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Críticas y opinión

El comercio de los discos es un negocio apetecible

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La compra y venta de LP (Long Play) representa una inversión provechosa para los proveedores de estos antiguos contenedores de música, las sumas pueden superar los ocho millones de pesos.

El negocio de los discos compactos y los LP se ha vuelto un atractivo para los coleccionistas y melómanos que diariamente recorren las calles del centro de la capital en busca de álbumes históricos o clásicos, de los cuales pueden llegar a invertir millones de pesos. Este tipo de adquisiciones no es algo nuevo, de hecho este intercambio se realiza desde los años 50 y en Colombia desde los 70 cuando las empresas disqueras norte americanas y británicas comenzaron su distribución a nivel mundial.

Cada vez son más los compradores interesados en colecciones antiguas, bien sea por negocio o por el lujo de obtener los clásicos de la música, pero de manera desbalanceada se están acabando las tiendas que distribuyen estos objetos. El caso de Prodiscos, la primera distribuidora de música en el país cerró sus puertas en el año 2013 por el repentino cambio que presentó su competencia al renovar la forma de venta de sus discos con la red virtual Internet.

Julio Castañeda es un productor musical, comerciante y profesor de los estudios de grabación Bass System en Bogotá, quien afirma que el negocio de los lp y los discos compactos no está muriendo, al contrario, está tomando fuerza ya que existen pocas distribuidoras de este negocio, sin embargo hay coleccionistas que recolectan estos productos en cantidades para su nueva comercialización. Este productor tiene una visión frente a este negocio, espera que los medios de comunicación sean el conductor directo para promover este tipo de adquisiciones y así continuar con el comercio de los lp.

En Bogotá se pueden encontrar tiendas especializadas en este negocio, por ejemplo en la avenida 19 entre calles 8va y 9na existe un centro comercial dedicado al tema en cuestión. Victor Rodríguez es un comerciante de este sector de la ciudad, él  confiesa que la base de su negocio son los discos de música clásica, baladas, protesta y son cubano. Las personas interesadas en esta clase de música son coleccionistas que llevan más de 20 años en el negocio y afirma que estos compradores han pagado más de 5 millones de pesos por los discos que son de lujo, en buen estado o de ediciones especiales.

Por eso es necesario estar informado sobre los precios de los Lp si se intenta vender o comprar estos discos. La información puede hallarse en páginas de internet y los precios varían por las temporadas, sin embargo existen datos estandarizados que servirán de guía para estas inversiones.

Entre los discos más caros de la historia se encuentra en “God Save The Queen”/No Feelings”, que es un sencillo de la banda Sex Pistols, el valor de este disco rodea los ocho millones de pesos. El White Album de The Beatles es de los álbumes más deseados de esta celebre banda, el precio rodea los cinco millones, seiscientos cuarenta y ocho mil pesos. Y por último el “Bohemian Rhapsody/I´m love whit my car” de la banda Queen, el valor de este álbum rodea los cuatro millones de pesos.

“El fruto de la música se ve reflejado en la venta de los Lp”, así lo afirmó Christopher Davis, músico, promotor del estudio de grabación Sonido y Café y coleccionista de álbumes históricos. Él acepta que el negocio de los discos es para personas especializadas, considera que la música antigua es la base de este intercambio por la nostalgia que se tiene al acetato y este es el factor sorpresa para “hacer el gasto millonario” por lps clásicos.



5 Comentarios

5 Comments

  1. Mustang BlackFlames

    26/01/2015 at 12:49 am

    Sin embargo la pirateria se esta comiendo a este negocio, o al menos en mi pais, ya que mucha gente prefiere descargarla por internet gratuitamente, o por medio de programas como atube cacher, o comprar los discos piratas, y aparte aqui uno se altera porque son caros, los pocos que he comprado me han costado entre 100 a 200 pesos mexicanos, y si uno se da cuenta hay discos de otros generos como pop, banda o regeton que inclusive son lo doble de caros, pero bueno, no es lo mismo presumir y gozar un pirata que un original.

