La sincronía de cuatro nombres clave de la vanguardia peruana en ‘Pinball’: jazz experimental de buena factura

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La vanguardia en el Perú ha dejado de ser un secreto de nicho para convertirse en una de las exportaciones culturales más densas de la región. En el centro de este movimiento aparecen cuatro nombres que han sostenido la experimentación en Lima contra todo pronóstico: Andrew de Chair Baker, Francisco Haya de la Torre, Teté Leguía y Ken Ychicawa. Estos músicos nacionales, con décadas de trayectoria recorriendo festivales de ruido y circuitos de jazz desde Nueva York hasta el Cono Sur, se reúnen en el disco Pinball para explorar un fenómeno específico. El álbum documenta el momento exacto en que el instrumento acústico abandona su naturaleza de madera y metal para fundirse con la electricidad a través de procesos digitales.

Francisco Haya de la Torre lidera esta transición aportando una perspectiva donde el piano deja de ser un mueble armónico para transformarse en un generador de frecuencias. A su lado, el baterista Ken Ychicawa inyecta una métrica que desafía la estabilidad, permitiendo que sus golpes sean procesados y devueltos como texturas que parecen provenir de una maquinaria industrial y no de un ejecutante humano. Esta simbiosis entre el músico peruano y su herramienta tecnológica es el eje de un registro que evita las estructuras lineales. El cuarteto logra que el disco Pinball respire como un sistema híbrido donde resulta imposible distinguir dónde termina el dedo del intérprete y dónde comienza el circuito del procesador.

Para un oyente en el extranjero, este trabajo editado por A Tutiplén Records ofrece una postal sonora de una Lima gris y mecanizada que nada tiene que ver con los clichés turísticos. La labor del bajista Teté Leguía —pilar en la organización de la escena experimental del país— y el saxofonista Andrew de Chair Baker expande el alcance de la obra hacia terrenos climáticos. Los instrumentos de viento se estiran y se deforman mediante efectos que crean atmósferas de una pesadez física evidente. Los instrumentistas nacionales demuestran que la tecnología puede ser un lenguaje de alta sensibilidad si se utiliza para amplificar el riesgo de la improvisación en lugar de para ocultar carencias técnicas.

El resultado de este encuentro es una pieza de estudio que se siente viva y en constante cambio. Al recorrer las pistas, queda clara la intención de estos cuatro referentes de la música nacional por construir un organismo sonoro que los trascienda. El disco Pinball se instala en la memoria mediante una masa de sonidos que ocupan el espacio con una autoridad técnica envidiable. La obra cierra su ciclo como un testimonio de la madurez alcanzada por esta generación de creadores peruanos, capaces de dialogar con la máquina sin perder la esencia del instinto. Es la prueba de que el sonido de avanzada en el sur posee una solidez capaz de inquietar y fascinar a cualquier oído del mundo.

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