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Crónicas

Tapones de Punta – Presentación Metamorfosis

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El cambio se siente… Llegó el otoño y con él los vientos tanto por fuera como por dentro de la mítica sala de La Trastienda.

Noche ideal para calentar el cuerpo al ritmo de la “brass band” Tapones de Punta que, para la ocasión, presentaba su nuevo álbum de estudio.

Y si de cambios hablamos, el mismo lleva por nombre Metamorfosis, que bien describe la mutación que sufrió el grupo desde sus inicios allá por el año 2000 (en ese entonces conocidos como “12 Monos”) a nuestros días, donde se apuntalan como una de las bandas referentes de la escena funk nacional que, a su vez, sabe aportar una cuota de originalidad en la que convergen estilos que van del jazz al rock y por momentos coquetean con la boza y el hip hop.

Sonido preciso y contundente a la vez.

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Tal como lo prometían los eventos difundidos a través de las redes sociales, las veintiuna horas darían el comienzo de una presentación excelente por donde se la mire, o se escuche…

Nueve artistas de primera línea en escena que salen dispuestos a volarte los pelos de un soplido.

La composición de su repertorio, como así la ejecución es técnicamente perfecta.

La versatilidad resulta más que atractiva para quienes quieran disfrutar de un espectáculo con todas las letras, donde se puede bailar o disfrutar de la sucesión de virtuosos solos, que se alternan entre los instrumentos con la misma intensidad.

Si bien la velada tenía como protagonista al predecesor de “Buenísimo” (2012), la banda aprovechó para repasar algunos de sus ya clásicos que llevaron la noche a un punto más allá, logrando que no cayera un segundo.

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El encargado de dar la bienvenida fue el baterista Sebastián “Batata” Ayala que se lució tras los parches sobre el perfil derecho del escenario.

Sin mediar mucho más que un agradecimiento para con el público presente dio pie a que la música siguiera y la fiesta no termine.

Promediando la mitad del show la gratitud se extendió hacia los invitados que recíprocamente se refirieron a ellos y orgullosamente los acompañaron en este momento tan importante.

Tal fue el caso de Bid (Como Le Gusta – Brasil), quien no solo tocó la guitarra sino que fue el encargado de la mezcla de Metamorfosis.

Si bien Tapones se caracteriza por ser una banda instrumental, las intromisiones de las voces están a cargo de Nathan Lane quien usualmente se distingue en el trombón.

Aplausos para el “gringo” quien se carga la banda al hombro cuando lo hace.

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La velada, no obstante, tuvo para nosotros una revelación en las voces y fue cuando Felipe Herrera apareció en escena.

Dueño de un carisma y una voz simplemente alucinantes!

Tanto talento en una misma noche nos pone en la obligación de difundir semilleros de este calibre.

Así que a abrir los ojos y sobre todo los oídos.

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Volviendo a Tapones…

La línea de ataque está conformada por Andrés Hynes en trompeta, Leandro Loos en trombones, Mauricio Deambrosi y Marcelo Lanouguere en saxofones que se apoyan en las sólidas bases y arreglos de Agustín Durañona en Hammond, y Javier Mareco en bajo.

Una aplanadora!

Si bien todos y cada uno de ellos logra tener un momento en el cual destacarse a lo largo de cada presentación, Facundo Bainat merece un párrafo aparte.

Como si no bastara con ser un eximio guitarrista y trompetista, es el principal compositor de la banda y fue quien produjo el disco que nos convoca para la ocasión.

Insisto en que la noche no tuve fisura alguna, pero si de puntos altos hablamos, uno de ellos fue sin dudas cuando la banda dejó el escenario para tocar en medio de la gente.

Así es! De la misma manera en que lo hicieran como condición a principios de la primera década del nuevo Milenio en zona oeste, se dispusieron a ejecutar los vientos y percusión sin amplificación alguna.

Y es que cuando se tiene energía de sobra, no hace falta más nada.

De más está decir que esta interacción les valió el agite de todos los que colmamos San Telmo al grito de Tapones de Punta mientras interpretaron “Do Watcha Wanna”.

