Desde que asistí por primera vez al festival Vivo x el Rock 3 en el parque de la exposición y con la banda argentina “Rata Blanca” como cabeza de cartel, se podía sentir una atmósfera distinta a otros eventos en el Perú. Para la edición 4, la organizadora mostraba signos de correr cuando debía gatear, y para la edición 5, cambiando de recinto al gran Estadio Nacional y con la inclusión de su primera banda invitada de habla no hispana (P.O.D) era evidente que no se mantendrían en ninguna zona de confort, y que la organizadora no se pondría un techo. En ese momento ya teníamos un festival.

Para la edición 6 se volvería a cambiar de recinto (en este caso sería el estadio de San Marcos), y se intentaría traer un formado nunca antes planteado en territorio peruano: el contar con 4 escenarios, además de traer a más de 40 bandas en un evento sin precedentes. Esta vez corrieron tan rápido que terminarían cayendo de cara al piso. Los motivos ya son de sobra conocidos, y la promesa de resarcir los daños ya estaba pactada.

Luego de un retorno triunfal para la edición 7 (a la cual no pude asistir), se anunciaría que para el “vivo 8” regresaríamos a San Marcos, esta vez solo con 2 escenarios. Era la prueba de fuego y el momento de poner en práctica todo lo aprendido hasta el momento para borrar de la memoria colectiva el fracaso de la versión 6. El resultado: la muestra de una organizadora totalmente madura, con mucho respeto al público en temas de ingreso, seguridad y calidad musical, y con un cartel que no tuvo nada que envidiar al de otros eventos de la región. Finalmente podemos decir que el festival “Vivo x el Rock” encontró su norte y se consagró como el verdadero “festival más grande del Perú”, con creces y sin tener que decirlo ellos mismos.

Sum41 – Foto por Anthony Niño de Guzmán

 

MÁS DE 15 HORAS DE ROCK

Este evento contaría con más del 80% de su line-up conformado por bandas extranjeras. Abrieron el evento los nacionales de 6 Voltios, Líbido, Amén y Mar de Copas, quienes se encargarían de recibir al público que desde tempranas horas se dieron cita y que ingresaron sin mayores problemas.

Para la 1:00pm ya tendríamos sobre el escenario a los conocidos mexicanos de División Minúscula quienes agradecieron el apoyo de su sólida legión de fans nacionales. Inmediatamente después se empezó a escuchar los primeros acordes de la banda de Nu Metal “Ill Niño” (los cuales podrían haber sido estelaristas de cualquier otro Vivo x el Rock, lo que demuestra la calidad musical que este festival nos presenta edición tras edición), y el regreso a la tierra que vio nacer a su baterista y fundador Dave Chávarri, quien emocionado podía tocar frente a sus compatriotas luego de varios intentos fallidos de traerlos.

La música latinoamericana se sintió unos minutos después gracias al grupo colombiano Aterciopelados, quienes tocaron sus mejores temas, entre ellos el recordado Bolero Falaz acompañados del dúo peruano Alejandro y María Laura. Lo siguió el mexicano José ‘pepe’ Madero, quien aprovechó la ocasión para tocar temas propios, y dejando a un lado su faceta como vocalista histórico de la polémica agrupación Panda.

Era el momento de uno de los grupos estelares de la velada, los estadounidenses de Hoobastank, que llenaron el estadio con su energía, e hicieron revivir grandes momentos de la adolescencia, especialmente por el aclamado single ‘The Reason’, la cual fue la (única) más coreada de su presentación.

La melancolía vino departe del extraordinario Miguel Mateos quien no ha perdido las energías, y como era de esperarse logró hacer cantar al respetable con sus grandes éxitos de oro.

A partir de aquí tuvimos la presencia de los esperadísimos canadienses de Simple Plan que por primera vez se presentarían en un festival peruano, y que con temas como Shut Up, Crazy y Perfect se “metieron” al público al bolsillo. Luego tuvimos a Sum 41 que con cada gesto y cada “motherfuckers” hacia el público hacía explotar la zona campo. Se rescata además el cover que se le dio a los clásicos temas We Will Rock You y Paranoid de Queen y Black Sabbath, respectivamente.

 

Era el turno de Garbage, los cuales tocaban por primera vez en nuestro país, y quienes  recibieron el cariño de su fanaticada peruana que coreaba cada uno de sus temas. La respuesta de ellos y de su frontman Shirley Manson fue entregar el 100% de su energía en cada canción.

Era hora de darle el recibimiento a nuestro querido argentino Fito Páez, quien dio una presentación espectacular. La entrega de artista y público fue tal que se sentía en el ambiente. Temas coreados de principio a fin, que fueron retribuidos con el amor que esta leyenda de la música sudamericana siempre nos da.

