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Crónicas

Richie Kotzen y su espíritu hechos música en la CDMX

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Richie Kotzen por Raquel Coss 3

A pesar de la constante amenaza de lluvia de aquél domingo, la inmensa fila para accesar al Rock Son Coapa llegaba a cruzar hasta la calle lateral del lugar, playeras de Poison y The Winery Dogs pululaban por todo lados, pero la mayoría portaba a Richie Kotzen y que, con un brillo de emoción en los ojos esperaban impacientes.

Todos perdieron un poco el control cuando Mike Bennet, baterista de Kotzen; bajó del restaurant bar para saludar a todos los asistentes al show. En medio de gritos, selfies y uno que otro video directo a redes sociales, Bennet volvió al Rock Son. La gente comenzó a ingresar al lugar bajo las medidas de seguridad más estrictas. Se predecía un lleno completo como en las fechas anteriores de Kotzen en América Latina.

Después de un acceso que para muchos pudo parecer eterno, mesas, pista y Zona VIP lucían abarrotadas. Mientras el staff local ya había terminado de probar luces y sonido del escenario, los gritos del respetable comenzaron a retumbar: “¡Richie, Richie, Richie!”. Eran las 21:30 en punto. Las luces desaparecieron, Bennet llegó hasta su batería, al mismo tiempo que Dylan Wilson hizo lo propio con su bajo y, justo a su lado izquierdo y junto a su piano, Richie ya estaba posicionado con guitarra en mano.

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Richie Kotzen | Foto: Raquel Coss

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Richie Kotzen | Foto: Raquel Coss

La noche apenas comenzaba. Fans de todas las edades se habían conglomerado para ver a una leyenda viviente del Glam y Heavy Metal de los 80, en una faceta más íntima y experimental, musicalmente hablando. Kotzen inició un show que prometía mucha música nueva en vivo, esto por la promoción de su trabajo discográfico más reciente: Salting Earth.

Como una ceremonia especial, comenzaron a sonar End of Earth, el clásico Socialite, Meds, Go Faster, y Love is Blind. Los ritmos iban tan variados tales como el Currículum Vitae del mismo Kotzen, Rock, Blues, Jazz, Funk con un toque Pop hacían bailar desde los que estaban desde las alturas de la Zona VIP, los más apasionados en la pista y a aquellos que dejaron sus bancos del lado y parecía que estaban a nada de bailar sobre las mesas. Your Entertainer y My Rock continuaron el show de domingo por la noche al sur de la Ciudad de México.

Una sesión acústica comenzó justo a la mitad de la presentación, un ligero cambio a instrumentos más experimentales por parte de Bennet y Wilson que sin duda dejaron por sentado la calidad de este par de músicos y porqué son los acompañantes de Kotzen en esta gira mundial. I Would, High y Doin’ What the Devil Says to Do incitaron a todos los presentes a corear las letras de Richie, quien se veía completamente animado y anonadado por la entrega de todos a las canciones.

Volviendo a la sección eléctrica, más ruidosa y rápida que por momentos tuvo sus partes en el piano por parte de Kotzen, todos los seguidores del guitarrista no paraban su algarabía en el Rock Son, lugar que por momentos parecía chico para el espectáculo, pero que sin duda le dio ese toque tan íntimo para la presentación, ese que los venues grandes nunca tendrán, aquél que te hace sentir más en contacto con el artista, más especial. Fear, Help Me y This is Life llevaron a todos al límite.

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Richie Kotzen | Foto: Raquel Coss

Richie Kotzen por Raquel Coss

Richie Kotzen | Foto: Raquel Coss

Richie y compañía se despedían del público, que como todo un clásico, pidieron una canción más antes de despedirse del dinámico guitarrista y su banda. Kotzen regresó al escenario junto a Bennet y Wilson, interpretaron You Can’t Save Me para cerrar con broche de oro una noche de domingo que, con tanta emoción y espiritualidad dejó del lado el sabor del inicio de la semana laboral.