Expectantes a una nueva presentación que tendrá lugar en el escenario de Ciudad Konex el viernes 26 de Mayo nos disponemos a disfrutar de esta obra de arte discográfica en la comodidad de nuestros hogares y los felicitamos y agradecemos desde nuestro humilde lugar por semejante espectáculo.

Que suene tapones y a bailar!

 

Mirá todas las fotos de la noche acá

Crónica por: Marcos Lowi

Fotos por: Florencia Conde

Fotógrafa y escritora argentina. https://www.facebook.com/produccionesflorconde https://www.facebook.com/Florcondefotografia

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Crónicas

Un último concierto para mi muerte – Parte 1

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Siempre debo encontrar alguna excusa para poder escribir con un estilo real, sin temor a que puedan bajarme el pulgar. La sinceridad es como el rock, se puede oler… y sentir. Hoy voy a ser sincero con personas que no conozco, ni conoceré, al menos en este universo. Los lectores.

Siguiendo la línea de sinceridad, quiero aclarar que, si no gustas de la lectura o simplemente entraste buscando noticias, este artículo no es para ti. Te ofrezco mis disculpas.

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Volviendo al foco central

El telón de la vida se cerrará a través de mis ojos. Hace mucho que vengo arrastrando los síntomas de un supuesto aneurisma y he alcanzado el punto más álgido desde que inició el presente mes. Mareos, vértigo, arcadas, dolor de cabeza, tensión en el cuello, dolor detrás de los ojos, etc. Todos esos síntomas coronados por estados graves (mi madre) y muerte de familiares (tíos) a causa de la misma enfermedad. Como se sabe, el aneurisma es una enfermedad altamente congénita. Tengo todos los boletos comprados para ser uno más en la lista y habito en la resignación desde hace unos años, sé que voy a partir; no sin antes pasar el día más feliz de mi vida en un concierto/festival de rock.

No pienso hacer un embole de artículo, está claro que la desgracia propia es el regocijo de gente ajena, pero hasta la ‘tristeza’ cansa. Me siento aturdido las 24 horas del día, no por alcohol, sino por los mareos de mierda que no paran ni cuando duermo. Si me dicen que es imposible marearse mientras estás dormido, entonces confirman mi peligro de extinción. Camino mareado, como mareado, escribo mareado, escucho música mareado, beso mareado, pienso mareado, me ducho mareado y cuando bebo un poco de alcohol, se me pasa. Una picardía. De todas formas, dejé de libar hace un mes, por precaución y miedo, principalmente miedo. No soy yo, no soy feliz. El vértigo y las ganas de vomitar por las noches me convirtieron en todo lo que siempre odié, una persona que no quiere estar en cama.

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Por alguna estúpida razón, nunca he querido que un médico confirme lo que tengo, siento que voy a comprometer a gente que me estima y van a sentirse culpables de no haberme podido ayudar. Busqué información sobre este tipo de conducta y no solo es una rareza mía, mucha gente prefiere vivir en la ignorancia y dejar que la propia enfermedad oculta los mate, antes de morir por depresión o desahucio. He tratado de sobrellevar estos síntomas desde hace 7 años, pero parece que entré en la última etapa. No se puede disimular más y los exámenes son inevitables.

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Ya no se trata de tener algo porqué vivir, sino algo porqué morir. Y si he de morir por algo, que sea rock. Quizá se lea muy novelesco, pero es lo último que quiero hacer. Yo me amo y no puedes engañar a la persona que dices amar porque entonces de los desconocidos, ¿qué puedes esperar? Simplemente quiero divertirme, amar y vivir el momento. Disfrutar de ese día junto a la persona correcta, ella. Comer y beber sin preocuparme por las consecuencias, así quede convaleciente al día siguiente. Gastar, lo que me queda de vida, en el pecado más grande que me permití: Querer vivir por y para la música; que sea rock.

Parece que no cumpliré el deseo de ver a AC/DC en vivo… pero The Strokes e Interpol de seguro tienen su lugar en el iPod de Dios.

Mañana guardo cita médica y la verdad que cualquier diagnóstico, ahora, me sabrá a victoria. Tengo presente que me gusta ganar; y perder no me causará dolor.

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Aquí finaliza la parte 1. Restan 2.
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