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Crónicas

Circo, punk y locura con The Adicts en la Carpa Astros de la CDMX

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The adicts Lulú Urdapilleta

Para EL CLUB DEL ROCK – TIM DRAKE

Finalmente la Carpa Astros volvió a ser un auténtico circo. The Adicts se olvidó de los estadios, los discursos y disfruto igual o más que los concurrentes. Los adictos del punk ofrecieron una función circense ante un maravillado público que no paró de brincar y corear cada una de las canciones de esta banda de “droogies” comandada por un sublime frontman. The Adicts vino a la CDMX y tocó en el lugar indicado: un circo. Keith Warren se sintió un auténtico “mono”, como lo indica su apodo (Monkey), se paseó por todo el circo, se colgó de las columnas, brincó, hizo “magia”, le decapitaron una cerveza sobre la cabeza, todo un show que envidiaría el mismísimo circo Atayde. El público le aplaudió y le celebró todo, guardaron y atesoraron todos los objetos que el vocalista lanzó durante todo el show, cartas, globos, pelotas, serpentinas, camisas, playeras, palillos, etc. Su música punk no se trata de ser normal, se trata de divertirse, de disfrutar y eso se hizo durante hora y media de show, se convirtieron en un fenómeno de circo y los asistentes se convirtieron en otros más con sus cabellos puntiagudos, sus estoperoles y las chicas con sus cabellos de colores. Irónicamente, ahí, todos eran tan normales. Punk, circo, fiesta, distorsión, locura, caos. Lo mejor era ver esa gran sonrisa y esa cara maquillada disfrutar y pasearse por un escenario que le quedaba chico para moverse de un lado a otro. Nunca vi a los Sex Pistols, pero al ver a generaciones nuevas disfrutar de este tipo de bandas, me imagino que el sentimiento debió ser similar a lo que yo hubiera vivido. “Numbers”, “Bad Boy”, “Viva la Revolution” y “You´ll Never Walk Alone”, sin duda las favoritas y más coreadas en el recinto de Calzada de Tlalpan. “Viva la Revolution” sonó tan honesto, sonó tan puro en un país tan golpeado por la corrupción y la asquerosa escena política nacional.

The Adicts | Foto cortesía Lulú Urdapilleta

The Adicts | Foto cortesía Lulú Urdapilleta

The Adicts | Foto cortesía Lulú Urdapilleta

The Adicts | Foto cortesía Lulú Urdapilleta

En conclusión The Adicts cumplió con su propósito como lo dijeron en conferencia de prensa: “Disfrutar y conocer amigos”; tocaron las canciones que debían hacer sonar, fueron una hora y treinta minutos de sonido punk con dosis de locura y fiesta multicolor que la gente sintió que les quedaron a deber en “tiempo”.

The Adicts | Foto cortesía Lulú Urdapilleta

The Adicts | Foto cortesía Lulú Urdapilleta

The Adicts | Foto cortesía Lulú Urdapilleta

The Adicts | Foto cortesía Lulú Urdapilleta

El espíritu del punk se manifestó el 5 de junio en la Carpa Astros, todos por una hora y media se sintieron en una dimensión donde todos eran felices, festejaron, zapatearon, danzaron y fueron contestatarios. El lunes algunos volverán a la realidad, a cruzar ideas, a ver los videos en un Iphone, a usar sus Dr. Martens.

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Crónicas

Un último concierto para mi muerte - Parte 1

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Siempre debo encontrar alguna excusa para poder escribir con un estilo real, sin temor a que puedan bajarme el pulgar. La sinceridad es como el rock, se puede oler… y sentir. Hoy voy a ser sincero con personas que no conozco, ni conoceré, al menos en este universo. Los lectores.

Siguiendo la línea de sinceridad, quiero aclarar que, si no gustas de la lectura o simplemente entraste buscando noticias, este artículo no es para ti. Te ofrezco mis disculpas.

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Volviendo al foco central

El telón de la vida se cerrará a través de mis ojos. Hace mucho que vengo arrastrando los síntomas de un supuesto aneurisma y he alcanzado el punto más álgido desde que inició el presente mes. Mareos, vértigo, arcadas, dolor de cabeza, tensión en el cuello, dolor detrás de los ojos, etc. Todos esos síntomas coronados por estados graves (mi madre) y muerte de familiares (tíos) a causa de la misma enfermedad. Como se sabe, el aneurisma es una enfermedad altamente congénita. Tengo todos los boletos comprados para ser uno más en la lista y habito en la resignación desde hace unos años, sé que voy a partir; no sin antes pasar el día más feliz de mi vida en un concierto/festival de rock.

No pienso hacer un embole de artículo, está claro que la desgracia propia es el regocijo de gente ajena, pero hasta la ‘tristeza’ cansa. Me siento aturdido las 24 horas del día, no por alcohol, sino por los mareos de mierda que no paran ni cuando duermo. Si me dicen que es imposible marearse mientras estás dormido, entonces confirman mi peligro de extinción. Camino mareado, como mareado, escribo mareado, escucho música mareado, beso mareado, pienso mareado, me ducho mareado y cuando bebo un poco de alcohol, se me pasa. Una picardía. De todas formas, dejé de libar hace un mes, por precaución y miedo, principalmente miedo. No soy yo, no soy feliz. El vértigo y las ganas de vomitar por las noches me convirtieron en todo lo que siempre odié, una persona que no quiere estar en cama.

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Por alguna estúpida razón, nunca he querido que un médico confirme lo que tengo, siento que voy a comprometer a gente que me estima y van a sentirse culpables de no haberme podido ayudar. Busqué información sobre este tipo de conducta y no solo es una rareza mía, mucha gente prefiere vivir en la ignorancia y dejar que la propia enfermedad oculta los mate, antes de morir por depresión o desahucio. He tratado de sobrellevar estos síntomas desde hace 7 años, pero parece que entré en la última etapa. No se puede disimular más y los exámenes son inevitables.

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Ya no se trata de tener algo porqué vivir, sino algo porqué morir. Y si he de morir por algo, que sea rock. Quizá se lea muy novelesco, pero es lo último que quiero hacer. Yo me amo y no puedes engañar a la persona que dices amar porque entonces de los desconocidos, ¿qué puedes esperar? Simplemente quiero divertirme, amar y vivir el momento. Disfrutar de ese día junto a la persona correcta, ella. Comer y beber sin preocuparme por las consecuencias, así quede convaleciente al día siguiente. Gastar, lo que me queda de vida, en el pecado más grande que me permití: Querer vivir por y para la música; que sea rock.

Parece que no cumpliré el deseo de ver a AC/DC en vivo... pero The Strokes e Interpol de seguro tienen su lugar en el iPod de Dios.

Mañana guardo cita médica y la verdad que cualquier diagnóstico, ahora, me sabrá a victoria. Tengo presente que me gusta ganar; y perder no me causará dolor.

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Aquí finaliza la parte 1. Restan 2.
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