Hace quinientos años los héroes se inmortalizaban en estatuas y pinturas y sus imágenes se utilizaban para alentar frenesís  patrióticos y fervores religiosos mucho después de su muerte, en el mundo moderno, los héroes acaban impresos en una camiseta. Y hay una clase concreta de héroe  que es más poderoso después de muerto de lo que habría creído posible en vida.

“No hay mucho entusiasmo en los habitantes de este pueblo. No quieren hacer nada. Hay un sentimiento masivo de depresión y alcoholismo”. Kurt se refería a Aberdden, el pueblo maderero del noroeste de Estados unidos donde nació y de donde como comento alguna vez el cronista de nirvana “solo hay tres carreteras que salgan del pueblo, y dos de ellas son callejones sin salida”. Pero muy bien podría haber estado describiendo a su generación, criada a la sombra de la avaricia y el materialismo en una América corporativizada, criada para consumir  por consumir y condenada a padecer una insatisfacción eterna por culpa de la pobreza y las oportunidades abortadas donde la cultura equivale a televisión, pero quien supondría que años después aquel marginado crónico se convertiría también en el poeta de una nueva generación.

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Inevitablemente el divorcio de sus padres abrió en él una brecha que término impactando en todos los aspectos de su vida, llegando a la adolescencia, una época hormonalmente programada para  aumentar la inseguridad y el tormento, el sentimiento de marginalidad de Cobain se apodero de su sexualidad “No encontraba atractiva a ninguna de las chicas de mi instituto, llevaban unos peinados espantosos y actitudes muy jodidas. Así que pensé en intentar ser gay por un tiempo.”

Nada le habría impedido ser  aceptado por los demás si no fuera por el ambiente tradicional y homófobo  de un aislado pueblo americano: “Desde los 14 años tengo reputación de homosexual. La verdad es que molaba, porque así conseguí algunos amigos gays en Aberdden, cosa que era casi imposible. Por supuesto, me daban muchas palizas por relacionarme con ellos. Al principio la gente me consideraba un tipo raro, un chico con problemas. Pero en cuanto me pusieron la etiqueta de gay, obtuve la libertad de poder ser un tarado y hacer saber a la gente que debía mantenerse alejada de mí. Eso me supuso algunas experiencias terroríficas en los callejones por los que volvía a casa”

Así es que, sexualmente inseguro, domésticamente desplazado, solo, confuso, rechazado y golpeado, Kurt Cobain descubrió que podía canalizar todo su dolor a través de la música, desde The Beatles hasta Kiss se dio cuenta de que sus canciones podían aplacar, en algo, su ansiedad y que crear melodías y escribir canciones le proporcionaba una forma más clara de alivio, pero su pasión por escuchar,  tocar, cantar y escribir no solo le dio sentido a su vida si no que le proporciono además una recompensa que ni el mismo esperaba, una comunidad de almas igualmente excluidas que le dieron la bienvenida como a uno más.

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Cobain se aferró a cualquiera en Aberdden que se apartara de lo establecido y descubrió la magia del Punk Rock en todas sus formas y subculturas. El punk, directo, honesto, confrontacional, fue  el medio que le proporciono la oportunidad de pertenecer a algo glorificando su propia desesperación. La principal cualidad del Punk es su universalidad; cualquiera puede identificarse con él. El camino a Nirvana empezó a abrirse ante él.

Le bastaron 3 años a Nirvana para pasar de su primera demo a su primer disco y dos más para alcanzar la fama mundial, por supuesto Kurt Cobain no pretendía ser el portaestandarte de una generación, no tenía una filosofía coherente ni lideraba una cruzada. A medida que su fama iba en aumento, también aumentaban su confusión y el desagrado hacia su propia persona. El paso que dio desde el regocijo de ser una estrella del Rock aplaudida por el mundo entero hasta anunciar su intención de titular el siguiente disco de Nirvana como “I Hate Myself and I Want to Die” (Me odio y me quiero morir), fue un paso muy corto. Y no estaba mintiendo, ni por un momento.

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Antes de la llegada de Nirvana, las estrellas del rock americanas se habían convertido en caricaturas de sí mismos. A lo largo de los ochenta, el  Rock ´n Roll americano vomito una serie de supuestos iconos cuya única relación con el público eran las transferencias de dinero que los convertía de pobres en ricos.

Los grupos como Guns & Roses y otros (no quiero herir susceptibilidades) , envueltos en maquillaje glam, vendiendo rabia falsa y éxito de supermodelos, habían convertido el espíritu de la rebelión en una pantomima paródica, exigían ser adorados por su fama y riqueza, mientras se mostraban arrogantes con todo aquel que no pudiera igualar sus piscinas en Hollywood y sus hábitos con la cocaína.

