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Crónicas

Cultura Profética celebra 20 años de carrera en la CDMX

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20 años se dice fácil, es un concepto en el que para un individuo, representan su niñez y adolescencia, justo antes de llegar a la mayoría de edad, ser legal en todo el mundo y tal vez vivir la vida loca sin algún tipo de restricción, para muchos otros, los primeros 20 años de existencia son los que realmente valen la pena en la vida, no lo sabemos con certeza, pero lo que sí tenemos en cuenta es que para Cultura Profética, esta celebración con su gira del 20 aniversario de su existencia ha sido un viaje que ha significado muchas cosas, y pudimos experimentarlo en carne propia.

Ya habíamos tenido la oportunidad de saborear un poco de este tour tan significativo para Willy Rodríguez y compañía en la pasada edición del Vive Latino de este año, sin duda una de las mejores presentaciones del festival. Pero lo que se vivió el pasado sábado 12 de noviembre en el Pepsi Center del World Trade Center de la Ciudad de México tal vez ha sido y será el mejor show de los oriundos de San Juan de Puerto Rico.

Ya eran las 9 de la noche en punto cuando el staff del lugar interpuso las cortinas negras del telón entre el público y el escenario que ya estaba listo. El Reggae no pasaba de sonar en las entrañas del Pepsi al que, no paraba de ingresar gente de todas las edades y de todo tipo de gustos musicales, desde metaleros, amantes del Ska, hasta modelos. Mucha gente se dio cita en el lugar al que francamente su servibar es la primera vez que ha visto a reventar. Pasaban 15 minutos de la hora pactada, el telón se abrió y sobre las pantallas del back se proyectó un cortometraje que resumió la trayectoria y los 20 años de la banda. Entre gritos y aplausos, Cultura Profética invadió el escenario.

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Cultura Profética | Foto: Raquel Coss

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Cultura Profética | Foto: Raquel Coss

Rimas pa’ Seducir, La Complicidad, Por Qué Cantamos, Lucha y Sacrificio y Soldado iniciaron con todas las vibras esta celebración. Aquellas que llegan hasta las terminaciones nerviosas más delgadas de nuestro ser. La hipnosis se había apoderado del lugar, nadie sabía lo que estaba sucediendo, pero en definitiva lo sentían. Rodríguez se dio un tiempo para saludar y agradecer al público por su presencia; General A, General B, Gradas y Palcos, todo estaba a reventar.

Ese extraño fenómeno se tradujo en un baile comunal, toda la pista y demás lugares se mimetizaron en un solo individuo, experimentando el mismo trance que era potencializado por los visuales de la banda. Calaveras, dientes de león, peces; todos con una introspección de sus mismos conceptos, simplemente de otro mundo. Suelta Los Amarres, Ideas Nuevas, No Me Busques, Para Estar, Amante Luz, De Antes y Días Intensos continuaron en el repertorio de Reggae Roots.

Rodríguez se vio contento durante todo el show, ya habían tenido un par de fechas en el país y a pesar de que la banda se veía un poco cansada, su actitud no se vio mermada. Willie pidió a todos los que estaban fumando que ya no lo hicieran; esto por la cuestión del lugar cerrado y de la misma fatiga del grupo. Recordó también la íntima y grata relación entre México y Cultura Profética, así de cómo ésta ha influenciado a la sociedad en su natal Puerto Rico. Nadie Se Atreve, Ritmo Que Pesa, Sube El Humo, No Me interesa, Le Da Igual e Ilegal continuaron la sesión.

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Cultura Profética | Foto: Raquel Coss

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Cultura Profética | Foto: Raquel Coss

Había llegado la hora del final, o por lo menos así comentó Rodríguez no sin antes promocionar la venta de su mercancía oficial ubicada dentro del lugar, invitó a todos los presentes a no comprar piratería, aunque ésta fuera de gran calidad y en cambio apoyar al grupo, sobretodo adquiriendo la playera del tour de 20 años. Canta Prende y Sorprende elevó los bríos de todos. El trance agarró más fuerza y Willie quien en un momento parecía director de orquesta haciendo cantar al público elevó aún más el sentimiento de este concierto. La banda se despidió pero se quedó a medio camino.

“¿Quieren una canción más?”, preguntó Willie Rodríguez a un Pepsi Center que no tuvo que responder nada, la vibra habló por sí misma. Si durante todo el concierto se pudo percibir una hegemonía increíble, lo que sucedió después fundió aún más a todos los presentes. La Espera, Un Deseo y Música Sin Tiempo iniciaron lo que se convirtió en un coro hasta el final.

Inspiración, Verso Terso y Bieké fueron bailadas y cantadas como si cada una de estas fuera la canción escogida para darle punto final a una noche casi perfecta. Estaba sucediendo el clásico de que si algo es bueno dura poco, porque eso es justo lo que experimentábamos, que sólo había pasado un parpadeo desde que el telón se abrió.

