Parece que cada año pasa más rápido que el anterior, y el soundtrack de ese tiempo nos deja siempre un curioso sabor de boca. El 2013 fue para Perú un año bien movido, al menos musicalmente: artistas salían a las calles a protestar, conciertos presentaban problemas, el tema de APDAYC que terminó en el Congreso. Todo esto sucedió con un solo propósito que, curiosamente, también es mi principal reflexión anual: mejorar la escena musical del país.

Empecemos por el tema de los conciertos. Este año no hubo el «megaconcierto» (a excepción de The Cure). Los artistas de primera plana y talla mundial estuvieron relativamente ausentes, al menos en el campo del rock. Sí, sé que estuvieron acá The Offspring, Alice in Chains, Incubus o Blur; pero digo que estuvieron relativamente ausentes porque ninguno levantó la expectativa que, por ejemplo, ya ha levantado Metallica. El que más clasificaba era Incubus, pero qué sucede con la publicidad. No pueden tratar de vender un concierto así por lo bajo. Incubus te llena estadios (acá un ejemplo), pero en Lima tenemos que mandarlos al Parque de la Exposición. Es cierto, es una bandaza, pero suceden dos cosas: primero, poca gente los conoce. ¿Por qué? La respuesta está en la radio, el negocio ha opacado a la música y el monopolio está destruyendo nuestro oído. Segundo, la producción no se esfuerza por darlos a conocer, el concierto fue un fantasma mediático.

Mucho se ha hablado de la «cultura de conciertos» en Perú, siempre con una gran queja mediante. Ahora último el tema estuvo en boca de todos por dos acontecimientos realmente penosos: la cancelación de los conciertos de Black Sabbath y Kings of Chaos (a.k.a. Slash y sus amigos).

Me parece bastante injusto que se culpe al público del craso error empresarial que significaron esos conciertos. Es como que intente vender un producto, no me lo compren, y le eche la culpa a la clientela; no es así, una de dos: o mi producto es malo o no supe venderlo. En este caso es lo segundo. Me explico: yo puedo tener toda la «cultura de conciertos» que quieran, detesto la piratería, no le compro a revendedores, pogueo a más no poder; en fin, todo eso no va a hacer que mi billetera crezca mágicamente. El asunto es sencillo, no puedes exigirle a un público que tiene muchas responsabilidades gastar todos sus ahorros en un concierto carísimo. Si bien es cierto que el «boom empresarial» se ve reflejado en los artistas que traen, eso no se transmite a la economía familiar. La gente sigue sin plata.

Esto ha sido una constante desde que Alfonso Ugarte se tiró del morro con su caballo; sin embargo, resalta el asunto este 2013 agonizante porque la música fue muy politizada. Hace un rato dije que una posible solución sería que la radio eduque a la gente, y no es que tenga algo en contra de otros géneros, sino que un poco de variedad no haría daño. Seguimos escuchando los mismos temas de las mismas bandas desde los ochentas. ¿Qué sucedió? Una iniciativa para incorporar una cuota de rock nacional en la radio.

El proyecto llegó hasta el Congreso y un montón de gente lo apoyó… yo lo apoyé. Sin embargo, meses después, la chamba de Útero de Marita desenmascaró toda una red de corrupción en la industria musical: el famoso #intervenganApdayc . ¿Qué tiene que ver con los conciertos y la cuota de radio? Bueno, el difundir el rock nacional eventualmente abriría una ventana para más y mejores conciertos, una escena musical competitiva en el Perú. Resulta que la iniciativa fue, hasta cierto punto, saboteada. Al final no obedecería a los intereses de los músicos, sino de algunos empresarios (más información aquí).

Ya ven que este año la música estuvo recontra politizada. Si bien es cierto que no triunfó al cien por ciento, todo esto ayuda muchísimo. Ahora el arte está en agenda, qué mejor que eso. Es un proceso lento, pero poco a poco vemos sus frutos. Hace 10 años ni siquiera soñaríamos con tener la décima parte de conciertos que hemos tenido este modesto 2013.

El catálogo rockero de este año fue bien variado, tanto en español como en inglés tuvimos mucho que escuchar. Para nombrar algunos: Jamiroquai, The Cure, Cannibal Corpse, Morrisey (y su penne atomatado), The Offspring, Alice in Chains, Blur, Ringo, Incubus. Y en español: Christina Rosenvinge, Rata Blanca, el regreso de Los Saicos (¡!), Los Fabulosos Cadillacs, Andrés Calamaro, Jarabe de Palo, etc.

Mi conclusión es positiva; al final, las cosas buenas o malas que sucedieron este año solo fueron una ventana para que otras mejores sucedan el 2014. El balance no es malo para nada, y si empecé con una revisión de lo más polémico fue para que sepan que estamos avanzando, que si bien nos perdimos a Black Sabbath y Kings of Chaos, la lección tiene que quedar aprendida y lograr los próximos conciertos. Porque el próximo año se viene Metallica, Soundgarden y Bunbury, solo para empezar. Buena excusa para alegrarse, ¿no?

Feliz navidad, muchachos… y pásenla de putamadre en año nuevo.

Manuel Patiño / Twitter: @cronopioide 

Redactores El Club Del Rock

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