El ambiente dio un vuelco de 180 grados al aparecer segundos después de nuestro querido Fito, a la banda de metal alternativo Papa Roach, que desapareció de una patada el feeling que reinaba el estadio para dar paso a los pogos y circle pit que se dibujaron en toda la zona campo. Temas como Between Angels an Insects, To Be Loved, Blood Brothers (que me hizo recordar a mi adolescencia cuando jugaba Tony Hawk en PS1) y el infaltable Last Resort dejaron a los asistentes con las gargantas inflamadas. Probablemente la mejor presentación de la noche.

Seguidamente Vicentico y los Fabulosos Cádillacs  trajeron la rumba con sus clásicos temas como Malbicho, Matador, Calaveras y Diablitos y El Satánico Dr. Cadillac, y mantuvieron de pie a todos (incluidas las tribunas), bailando al compás de sus entrañables singles.

La calma regresó con la banda por la que casi todos fueron: The Cranberries. El público entregado a Dolores que siempre con sus infaltables pasitos de baile y tu espectacular voz dejó al público extasiado. Sorprendente la energía del público que para esas horas de la noche aún contaban con deseos de hacerle sentir a la banda el cariño que les tienen. Los temas a resaltar fueron Animal Instinct, When You’re Gone, Ode To My Family y el legendario Zombie.

Ya para casi las 2 de la mañana se podía ver a la gente retirándose. Ello mientras iniciaba su presentación Scott Stapp, vocalista de Creep, quien a base de una espectacular presentación logró hacer que varios nos mantuviéramos unos minutos más en el recinto. Una pena la hora en que se presentó, puesto que fue junto con Papa Roach la performance más sólida y espectacular. Por lo menos aplausos no le faltaron.

La velada cerró con Los Pericos y Gondwana quienes fueron prácticamente los que se quedaron con sus fans más fieles, puesto que la hora y las energías ya se habían agotado.

 

LO BUENO

La organización. Sabían que estaban frente a la mejor ocasión de volver a ganarse la confianza de los rockeros peruanos. No decepcionó. Comidas para todos los gustos, bebidas a buenos precios, una mejora en el sonido a comparación de la edición pasada, agentes de seguridad no prepotentes y sobre todo el respeto de los horarios y el ingreso del público desde temprano.

Cada vez menos bandas del recuerdo. Es un hecho que el peruano siempre escuchará música de sus anhelados 80’s y no hay nada de malo en darles unos espacios. Pero en ocasiones pasadas ya abusaban dándonos a medio line-up conformado por cantantes del recuerdo. Ya era hora de traer bandas contemporáneas, o por lo menos que se mantengan activas, tal cual fue en esta ocasión.

La distribución de bandas. Supieron administrar los horarios, permitiendo a la gente tomar respiros cuando era necesario, y en los momentos en que el público podría haberse sentido aburrido pusieron a las bandas más carismáticas, lo que permitía que los grupos menos conocidos se encuentren con un público animado en vez de medio dormido.

El Line-up. Vivo por el Rock genera una gran expectación debido a que cartel traerán en sus ediciones futuras. Esta vez se lucieron. Un desfile de artistas de talla mundial tocando lo mejor de ellos para los peruanos es algo que debe volverse costumbre.

LO MALO

El estadio. Eso no es culpa de la organización, pero es un punto a tenerlo en cuenta. El estadio de San Marcos es lamentable. Tribunas que no están diseñadas para albergar personas más de 10 horas, un campo en pésimas condiciones que no ayudaban al descanso de los asistentes, huecos y tierra por donde camines hacia un lugar que debe ser remodelado urgentemente.

Pantallas gigantes. Más espacio se le dio a una sola publicidad que a las pantallas gigantes. ¿Quien se siente cómodo viendo una pantalla vertical? Estéticamente mal, y una broma de mal gusto para los asistentes que se encontraban a grandes distancias.

Huecos en las tribunas. El tema de la asistencia suele ser variable por culpa de la reventa y la impuntualidad de las personas, pero para las 8 de la noche aún habían tremendos espacios en las tribunas, lo que me dejó pensando si esas alertas de agotamiento de las entradas que se informa en sus páginas de facebook sea real, y no una medida publicitaria para apurar a la gente a que compre sus boletos. No quedó muy bien para la foto.

Escenario con poca originalidad. El festival ya está. Hay que darle algo de personalidad al evento. Como que se ve muy simple sus dos escenarios juntos, con juegos de luces sin mayores gracias, pantallas internas sin interactividad alguna y más marcas comerciales que otra cosa. Se entiende lo de la publicidad, pero  eran tan grandes que no permitían concentrarse en el artista de turno.

Colaboradores

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Grupo de colaboradores colombianos, méxicanos y argentinos de EL CLUB DEL ROCK.