Después de un concierto de poco más de hora y media, muchos abandonaron el lugar rápidamente, lo que nos dio oportunidad a todos los que habíamos permanecido todo el show en la pista. Un par de cervezas para sofocar el calor y consagrar la emoción de un show tan mágico como el que acabábamos de presenciar. Después regresar a casa y prepararse para el fatídico lunes…

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Crónicas

Un último concierto para mi muerte – Parte 1

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acdc

Siempre debo encontrar alguna excusa para poder escribir con un estilo real, sin temor a que puedan bajarme el pulgar. La sinceridad es como el rock, se puede oler… y sentir. Hoy voy a ser sincero con personas que no conozco, ni conoceré, al menos en este universo. Los lectores.

Siguiendo la línea de sinceridad, quiero aclarar que, si no gustas de la lectura o simplemente entraste buscando noticias, este artículo no es para ti. Te ofrezco mis disculpas.

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Volviendo al foco central

El telón de la vida se cerrará a través de mis ojos. Hace mucho que vengo arrastrando los síntomas de un supuesto aneurisma y he alcanzado el punto más álgido desde que inició el presente mes. Mareos, vértigo, arcadas, dolor de cabeza, tensión en el cuello, dolor detrás de los ojos, etc. Todos esos síntomas coronados por estados graves (mi madre) y muerte de familiares (tíos) a causa de la misma enfermedad. Como se sabe, el aneurisma es una enfermedad altamente congénita. Tengo todos los boletos comprados para ser uno más en la lista y habito en la resignación desde hace unos años, sé que voy a partir; no sin antes pasar el día más feliz de mi vida en un concierto/festival de rock.

No pienso hacer un embole de artículo, está claro que la desgracia propia es el regocijo de gente ajena, pero hasta la ‘tristeza’ cansa. Me siento aturdido las 24 horas del día, no por alcohol, sino por los mareos de mierda que no paran ni cuando duermo. Si me dicen que es imposible marearse mientras estás dormido, entonces confirman mi peligro de extinción. Camino mareado, como mareado, escribo mareado, escucho música mareado, beso mareado, pienso mareado, me ducho mareado y cuando bebo un poco de alcohol, se me pasa. Una picardía. De todas formas, dejé de libar hace un mes, por precaución y miedo, principalmente miedo. No soy yo, no soy feliz. El vértigo y las ganas de vomitar por las noches me convirtieron en todo lo que siempre odié, una persona que no quiere estar en cama.

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Por alguna estúpida razón, nunca he querido que un médico confirme lo que tengo, siento que voy a comprometer a gente que me estima y van a sentirse culpables de no haberme podido ayudar. Busqué información sobre este tipo de conducta y no solo es una rareza mía, mucha gente prefiere vivir en la ignorancia y dejar que la propia enfermedad oculta los mate, antes de morir por depresión o desahucio. He tratado de sobrellevar estos síntomas desde hace 7 años, pero parece que entré en la última etapa. No se puede disimular más y los exámenes son inevitables.

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Ya no se trata de tener algo porqué vivir, sino algo porqué morir. Y si he de morir por algo, que sea rock. Quizá se lea muy novelesco, pero es lo último que quiero hacer. Yo me amo y no puedes engañar a la persona que dices amar porque entonces de los desconocidos, ¿qué puedes esperar? Simplemente quiero divertirme, amar y vivir el momento. Disfrutar de ese día junto a la persona correcta, ella. Comer y beber sin preocuparme por las consecuencias, así quede convaleciente al día siguiente. Gastar, lo que me queda de vida, en el pecado más grande que me permití: Querer vivir por y para la música; que sea rock.

Parece que no cumpliré el deseo de ver a AC/DC en vivo… pero The Strokes e Interpol de seguro tienen su lugar en el iPod de Dios.

Mañana guardo cita médica y la verdad que cualquier diagnóstico, ahora, me sabrá a victoria. Tengo presente que me gusta ganar; y perder no me causará dolor.

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Aquí finaliza la parte 1. Restan 2.
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