Uroboros – Deiphagomega: Metal como estado del arte

uroboros deiphagomega

Portada de Deiphagomega, primer álbum de Uroboros. Arte y diseño por Andrés Córdoba, fotografía por Darío Lesme.

Se suele entender que el metal es uno de los géneros más inmovilistas existentes. Si bien el género se ha diversificado en multitudes de ramas a lo largo y ancho de su historia, (al punto de que esos subgéneros traccionaron a un lugar muy relegado a aquel primer metal ‘a secas’ o clásico), son realmente muy pocos los ejemplos de grupos o discos que se salgan de los límites preestablecidos por cada subgénero. Que si el thrash tiene que ser punzante, corrosivo y ráfagas de notas a toda velocidad; que si el black sólo debe ser tocado en las peores condiciones técnicas posibles y únicamente como culto a la divinidad del mal que se te ocurra; que si el power sólo debe ser velocidad e historias fantásticas del medioevo: lo que un día fueron las características más comunes a cada una de las formas del metal hoy son los condicionamientos.

Es por eso que llama tanto la atención cuando una banda subvierte los esquemas y se ríe de esos moldes preexistentes, y últimamente sucede muy a menudo con las vertientes más extremas del metal. Para ejemplos, el Sky Burial de Inter Arma, o más reciente, el Scar Sighted de Leviathan, por sólo nombrar dos. Aquí en Argentina, hace meses surgió un álbum que podemos considerar en esa misma línea, de tomar los requisitos para tal o cual subgénero de metal y deconstruirlos para generar algo nuevo. Trastocar lo que se conoce del metal y volverlo arte. El metal siempre fue arte, como toda expresión musical (que valga la pena y que implique un esfuerzo real, claro), y recuperar esta esencia artística es una tarea a la que no todos los músicos están abocados, por eso se agradece tanto cuando ocurre. Ese disco es Deiphagomega (Zann’s Music, 2015) y sus artífices son el dúo Uroboros.

Uroboros, formado por Ignacio Rosner en guitarra y voz, y Sebastián Ferreyra en batería y voces, vienen gestando un estilo marcado por el death/doom con trazos de black y espíritu sludge, con dos EP (que luego se fundirían en un larga duración el año pasado), un Split y un disco en vivo en aquellas fabulosas Blackdope Sessions. Deiphagomega es, entonces, el debut propiamente dicho en larga duración del dueto, pero también el punto donde convergen de manera exquisita todas las influencias, estilos y ambiciones de la banda. Sí, ya venían incursionando en esta mezcla de subgéneros del metal anteriormente mencionadas, incluso con retazos de electrónica ambiental, pero nunca de manera tan concreta y sólida como en Deiphagomega.

Lógicamente, al sonar en estilo death/doom principalmente, tenemos que hablar de metal, pero Deiphagomega es más que metal. Es el estado del arte del metal. Hay fuerza, hay potencia, hay riffs poderosos marca Sabbath en tono death, hay blast beats al mejor estilo black metal, hay todo lo que le podemos pedir al género. Pero también hay pasajes repletos de belleza, una batería agresiva basada en ritmos primitivos y demoledores, hay sonidos emotivos y épicos, trascendentalismo preciosista, arte fuera de los lugares comunes del metal. Que una canción como El Fin de la Cosecha exista debería ser orgullo del universo metalero, su fusión etérea de bellos sonidos acústicos y ese increíble saxofón con el músculo de que es capaz Uroboros es simplemente excelente. Y estamos hablando de una sola canción.

 

¿Cuántas bandas conocen que se les ocurra comenzar un disco de metal con violines, sin ser sinfónicos? ¿O que combinen guitarrazos tremendos, guturales profundos y una rabiosa batería con minimalismo electrónico? Uroboros ya venía cuestionando las reglas del juego, pero esta vez decidieron simplemente pasarlas por alto en temas como Mecanismo de Antikythera o Luz de Invierno, con su progresivo pasaje de sonidos calmos a la pura potencia. Uroboros suena mejor que nunca, tanto en sus demostraciones de energía como Bahamutt, La Gloria Sea Con Aquel Que No Muere o el clásico Mortaja/Máscara Mortuoria, cantada a dúo con Patricio Lerma; como en los momentos que decide patear el tablero, pasando de una criolla a un cierre en violento blast beat como ocurre en Círculo Ártico.

Apenas 8 canciones que pasan rápido por la buena hechura de las composiciones, pero especialmente por permitirse jugar con las estructuras. De manera natural, Uroboros acaba de establecer un estándar para el género, basado en la experimentación y en la inclusión de sonidos e ideas novedosos a un mundo tan establecido como el metal. Y no hizo falta una tormenta de solos ni derroches de notas, abrumadores dobles bombos o siquiera un bajo. Sólo el talento de dos personas y su voluntad de crear algo nuevo.

Puntaje: 9.70

Sigue a El Club Del Rock

G o o g l e

News
Salir de la versión móvil