, Green Day, y un sinfín de etcéteras. Si bien no podemos quitarles el derecho a hacer música, a veces llega ese amargo momento en que se nota que es tiempo de tirar la toalla. El más reciente trabajo de AFI transita peligrosamente la finísima línea entre la desgracia de envejecer y el llevar más de 25 años de existencia con dignidad.

AFI (The Blood Album) (Concord Music, 2017), es el décimo trabajo de estudio del cuarteto que alguna vez comenzó como punk californiano, progresando disco a disco a través del hardcore alternativo, el goth punk, el horror punk y finalmente esa suerte de post-hardcore con gancho pop que MTV dio en llamar emo punk. Y no es que lo hayan hecho mal durante todos estos años, pero ya Crash Love (Interscope, 2009) daba notorias señales de fórmula repetida, que si bien mejoraron en Burials (Republic, 2013), no sirvieron para mantener contento a ese sector de seguidores que aún añora las épocas del exitoso clásico Sing The Sorrow (Dreamworks, 2003).

En su etapa de adultez, AFI transcurre un camino disyuntivo con The Blood Album: regresar al viejo sonido o saltar definitivamente al rock alternativo, en esta fase deudor de influencias como The Cure y el post-punk más reciente, y por ende con más posibilidades de mantenerse comercialmente relevantes. Sí, The Blood Album es más accesible y más contundente en líneas generales que su predecesor Burials, curiosamente con mayores puntos de apoyo en los temas que no son los singles. Pero uno de los problemas transcurre ahí donde la banda sabía tener sus mejores recursos, porque los sencillos no son tan eficaces como antes, y aún así representan la disquisición entre sus días punk y su nueva faceta alternativa con mejores resultados que en sus discos previos.

Puntualmente, esta duda entre punk rock y rock/pop alternativo hasta trasciende el orden de las canciones de The Blood Album, siendo la primera mitad del disco la que tiene más guiños a su vena más relajada, con algunos respiros más aguerridos como Still a Stranger o So Beneath You. No es que no tengan buen oído para lo alternativo (de hecho fue lo que los hizo trascender aún en su cenit hardcore), pero les falta contundencia, sonora o compositivamente, para que canciones como Above The Bridge o Get Hurt no suenen al debut no muy trascendente de una banda nueva. Pasado el ecuador del álbum, aparecen los cortes más fuertes, por lo que no sorprende que Snow Cats y White Room, las cartas más importantes de AFI versión 2017, lleguen aquí.

Resulta también un desacierto la cantidad de canciones elegidas, aún cuando su disparidad sonora pueda constituir un correcto, prolijo y bien armado viaje desde sus referencias más delicadas (si tal término cabe para AFI) hasta sus raíces más oscuras y pesadas. Pero 14 canciones, en una banda que cada vez incluye más temas de relleno en sus discos, no es una buena señal. Lo bueno, además del camino por la historia musical autobiográfico que la banda nos propone, es que al contrario de Crash Love y Burials, estos ‘rellenos’ son bastante aceptables y contienen su cuota de gracia como regla general. Vamos, que hasta Feed From The Floor o Pink Eyes podrían tener su video si se tiene en cuenta que desde Decemberunderground (Dreamworks, 2006) existen canciones así. Salvando posibles lados B como Hidden Knives, Above The Bridge o el desatinado blues punkie de la clausura con The Wind That Carries Me Away, el tracklist es el más coherente en mucho tiempo, éxito de la producción a cargo del guitarrista Jade Puget.

En resumen, AFI (The Blood Album) no es bajo ningún término un mal trabajo, o siquiera un disco menor en esta tercera fase de la banda, iniciada con Crash Love. Por sonido, letras y firmeza compositiva, The Blood Album debió ser el sucesor de Decemberunderground. No obstante, también es el disco que muestra con más claridad que el estancamiento creativo, si bien sorteado o tapado con buena dinámica y gancho, es una realidad cada vez más palpable en AFI. Por ahora, la alarma no es roja y es hasta disfrutable con méritos. Pero debe haber cierta renovación artística si quieren mantenerse relevantes hasta para sus propios seguidores.

Puntaje: 7,80

Sebastian Diaz Guevara

Sebastian Diaz Guevara

Servidor del rock desde mi vocación de Periodista. Seguidor de la buena música desde que Pink Floyd hizo estallar mis oídos. Fanático del metal, el punk, el rock en general, sin géneros ni categorías.

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