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Motorama – Poverty: La bipolarización del Post-Punk



Con el debut de Eagulls escribí un par de líneas sobre el momento de revivalismo que atraviesa en la actualidad el género post-punk, sobretodo en esta década, y especialmente partiendo desde el Viejo Continente. Uno de los más celebrados exponentes surgidos en este período son Motorama, el grupo proveniente de Rusia, cuyo debut autoproducido y publicado por ellos mismos, Alps, del 2010, tomó por sorpresa al mundo para bien, en un momento particular y positivo para el post-punk, que sin embargo sigue manteniendo dos corrientes casi históricamente tajantes, entre las cuales esta banda ha quedado prisionera.

Podemos fácilmente hablar de un post-punk que según los pioneros del género a finales de los ’70 y principios de los ’80 tendía más a la oscuridad. Joy Division, Bauhaus o The Cure, como precursores de esa derivación del punk rock británico, incidieron en la tendencia sombría; mientras que la vía emocional, más cercana al jangle pop (e incluso influenciada o asimilada por éste), vio sus exponentes en grupos como The Wake, The Field Mice o los mismos The Smiths, quienes tomando las estructuras y métodos de construcción de canciones propios del post-punk, lo metamorfosearon en algo más accesible, melancólico e iluminado. Pues bien, esta polarización, con todos sus matices y bandas en el medio, es la que termina por definir la disquisición que Motorama parece haber sorteado durante sus casi 9 años de existencia, llegando ahora al punto de cierta oscuridad sonora, simplista y básica, pero parcializada al fin.

Tres años que se hicieron largos han pasado para el regreso del quinteto ruso al formato larga duración, luego de un Calendar que si bien fuese un ejercicio de avanzar en su arista más pop, no tuvo los mismos resultados del estupendo Alps, que matizó estas especies de corrientes del post-punk explicadas más arriba, con excelentes melodías cristalinas, nostálgicas, evocadoras, dinámicas y al mismo tiempo contundentes. Calendar fue la polarización desde el lado pop, con canciones llenas de sensibilidad pero sin tanta fuerza genérica. Y he aquí su reverso bajo el nombre de Poverty, el esfuerzo de los rusos por incursionar en las raíces tétricas desde su ángulo propio. Valga decir en este punto lo válido e incluso escuchable de la tarea, pero también remarcar que llegar a un sonido básico que nunca tuvieron no fue la mejor decisión.

Viaje al centro del ‘ADN post-punk’

Y cómo será de mala decisión la de arrimarse a los rincones más ensombrecidos del post-punk que si bien está como espíritu de todo el disco, no fue tomada muy en serio, y la primera mitad tiene canciones de corte más facilón. Corona, la apertura, se balancea entre lo juguetón de los últimos sencillos del grupo, con menos nostalgia que éstos, lo cual será una constante a lo largo de las nueve canciones del álbum: la innovación del sonido de los teclados, entre experimentales e infantiles, crea nuevos e interesantes toques a la vez que quita esa sensación de añoranza del pasado, aunque resta a la construcción general por abandonar su necesaria labor de ambientación, detalle que aumenta lo oscuro del álbum al sumarle más espacios vacíos. El primer sencillo y segunda canción de Poverty, Dispersed Energy, es la muestra cabal del alma máter de este disco, con un corte más bajo y hosco, contrastado por uno de los mejores momentos del disco, Red Drop, canción que viene a marcar una continuación con Corona y con el costado más agradable, menos tosco y rústico del Motorama modelo 2015.

La bipolaridad del post-punk, idea central sobre la que gira esta reseña, parece visibilizarse en la escisión entre las canciones de la primera mitad, con mayor carga de ganchos pegadizos, y la segunda marcadísima por ese espíritu de rusticidad clásica del género. No es de sorprender que esa primera mitad tenga el segundo sencillo del álbum, Heavy Wave, la canción más cercana a Calendar y a ese último estilo jangle pop, que cobra muchísimo más sentido en el contexto del álbum, aunque sigue sin justificar su decisión como single excepto por, de nuevo, el contexto del disco; en otro álbum no hubiera quedado, y si un sencillo no alcanza el nivel de los demás o apenas lo hace en su propio álbum, estamos hablando de graves limitaciones creativas.

Poverty, o el regresar hacia donde nunca estuvimos

Sí, toca hablar de un tropiezo grande en lo creativo. Canciones como Impractical Advice muestran un trabajo con mejores ideas que Calendar, pero ejecutado con menos gracia y en un inusitado empeño en cierta autorreferencia. Lottery y la recién mencionada como hijas de Special Day, aquel gratificante lado B del single She Is There; Heavy Wave casi un descarte de Calendar; la cercanía entre el sonido de Poverty y el sencillo Empty Bed (junto con su cara B Far Away From The City); pero sobre todo, la contradicción de querer hacer lo mismo pero de diferentes maneras, algo nuevo pero en los mismos métodos de siempre. Lo nuevo aquí es ese volver a lo básico, lugar desde nunca partieron: nunca hubo post-punk básico con Motorama. Y ese salirse de las vertientes base del género era lo que encantaba. Y lo que ahora ha desaparecido en su mayoría, pero que aún con esa ausencia logra funcionar a niveles mínimos.

Entrada la segunda mitad de la placa, se pone de manifiesto la pérdida del exquisito pulso pop del grupo que reaparece en pequeñas dosis y muy puntualmente (Red Drop, Heavy Wave, Lottery). Lo opaco le ganó al corazón pegajoso aquí más que nunca, y es sólo una expresión más acabada de la carencia de emoción en el álbum en general, que sí tuvieron los otros discos y varios de los sencillos. Donde antes las guitarras comunicaban la interioridad con precisión, hoy suenan tímidas o fuertes pero inexpresivas, atropelladas por un bajo que enturbia el sonido donde antes aportaba buenas líneas melódicas, y seguidas de una batería igual de rápida que en Calendar, pero sin los juegos de antes, además de un teclado con más personalidad pero menos espacios. Y aún con los errores cometidos en la elección vertebral del estilo, han logrado canciones que mantienen un nivel aceptable, con lo justo, con lo indispensable, que no termina de dar los resultados esperados, pero que al menos puede conformar al borde del estancamiento, dejando la sensación de ser un compilado de sencillos con sus correspondientes caras B, lo cual hubiese traído mejores resultados.

Tres años esperamos a este Poverty, un disco que consigue el aprobado más por sus buenas ideas bocetadas que por la forma de llevarlas a cabo, que si bien supone más que un retroceso en el estilo, y una cierta limitación representada en la imposibilidad de crear canciones hipnóticas como Wind In Her Hair, Ship o Scars, mantiene lo necesario para ser disfrutable. Si querían ir por la veta oscura, cruda y simplista del género, hay mejores ejemplos incluso en las bandas que surgieron en los años de la popularidad de Motorama, como Soviet Soviet o los extintos Blagodat. Si querían innovarse, de cierta manera lo consiguieron, apostando por un sonido más duro y más enérgico que sus predecesores álbumes, pero que borró mucho de los elementos que enganchaban antes. Son buenas canciones que merecieron más sentimiento, más paciencia, más alma y menos fuerza. Pero siguen siendo buenas a pesar de todas estas carencias, lo cual determina que Motorama son buenos arquitectos de canciones, aunque cada vez con más notoriedad, peores albañiles de su música.

Puntaje: 6,50



Sebastian Diaz Guevara

Sebastian Diaz Guevara

Servidor del rock desde mi vocación de Periodista. Seguidor de la buena música desde que Pink Floyd hizo estallar mis oídos. Fanático del metal, el punk, el rock en general, sin géneros ni categorías.