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Aunque un adolescente Cobain se había sentido atraído por el humor de Kiss y su control desenvuelto de los mecanismos del pop, también sintió nauseas por lo que dejaban a su paso y, lo que era peor aún, por la adulación de  perros falderos que mostraban quienes compraban sus discos.

Cobain, a lo largo de su estrellato y por muy desconectado que estuviera de su propia creatividad y cordura, nunca olvido ni el desagrado que sintió ante el cutrerío del rock corporativizado al que por cierto Nirvana también había ingresado y lo cual detestaba,no podia soportar la presion de ser una superestrella, ya no eran más una banda del cálido mundo subterráneo, sino otra de las bandas comerciales del superficial mundo del rock, pero Kurt intentaría aferrarse al sentimiento de liberación y significado que descubrió en el punk. Fiel a sus destrozados sentimientos de autoestima, era más duro consigo mismo de lo que podía serlo cualquiera. Sus cuadernos de notas publicados de forma póstuma están llenos de odio claramente dirigidos a su propia persona.

Tras la salida de Nevermind , Nirvana había alcanzado un nivel en el que tenían una verdadera oportunidad para cambiar la conciencia de su tiempo, como lo describiría Brad Mirrell un año antes del suicidio de Cobain, la mayoría de estrellas se distraen con las “groupies” y la gloria de la fama. Kurt recordaba la manera en que se aferraba a cada palabra de sus ídolos rock de adolescencia. Empleo el éxito mundial de Nevermind para abrir la mente a quienes ya lo trataban con la misma veneración.
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No era tarea fácil ni para una superestrella. Pero mientras su vida personal se sumía en la oscuridad y la adicción, Kurt defendía ideales considerados extravagantes en el árido paisaje del rock. Siempre había habido corrientes de feminismo y liberación gay en la música underground pero en el mundo tradicional americano, las mujeres existían solo para ser esclavas y fantasias masturbatorias, y los gays suplicaban que les pusieran en ridículo  o algo peor. Kurt no solo no oculto su lado femenino, sino que lo enfatizo llevándolo a lo que David Bowie llamo una vez “un vestido de hombre”, concediendo entrevistas a revistas gays, presentándose como un hombre sin prejuicios hacia nadie salvo hacia quienes tienen prejuicios. Sus canciones hablaban de violencia masculina contra mujeres; puede que su relación con Courtney Love no fuera precisamente “romántica al estilo convencional”, pero nunca se creó alrededor de ellos el tradicional juego de poder masculino; y la evidente devoción que sentía por su hija Frances probo que hasta una consumida estrella de rock podía encontrar otras definiciones del amor aparte de la indulgencia sexual.

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Cada palabra en sus canciones proclamaba que estaba bien sentir, que no solo estaba bien sino que era esencial sentir si se quería ser humano. Kurt despreciaba las poses y la actitud falsa de la mayoría de artistas del rock; lo que le atraía del punk rock era su realidad emocional, se encontró solo entre sus colegas y busco el modo de trasladar esa filosofía a una música situada a la altura de los requisitos sónicos alejados del estrellato tradicional.

Mantenerse abierto a sus emociones garantizaba a Kurt tanto dolor como placer, A veces el mismo hecho de contemplar sus progresos diarios bastaba para empapar al observador en su trauma y su desesperación. Era como un trapecista insistiendo en que no necesita red de seguridad ni para su primer ensayo, pareciendo siempre caerse hacia su perdición, pero conservo el increíble equilibrio de un verdadero artista hasta que su enfermedad mental lo arrojo un punto límite de su desesperación.

Pero ni siquiera cuando no podía soportar más, cuando empezaba a imaginar que su torturada existencia perjudicaba a su esposa y a su hija Frances, llego a traicionar su responsabilidad. Al cobo de meses de noticias en prensa hablando de sobredosis e intervenciones, su suicidio resultaba inevitable, aunque no dejase de resultar  pasmoso e irreal. Pero Kurt nunca intento aparentar que hacia otra cosa aparte de ser sincero con sus emociones. Su muerte no fue un modelo a seguir, sino la reacción de un hombre enfermo ante unas cargas emocionales y un dolor que ya no podía soportar. Hasta en sus momentos más oscuros, su vida lanzaba otros mensajes: se fiel a ti mismo, ábrete al mundo, atrévete a sentir, atrévete a ser diferente, atrévete a vivir. Por eso es por lo que Kurt Cobain sigue vivo, en camisetas y en cómics, en el corazón de todos los que aun puedan escucharlo cantar.

Erick Sanchez De la Cruz

Erick Sanchez De la Cruz

Fotógrafo peruano - apasionado por el marketing y la publicidad digital.