  2. Amoral Cine

    25/01/2015 at 7:37 pm

    la verdad los discos son una maravilla, y apoyamos lo original

  3. Pancho Escobar

    25/01/2015 at 6:27 pm

    puya que bien se mira eso me gustaria entrar en una tienda asi de nuevo se siente bien cuando uno compra material original pero eso quedo en el pasado ya no hay tiendas de discos por lo menos en mi pais

  4. Ricardo Ulloa

    25/01/2015 at 5:13 pm

    Ya casi nadie compra, ya ni siquiera los DVDs, el internet está matando todo

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Críticas y opinión

Un último concierto para mi muerte – Parte 1

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Siempre debo encontrar alguna excusa para poder escribir con un estilo real, sin temor a que puedan bajarme el pulgar. La sinceridad es como el rock, se puede oler… y sentir. Hoy voy a ser sincero con personas que no conozco, ni conoceré, al menos en este universo. Los lectores.

Siguiendo la línea de sinceridad, quiero aclarar que, si no gustas de la lectura o simplemente entraste buscando noticias, este artículo no es para ti. Te ofrezco mis disculpas.

Volviendo al foco central

El telón de la vida se cerrará a través de mis ojos. Hace mucho que vengo arrastrando los síntomas de un supuesto aneurisma y he alcanzado el punto más álgido desde que inició el presente mes. Mareos, vértigo, arcadas, dolor de cabeza, tensión en el cuello, dolor detrás de los ojos, etc. Todos esos síntomas coronados por estados graves (mi madre) y muerte de familiares (tíos) a causa de la misma enfermedad. Como se sabe, el aneurisma es una enfermedad altamente congénita. Tengo todos los boletos comprados para ser uno más en la lista y habito en la resignación desde hace unos años, sé que voy a partir; no sin antes pasar el día más feliz de mi vida en un concierto/festival de rock.

No pienso hacer un embole de artículo, está claro que la desgracia propia es el regocijo de gente ajena, pero hasta la ‘tristeza’ cansa. Me siento aturdido las 24 horas del día, no por alcohol, sino por los mareos de mierda que no paran ni cuando duermo. Si me dicen que es imposible marearse mientras estás dormido, entonces confirman mi peligro de extinción. Camino mareado, como mareado, escribo mareado, escucho música mareado, beso mareado, pienso mareado, me ducho mareado y cuando bebo un poco de alcohol, se me pasa. Una picardía. De todas formas, dejé de libar hace un mes, por precaución y miedo, principalmente miedo. No soy yo, no soy feliz. El vértigo y las ganas de vomitar por las noches me convirtieron en todo lo que siempre odié, una persona que no quiere estar en cama.

Por alguna estúpida razón, nunca he querido que un médico confirme lo que tengo, siento que voy a comprometer a gente que me estima y van a sentirse culpables de no haberme podido ayudar. Busqué información sobre este tipo de conducta y no solo es una rareza mía, mucha gente prefiere vivir en la ignorancia y dejar que la propia enfermedad oculta los mate, antes de morir por depresión o desahucio. He tratado de sobrellevar estos síntomas desde hace 7 años, pero parece que entré en la última etapa. No se puede disimular más y los exámenes son inevitables.

Ya no se trata de tener algo porqué vivir, sino algo porqué morir. Y si he de morir por algo, que sea rock. Quizá se lea muy novelesco, pero es lo último que quiero hacer. Yo me amo y no puedes engañar a la persona que dices amar porque entonces de los desconocidos, ¿qué puedes esperar? Simplemente quiero divertirme, amar y vivir el momento. Disfrutar de ese día junto a la persona correcta, ella. Comer y beber sin preocuparme por las consecuencias, así quede convaleciente al día siguiente. Gastar, lo que me queda de vida, en el pecado más grande que me permití: Querer vivir por y para la música; que sea rock.

Parece que no cumpliré el deseo de ver a AC/DC en vivo… pero The Strokes e Interpol de seguro tienen su lugar en el iPod de Dios.

Mañana guardo cita médica y la verdad que cualquier diagnóstico, ahora, me sabrá a victoria. Tengo presente que me gusta ganar; y perder no me causará dolor.

Aquí finaliza la parte 1. Restan 2.
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