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Cultura Profética | Foto: Raquel Coss

“Creo que esta ya es la última canción, nos han dicho que tienen que cerrar el lugar. Pero bueno, ¿con quién tenemos que hablar para que nos deje tocar una canción más?”, comentaba Rodríguez al mismo tiempo que la banda abandonaba sus instrumentos. Fue en ese instante que mandaron todo al carajo, retomaron sus guitarras, bajo, baquetas y posiciones y prosiguieron con Baja la Tensión. El trance por fin explotó y nos había consumado a todos en el lugar al mismo tiempo.

Entre aplausos, Cultura Profética desapareció del escenario profundamente conmovida por un público que se entregó desde el primer acorde, todo fue recíproco. 20 años se dicen fácil, sobretodo para una de las bandas del Reggae latinoamericano más importante de la historia. Ya veremos qué seguirá para el 30 aniversario. Todo esto pasa por la cabeza de su servibar que trata de resguardarse de la lluvia que sólo incrementó el frío que desde la tarde ya calaba, al mismo tiempo que los vendedores de playeras no oficiales ofrecen su mercancía afuera del Pepsi Center a todos los que van camino a casa, sin importar el clima…

No olviden darle un vistazo a nuestra galería del concierto

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Crónicas

Un último concierto para mi muerte – Parte 1

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Siempre debo encontrar alguna excusa para poder escribir con un estilo real, sin temor a que puedan bajarme el pulgar. La sinceridad es como el rock, se puede oler… y sentir. Hoy voy a ser sincero con personas que no conozco, ni conoceré, al menos en este universo. Los lectores.

Siguiendo la línea de sinceridad, quiero aclarar que, si no gustas de la lectura o simplemente entraste buscando noticias, este artículo no es para ti. Te ofrezco mis disculpas.

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Volviendo al foco central

El telón de la vida se cerrará a través de mis ojos. Hace mucho que vengo arrastrando los síntomas de un supuesto aneurisma y he alcanzado el punto más álgido desde que inició el presente mes. Mareos, vértigo, arcadas, dolor de cabeza, tensión en el cuello, dolor detrás de los ojos, etc. Todos esos síntomas coronados por estados graves (mi madre) y muerte de familiares (tíos) a causa de la misma enfermedad. Como se sabe, el aneurisma es una enfermedad altamente congénita. Tengo todos los boletos comprados para ser uno más en la lista y habito en la resignación desde hace unos años, sé que voy a partir; no sin antes pasar el día más feliz de mi vida en un concierto/festival de rock.

No pienso hacer un embole de artículo, está claro que la desgracia propia es el regocijo de gente ajena, pero hasta la ‘tristeza’ cansa. Me siento aturdido las 24 horas del día, no por alcohol, sino por los mareos de mierda que no paran ni cuando duermo. Si me dicen que es imposible marearse mientras estás dormido, entonces confirman mi peligro de extinción. Camino mareado, como mareado, escribo mareado, escucho música mareado, beso mareado, pienso mareado, me ducho mareado y cuando bebo un poco de alcohol, se me pasa. Una picardía. De todas formas, dejé de libar hace un mes, por precaución y miedo, principalmente miedo. No soy yo, no soy feliz. El vértigo y las ganas de vomitar por las noches me convirtieron en todo lo que siempre odié, una persona que no quiere estar en cama.

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Por alguna estúpida razón, nunca he querido que un médico confirme lo que tengo, siento que voy a comprometer a gente que me estima y van a sentirse culpables de no haberme podido ayudar. Busqué información sobre este tipo de conducta y no solo es una rareza mía, mucha gente prefiere vivir en la ignorancia y dejar que la propia enfermedad oculta los mate, antes de morir por depresión o desahucio. He tratado de sobrellevar estos síntomas desde hace 7 años, pero parece que entré en la última etapa. No se puede disimular más y los exámenes son inevitables.

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Ya no se trata de tener algo porqué vivir, sino algo porqué morir. Y si he de morir por algo, que sea rock. Quizá se lea muy novelesco, pero es lo último que quiero hacer. Yo me amo y no puedes engañar a la persona que dices amar porque entonces de los desconocidos, ¿qué puedes esperar? Simplemente quiero divertirme, amar y vivir el momento. Disfrutar de ese día junto a la persona correcta, ella. Comer y beber sin preocuparme por las consecuencias, así quede convaleciente al día siguiente. Gastar, lo que me queda de vida, en el pecado más grande que me permití: Querer vivir por y para la música; que sea rock.

Parece que no cumpliré el deseo de ver a AC/DC en vivo… pero The Strokes e Interpol de seguro tienen su lugar en el iPod de Dios.

Mañana guardo cita médica y la verdad que cualquier diagnóstico, ahora, me sabrá a victoria. Tengo presente que me gusta ganar; y perder no me causará dolor.

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Aquí finaliza la parte 1. Restan 2.
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