Por si no se han dado cuenta, esta parece ser la década de los regresos. Volvió AC/DC para seguir confirmando por qué son una referencia en el rock; volvió U2 para dar otra muestra de que hasta su irrelevancia puede ser disfrutable; hasta Pink Floyd se animó a retornar su nombre para homenajear a Rick Wright con The Endless River y Flema hizo su primer disco de estudio sin Ricky Espinosa; vale de cierta manera contar con Tool y Metallica, quienes a pesar de no dar ni indicios de nuevo material, supuestamente están avanzados. Suede regresó, no ya como el ícono del britpop que supo ser, sino como el grupo de canciones que siempre fueron, inmediato, vibrante, emocionante. Bloodsports hizo lo propio por darles su lugar nuevamente, y aprovecharon el impulso para continuar la vía activa.

Lo importante a destacar no es tanto el hecho de los regresos de nombres relevantes para la música, como los resultados de estos esfuerzos por retomar la gloria pasada. Con The Church quedó claro que la exigencia mínima para estos casos de retorno era volver por la puerta grande. El Bloodsports en ese sentido no fue la vara alta que se esperaba de Suede, sino más bien una correcta vuelta a la música. Se agradece, todo muy bonito, pero hasta ahí nomás, especialmente cuando los mismos músicos se ocuparon de alzar las expectativas diciendo que era una mezcla de Dog Man Star y Coming Up, que no fue tal. Night Thoughts (Suede Ltd., 2016) era su nueva oportunidad de ganarse el trono perdido para Brett Anderson y compañía.

Pues bien, los británicos hicieron bien su tarea de mantenernos expectantes, con teasers misteriosos y cuatro canciones que sin dudas conforman lo mejor del disco. A pesar de todo, los egos gigantes, la presión de la fama y de la industria musical, las adicciones y A New Morning, Suede sigue siendo Suede. Como en Bloodsports pero más efectivo, Suede sueltan canciones con gancho y entretenimiento como si les sobraran, al mismo tiempo que baladas del más puro melodramatismo marca Anderson.

De primeras, Night Thoughts es el disco que debería representar la verdadera vuelta de Suede. Ahora, en profundidad, no es tampoco el momento glorioso en el que redescubrimos al quinteto inglés. Sí, mejora muchísimo las sensaciones de Bloodsports, pero por momentos palidece. Es un álbum hijo de su época, especialmente de la madurez de Suede, pero tiene pasajes en los que parecen ser más adolescentes que en el debut de 1993, sobre todo en las letras de Anderson y en ciertas canciones predecibles y casi prescindibles como I Don’t Know How To Reach You (con ese tremendo aroma a U2) o What I’m Trying To Tell You, ambas en el centro del disco. Por suerte, la instrumentación salva todo.

Justamente ahí es donde reside uno de los puntos fuertes del disco. La banda suena realmente muy bien, conectada, natural y dinámica. Hasta Brett Anderson canta mejor de lo que cabía esperar, incluso cuando en esos particulares segundos cuando se nota que no tiene la voz de su juventud. Muy bueno el trabajo de bajo y batería, especialmente el bajo. Las guitarras tienen momentos de brillantez emocional como en Tightrope, y los teclados de Neil Codling ganan un protagonismo impresionante en cortes existenciales como Learning To Be o la bellísima Pale Snow, llegando a resultar fundamentales para el enérgico sencillo Outsiders (la canción más Suede en muchísimos años).

La banda demuestra un gran nivel, aún cuando aplican una y otra vez su híper-perfeccionada fórmula mezcla de glam rock alternativo sucio y despreocupado con melancolía absoluta, como en Like Kids y No Tomorrow. Pero una debilidad en Night Thoughts son las letras, como mencionamos antes, y la otra que las composiciones tienen períodos de genialidad alternados con otros bastante pobres. Eso se nota en la ubicación del tracklist, que agota lo mejor en los primeros cuatro temas, llega a un bajón importante en el centro y parece retomar sin tantas ganas pero con ideas interesantes al final.

Tampoco es que fuera la primera vez que un disco de Suede tiene canciones que le sobran, hasta Dog Man Star tenía a Black Or Blue. Pero llega un punto en el que I Can’t Give Her What She Wants no es lo suficientemente buena, o la anteriormente referida What I’m Trying To Tell You. Lo curioso es el contraste entre este tipo de canciones y el binomio sinfónico When You Are YoungWhen You Were Young, e incluso con el final inmensamente épico de The Fur & The Feathers que rivaliza con la espectacular Still Life de 1994. Que Night Thoughts tiene buenas canciones las tiene, sí, pero saber cómo ordenar los temas en un disco también hace al resultado.

¿Conclusión? Suede están, ahora sí, y con todo derecho a gritarlo, de regreso. Su grandilocuencia musical se impuso a ciertas limitaciones compositivas y la banda ha dejado un gran trabajo, bien interpretado por todas las partes, aunque no muy cohesivo en calidad canción a canción. Pero el punto está en que recobraron ese ímpetu expansivo, ese afán de impresionar oídos, esas ganas de mostrarse vivos, que Bloodsports no había terminado de condensar. Ojalá Suede no demore en la continuación de este Night Thoughts que, con sus aciertos y errores, prueba qué es lo más importante de un regreso: no es que te haga recordar las glorias del pasado, sino que te haga esperar lo que viene.

Puntaje: 8

Sebastian Diaz Guevara

Sebastian Diaz Guevara

Servidor del rock desde mi vocación de Periodista. Seguidor de la buena música desde que Pink Floyd hizo estallar mis oídos. Fanático del metal, el punk, el rock en general, sin géneros ni categorías.