Increíblemente discreto y sorprendiendo desde el perfil bajo como siempre, Carlos Solari, mejor conocido por los fanáticos argentinos como el Indio Solari, volvió al ojo público al llegar nuevamente a las bateas con su cuarto trabajo discográfico, Pajaritos Bravos Muchachitos, que llegó sin anticipo alguno a las casas de música y a las escuchas por internet. Desde su debut musical en el 2004 con El Tesoro de los Inocentes, el Indio ha hecho álbumes que no destacan precisamente por una evolución musical, por un cambio en la dirección sonora, retomando el estilo que quedó plasmado en los últimos discos con la banda que marcó a fuego a miles de personas, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. En esta nueva producción, Solari y su banda, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, no se han desmarcado mucho de esta senda.

Este cuarto trabajo titulado Pajaritos Bravos Muchachitos, compuesto por 12 canciones, no dista demasiado del repertorio ofrecido en sus anteriores trabajos, y bien podría ser tildado como un disco hecho a medida del fanático rabioso del Indio. Con el sonido crudo y bien rockero, marca de la casa desde los últimos larga duración de Patricio Rey, el Indio deja en claro que su sonido es éste, con guitarras potentes y por momentos ásperas, con ritmos no muy estridentes y sin resquicio alguno para que otros instrumentos le copen el protagonismo a las guitarras. Así es como suenan los primeros acordes de A los Pájaros que Cantan Sobre las Selvas de Internet, el tema inicial de este cuarto disco, uno de los mejores del álbum por permitirse jugar con los teclados y por darle mayor fuerza y efectos a las guitarras que acompañan a Solari. Pero desde este primer tema se evidencian las falencias principales: estructuras monocromáticas, ritmos repetitivos y por sobretodo, la característica voz del Indio, que suena cada vez más agotada y sin muchos registros vocales para explotar. Incluso cuando le imprime más potencia a su voz, suena desafinado y forzado.

Su voz encuentra un mejor lugar en los tonos graves, en las canciones que le permiten imprimir emotividad, como Beemedobleve, la segunda de este nuevo repertorio y una de las mejores en Pajaritos… puesto que donde mejor se maneja Solari es ahí, donde las melodías no suenan a pura linealidad rock sino a paisaje desolador, lo cual también le permite realizar trabajos vocales propios de muy buen resultado. Por momentos jugando con lo que le hace ser un artista masivo y efectista, aparece A la Luz de la Luna, mostrando el músculo más llegador del Indio, donde Los Fundamentalistas realizan una labor más que decente a pesar de ser una fórmula más que conocida, la del rocanrol turbio, pero que gracias a su versatilidad en este género sumado a la letra del Indio, y a ciertos pasajes de sintetizador, puede sortear los lugares comunes del rocanrol argentino.

Sin embargo, aquí es donde lo mejor comienza paulatinamente a dejar espacio a los múltiples errores producto de la negación a no innovar. Melodías redundantes como las de Amok Amok, Arca Monster y Cada Pequeña Muerte representan lo peor no sólo del disco, sino de toda esta fórmula patentada por el Indio Solari. Sigue apegándose al último pasado de los Redondos pero profundizando en los problemas de discos como Momo Sampler y Luzbelito (influencia noventera en exceso, falta de emoción en composiciones como antes, cada vez menos pulso pop en las canciones), resultando en momentos mediocres como Las Supersticiones Traen Mala Suerte o Chau Mohicano. Sin dudas, el peor error de este nuevo trabajo, pero también de Solari como solista, es mantener esta línea de continuidad musical, este hilo conductor que cruza tiránicamente todos sus esfuerzos artísticos, y que en este caso tracciona el buen sabor de boca que habían dejado los primeros temas del disco a una especie de abismo constante y repetitivo, carente de dinamismo a pesar de los intentos de energizar las canciones, como en Chau Mohicano, donde se agradece recuperar un ritmo más rápido y un solo de guitarra, pero que no llega a hacer de esta canción un mejor resultado.

Parte de ese mejor resultado implica despegarse del pasado, como se dijo antes. Y esto se da a medias en Había Una Vez, donde se recupera la emotividad, siendo otro de los puntos altos del disco junto con la simplista Babas del Diablo, cuya letra representa otra de las características generales del trabajo más reciente del Indio: letras más accesibles y comprensibles (aunque a veces simplistas como en Amok Amok), más cercanas a la realidad y no tan oníricas o metafóricas como antes, aunque siguen siendo bastante crípticas. Es en Babas del Diablo donde el bajo hace sus pequeñas muestras de protagonismo después de un trabajo parejo y prolijo a lo largo del disco. Donde también mejora el disco es en los pequeños destellos de renovación, como en Un Par de Fantasmas (a pesar de que la letra parece una revancha contra alguien, posiblemente Skay Beilinson, quien fuera guitarrista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota). Por último, también se agradece que el cierre de Pajaritos… sea la bizarra La Pajarita Pechiblanca, con esa inclusión de trompetas, con esa sensación de ruptura con lo anterior, con esa melodía que suena a juego engañoso y a trampa inmediata; una de las mejores canciones del listado.

Resumiendo, tenemos otro disco del Indio Solari en que se vuelve a esforzar por sonar al Indio Solari, en donde vuelve a apuntar al rocanrol con el sello que los míticos Redonditos de Ricota supieron marcar, aún incluso en sus épocas más oscuras y con mayor cercanía a los discos que precedieron al final de la banda que tanta mella tiene en el inconsciente colectivo de los argentinos. Pero apuntando con las mismas armas con las que empezó su sendero en solitario, armas que después de 10 años de su debut, están desgastadas y ya no sorprenden como antes, cayendo en la repetitividad y en la monotonía. Aún así, es un disco que cumple con los clichés de los seguidores del Indio, que cumple con las expectativas de los fanáticos ricoteros, que cumple, pero nada más. En mi opinión, es un disco que quitándole las canciones de relleno, y conformando un Ep con los primeros 3 temas y los últimos 3 sería un material notable, pero que con tantas canciones presentes reduce su nivel, aunque el listado hace que lo rutinario y soporífero de las 6 canciones del medio del álbum se haga más llevadera. En conclusión, un buen disco con demasiada carga de más, pero aún así aceptable.

Sebastian Diaz Guevara

Sebastian Diaz Guevara

Servidor del rock desde mi vocación de Periodista. Seguidor de la buena música desde que Pink Floyd hizo estallar mis oídos. Fanático del metal, el punk, el rock en general, sin géneros ni categorías.

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