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30 años de Meat Is Murder: El día después de la revolución



Hace casi dos semanas se cumplió el aniversario número 30 del disco Meat Is Murder (exactamente el 11 de febrero), segunda placa de los británicos The Smiths. Publicado apenas un año después de su atemporal debut autotitulado, este segundo trabajo del cuarteto mancuniano no corre quizás la misma suerte de cariño que los sucesivos The Queen Is Dead o el telón final de Strangeways, Here We Come, que supieron forjar la popularidad final del grupo y sumar ambas placas al menos diez canciones clásicas. En Meat Is Murder no hay mucho de esa efectividad compositiva que llegaría más tarde, incluso los sencillos no aparecieron en gran cantidad en aquel 1985 ni hubo compilado de sus canciones singles y sus correspondientes lados B como sí sucedió en 1984 con Hatful Of Hollow. ¿Entonces por qué recordar a Meat Is Murder? Por una simple razón: si el debut de 1984 supuso una irrupción inmensa en el panorama musical, proveyendo de un refugio para los marginados al borde de la sociedad, Meat Is Murder es el día después de la batalla ganada. La revolución concretada y el presente desafío de mantener la victoria a sabiendas que el gran esfuerzo ya se hizo.

Sí, los rechazados ganaron esta vez. O al menos eso pareció en aquel 1984, cuando a diferencia de la ficción de George Orwell, la historia parecía tener un final feliz o cuanto menos un presente de reconocimiento para todas aquellas personas que por una razón u otra no entraban en los parámetros de normalidad social de esa época, personas que vieron su reflejo en Morrissey cantando ‘podremos estar vestidos con harapos pero tenemos algo que ellos jamás tendrán’. Sí, los marginados dieron su lucha de forma inesperada y triunfaron. Ahora toca mantener esta revolución en el primer día después del impacto. Aquí es donde aparecen las nueve canciones de Meat Is Murder, con una impronta menos personal que el disco The Smiths, menos urgente y filoso, pero más reflexivo y comenzando su veta más expresiva a nivel universal, con letras que si ya desde el debut podían amoldarse a muchas almas, ahora llegarán más lejos, cohesionadas por un planteo musical no tan efectista pero sí más cuidado e inteligente.

En las líneas anteriores expresé que la importancia de este segundo álbum es porque representa el día después de la revolución victoriosa. Y esto desde el principio implica que las mejores armas ya se usaron: canciones enormes como Hand In Glove, Still Ill o You’ve Got Everything Now constituyeron un nuevo escenario dentro de un panorama musical cada vez más tendiente a lo excesivo (recordemos que eran los años ‘80). Queda entonces hacerse a la idea de que no hay canciones que tengan un impresionante nivel como What Difference Does It Make, pero sí abrazar temas de muy buena factura como la inicial The Headmaster Ritual, I Want The One I Can’t Have o Well I Wonder. Quizás el impulso de la genialidad no encuentra muchos espacios de manera tan instintiva como sí en el primer álbum, pero la construcción de canciones suple esto con melodías más trabajadas, ritmos innovadores y una delicada producción a cargo del grupo y de Stephen Street que consigue corregir los desfasajes de crudeza y sonidos limpios de su antecesor, logrando mayor cohesión y un sonido más pulido, acorde a la aguerrida delicadeza del grupo.

Aquí también es donde comienza la seguidilla de letras con carácter más general, reemplazando a las personalistas letras del primer disco. Donde Morrissey desplegaba su mirada propia sobre el amor, la paternidad, su sociabilidad y los ‘asesinatos de los páramos’, ahora hará lo suyo con temáticas como el maltrato infantil (The Headmaster Ritual, Barbarism Begins At Home), críticas sociales (el cantante afirmando que quiere ‘tirarle sus pantalones a la reina’ de Inglaterra en Nowhere Fast), las aventuras y desventuras en el amor (Rusholme Ruffians, Well I Wonder), ese mismo amor que le hace decir ‘quiero a la única persona que no puedo tener, está escrito en mi cara’ (I Want The One I Can’t Have), o el veganismo (Meat Is Murder, con sonido de sierras eléctricas y vacas incluido).

Pero la riqueza de estos textos melancólicos, punzantes y en algunos pasajes desgarradores, no llegaría a calar tan hondo si no fuese por el despliegue emocional sonoro que acompaña a la voz. Johnny Marr, guitarrista y compositor de la parte musical de la banda, se postula aquí como artesano de melodías mucho más expresivas que en el disco anterior, creando canciones que vehiculan de manera mucho más natural a las letras, con una labor mucho más osada y aventurera de la banda en general, que suena más atrevida, más orgánica y soberbia, sin olvidar que su rol es el de la banda de outsiders, aunque no con el mismo pulso pop vertido en el primer disco. Es lógico, ya se habían ganado un respetable reconocimiento con el público demostrando su esencia marginal de forma visceral. En concreto, un grupo que desde lo musical se ve a sí mismo sin la necesidad de demostrar de qué son capaces, concretando canciones más maduras aunque no tan vibrantes. La revolución ya se consiguió, por qué no calmarse ahora y seguir.

En resumen, Meat Is Murder puede no ser el mejor álbum de The Smiths, o el que mayores sencillos haya logrado, o aquel con el que te enamores de la banda. Pero es aquel disco que te reafirma como seguidor del cuarteto: el primero cumplió con su misión de comerse al mundo, de mostrarle a la sociedad un nuevo ideal, una nueva perspectiva vital, un lugar donde podías estar sin ser echado; y este Meat Is Murder es la concreción iniciática del sueño, la muestra de que el milagro de que te encuentres a una banda como The Smiths no es una fantasía sino algo real, aspecto que luego se hará aún más firme en ese inmenso trabajo titulado The Queen Is Dead. Es el primer día después del triunfo revolucionario, ahora toca construir el nuevo sendero. Estas nueve canciones son ese nuevo sendero.

Puntaje: 9



Sebastian Diaz Guevara

Sebastian Diaz Guevara

Servidor del rock desde mi vocación de Periodista. Seguidor de la buena música desde que Pink Floyd hizo estallar mis oídos. Fanático del metal, el punk, el rock en general, sin géneros ni categorías.

1 Comment

  1. Jesus Stalone
    27/02/2015 at 7:03 am — Responder

    Smiths, :’3 <3 daria todo por ellos :'3

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